Verdades poderosas para refutar mentiras cotidianas. Queremos subrayar 22 verdades que creemos transformarán tu vida de manera radical si decides creerlas y abrazarlas. Son las verdades clave que hemos subrayado una y otra vez.

¿Podrías hacernos un favor? En vez de hojear este capítulo, dedica tiempo a meditar en estas verdades liberadoras y transformadoras. En los días que siguen, vuelve a revisar esta lista cada vez que descubras que estás creyendo mentiras. Deja que la verdad de Dios empiece a reemplazar las mentiras y renueve tu mente y tu corazón. Meditar en la verdad cambiará tu manera de pensar, de reaccionar y de vivir.

#1. Si tienes un día muy malo y te sientes tentada a creer que Dios no es bueno.

Dios es bueno (Sal.119:68; 136:1). Cuando todo va bien es fácil creer que Dios es bueno, pero si peleas con tu mejor amiga o te abandona tu novio, el enemigo aprovechará para hacerte dudar de la bondad de Dios. La verdad es que, pase lo que pase o sientas lo que sientas, Dios es bueno, y todo lo que hace es bueno.

#2. Si te sientes lejos de Dios y te inclinas a creer que Él no te ama.

Dios me ama y quiere que goce de sus mejores bendiciones para mí (Ro.8:32, 38-39). Dios no te ama porque seas una persona digna o encantadora, sino porque Él es amor. Nada podemos hacer en absoluto para obtener o merecer su amor. Somos incapaces de comprender en su totalidad el amor incondicional de Dios, porque ningún ser humano podrá jamás amarnos perfectamente ni suplir las necesidades más profundas de nuestro corazón. Si creemos que el amor de Dios es real y lo recibimos, éste transformará nuestra vida.

#3. Si me siento fea o gorda.

Soy una obra formidable y maravillosa (Sal.139:14). Aunque de vez en cuando tendrás días en los que te sentirás horrible, Dios no deja de considerarte su obra maestra. Él te formó tal cual eres, con precisión y propósito.

#4. Si te sientes rechazada.

Soy acepta en Cristo (Ef.1:4-6). Puede que hayas sido rechazada por uno de tus padres, un amigo o un chico que te agradaba. Pero si eres seguidora de Cristo, Dios te acepta. Él no necesita de nuestros logros para aceptarnos. Aunque somos pecadoras, podemos presentarnos delante de Dios limpias y libres de vergüenza, siendo aceptadas por Él. ¿Por qué? Porque Jesús —el Hijo de Dios puro y sin pecado— es acepto ante Él, y Dios nos acepta por medio de Jesús.

#5. Si sientes que necesitas más “cosas” y que tus deseos te consumen.

Dios es suficiente (Sal.23:1). “Jehová es mi pastor; nada me faltará”. Es probable que conozcas ese versículo de memoria. Pero ¿has pensado alguna vez en lo que significa? Como un pastor cuida de sus ovejas, Dios ha prometido suplir todas las necesidades de sus ovejas. La verdad es que, si lo tenemos a Él, tenemos todo lo que necesitamos.

#6. Si te preocupan tus circunstancias.

Puedo confiar en Dios (Is.28:16). Dios cumple sus promesas, y Él ha prometido que nunca te desamparará ni te dejará (He. 13:5). Él ha prometido que quienes confían en Él nunca serán avergonzados (Sal. 22:5). Si te sientes temerosa o ansiosa por alguna circunstancia o problema, recuerda que Dios nunca ha fallado (Sal.56:3), y que eso no cambiará ahora.

#7. Si sientes que algo que te ha sucedido arruinará tu vida para siempre.

Dios no comete errores (Is.46:10). En ocasiones, otras personas pueden cometer serios errores que nos afectan. Pero si somos de Cristo, Él sostiene nuestra vida y nada puede tocarnos sin antes haber pasado primero “por sus manos amorosas”. Eso no significa que no tengamos problemas, pues los tendremos. Pero si enfrentamos esos desafíos como algo que proviene de sus manos, Él se servirá de ellos para acercarnos más a Él y hacernos más semejantes a Jesús.

#8. Si sientes que no puedes manejar un problema que enfrentas.

La gracia de Dios es suficiente para mí (2 Co.12:9). Como hijas de Dios nunca enfrentaremos un problema que su gracia no pueda ayudarnos a manejar. Aun cuando parece que el pecado nos domina, su gracia sobreabunda (Ro. 5:20). Cuando somos débiles, Él es fuerte. Cuando estamos vacías, Él sacia. Cuando se agotan nuestras fuerzas, las de Él siguen rebosando. Sea cual sea la situación actual que enfrentes, su gracia es suficiente para ti.

#9. Si sientes que tu pecado es demasiado grande para ser perdonado.

La sangre de Cristo es suficiente para cubrir mi pecado (1 Jn.1:7). No hay pecado alguno que hayas cometido o que puedas cometer que el sacrificio omnipotente de la sangre de Jesús no pueda perdonar y cubrir. Esto no debe llevarnos a pecar con más ligereza. Más bien, el hecho de comprender que nuestro pecado llevó al Señor Jesús a derramar su sangre, debe motivarnos más a obedecer a Dios, por el poder del Espíritu Santo que mora en nosotros.

#10. Si sientes que nunca podrás vencer un hábito pecaminoso.

La cruz de Cristo es suficiente para conquistar mi carne pecaminosa (Ro.6:6-7). Por medio de la muerte de Cristo y de nuestra relación con Él, hemos sido liberadas del poder del pecado. Si pecas no es porque no pudiste evitarlo, sino porque escogiste someterte a tu antiguo amo. La verdad es que nosotras no tenemos que pecar, y que cualquier hábito pecaminoso en nuestra vida puede acabarse con el poder de Cristo que vive en nosotras (Ro. 6:14).

#11. Si sientes que tu potencialidad está limitada por tu pasado.

Mi pasado no tiene que controlar mi futuro (1 Co. 6:9-11; 2 Co. 5:17; Fil. 3:12-14). Satanás trata de convencernos de que nuestras experiencias y fracasos pasados nos hacen indignas, o que siempre tendremos que arrastrar la carga de nuestro pasado. Pero si eres discípula de Jesucristo, la sangre de Jesús te ha limpiado y te ha apartado para sus propósitos santos. La verdad es que nuestro pasado —las ofensas que hemos cometido y lo que hemos sufrido por causa de otros— no tienen que limitarnos. De hecho, por la gracia de Dios, pueden convertirse en verdaderos caminos a una mayor bendición y capacidad de servicio espiritual.

#12. Si sientes que no sabes dónde buscar ayuda y consejo.

La Palabra de Dios es suficiente para guiarme, enseñarme y sanarme (Sal. 19:7; 107:20; 119:105). La Palabra de Dios es viva y poderosa. Puedes depender de su Palabra para cambiarte, ser libre de la esclavitud, y recibir revelación sobre el plan de Dios para tu vida. Sean cuales sean tus circunstancias o tu necesidad, la Palabra de Dios es suficiente para suplirlas.

Extracto del libro “Mentiras Que Las Jóvenes Creen”

Por Nancy Leigh DeMoss y Dannah Gresh

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