Hechos 5:1-11. Los miembros de la joven iglesia de Jerusalén estaban vendiendo, voluntariamente, sus pertenencias y propiedades, dando el dinero a los apóstoles para que lo usaran en el ministerio… El problema no fue que Ananías y Safira retuvieran parte del dinero, sino que mintieran. Evidentemente dijeron que daban todo lo obtenido de la venta. La consecuencia del pecado de la pareja fue inmediata y de mucha gravedad: murieron ahí mismo. Esto sucedió dentro de la iglesia cristiana de la cual eran, obviamente, miembros ¿Por qué juzgó Dios tan severamente a Ananías y Safira en los comienzos de la iglesia? Porque Él sabía cuál iba a ser la real batalla para la iglesia. Si Satanás logra meterse en tu iglesia, en tu casa o en ti, sin ser detectado, y te convence para que creas una mentira, puede controlar tu vida.

Hechos 5:11 dice que: «Y vino gran temor sobre toda la iglesia». Si Dios estaba juzgando a alguien fuera de la iglesia, ¿por qué vino gran temor sobre los que estaban en la iglesia? Hubo gran temor entre los creyentes porque Dios había mostrado espectacularmente lo que El piensa de los creyentes que viven una mentira. El duro castigo mostró que Dios destacaba la importancia de la verdad en la comunidad de los creyentes. Los incrédulos mienten constantemente pero no son matados como Ananías y Safira. Dios comunicó desde los comienzos de la historia de la iglesia que nuestro mayor problema no son las drogas, el sexo, o las falsas religiones, sino ceder al engaño del diablo.

El problema de Ananías fue que permitió que el engaño de Satanás llenara (controlara) su corazón. La palabra llenara que está en Hechos 5:3 es la misma que se usa en Efesios 5:18: «Sed llenos del Espíritu». Es posible que los creyentes sean llenados por el engaño satánico o llenados por el Espíritu. Seremos controlados por la fuente que nos permitamos que nos llene, sea cual sea. Cuando permitimos que Satanás nos engañe en alguna área de nuestra vida, nos abrimos a su control en esa área.

RESPONSABILIDAD DE RESISTIR EL CONTROL

No podemos echarle toda la culpa al diablo por la caída de Ananías y Safira. Debemos recordar que estos dos creyentes participaron voluntariamente en la mentira que los llevó a la muerte. Pedro les preguntó, individualmente: «¿Por qué pusiste esto en tu corazón? ¿Por qué convinisteis en tentar al Espíritu del Señor?» (Hechos 5:4,9). Sí, Satanás llenó el corazón de ellos con engaño y así, los controló cuando cometieron su pecado, pero sólo porque, en cierto momento, Ananías y Safira le abrieron la puerta.

Nunca creas a alguien que diga «el diablo me obligó a hacerlo». No, el diablo no nos obliga a hacerlo, sino que nosotros le permitimos hacerlo. En algún momento elegimos darle lugar al diablo que, sencillamente, se aprovechó de la oportunidad que le dimos. Tenemos todos los recursos y toda la protección que necesitamos para llevar una vida victoriosa en Cristo cada día. Si no la vivimos así, eso es nuestra decisión. Cuando dejamos abierta una puerta al diablo por no resistir una tentación, acusación o engaño, él entrará. Si seguimos dándole acceso a esa área, al fin de cuentas la controlará. No perderemos la salvación, pero perderemos nuestra diaria victoria.

Muchos jóvenes cristianos hoy en día que no pueden controlar su vida en algún aspecto, y se sientan a echarse las culpas en vez de solucionar el problema. Se castigan y recriminan por no tener la fuerza de voluntad necesaria para acabar con su mala conducta, en realidad debieran estar resistiendo a Satanás en el área donde les ha robado el control. Cualquier cosa mala que no puedes dejar de hacer, o cualquier cosa buena que no logras obligarte a hacer, se constituye en área de esclavitud.

Perderemos el control si no somos responsables

Debemos asumir nuestra responsabilidad pues esta protección no es algo que podemos dar por sentado. La protección de Dios depende de nuestra voluntad para aplicar la protección que El provee. El pasaje de Romanos 13:14 nos dice: «Vestíos del Señor Jesucristo, y no proveáis para los deseos de la carne», pero ¿qué pasa si hacemos esa provisión dándole lugar a Satanás en nuestra vida por medio del pecado? ¿Tenemos protección ilimitada contra la invasión del diablo sin que importe lo que hagamos? No, debemos hacer lo que Dios nos manda a hacer para disfrutar de Su protección.

Santiago 4:7 nos dice: «Resistid al diablo, y huirá de vosotros». ¿Qué pasa si no lo resistimos? ¿Tiene que salir corriendo de nosotros si no tomamos una postura en su contra? No, si no resistimos al diablo, no tiene que irse. La protección de Dios en este aspecto está garantizada, si activamos esa protección resistiendo a Satanás.

Efesios 6:10-17 describe la armadura de Dios que se nos manda ponemos para «estar firmes contra las asechanzas del diablo» (versículo 11) pero si entramos en batalla sin la armadura, ¿nos protegerá Dios para que no seamos heridos? No, si no nos cubrimos con la armadura que nos da Dios, somos vulnerables en las partes expuestas.

Santiago 4:1 nos dice que las raíces de nuestras peleas y luchas son los malos deseos que hay dentro de nosotros. (Romanos 6:12). El mundo, la carne y el diablo están continuamente en guerra contra la vida del Espíritu dentro de nosotros, pero, ¿qué pasa si no peleamos? ¿Seguiremos triunfando sobre los malos deseos que tratan de gobernamos? No, ellos nos dominarán si no detenemos su invasión resistiendo a Satanás.

Elegir la verdad, llevar una vida justa y ponerse la armadura de Dios es la responsabilidad individual de cada creyente. Tus padres, tu pastor y el dirigente de tu grupo de jóvenes no son responsables de ti. Pueden orar por ti, animarte en la fe y apoyarte, pero si entras en batalla sin tu armadura puesta, saldrás herido. Aquellos que te aman pueden preocuparse mucho por ti, pero, con todo, no pueden tomar las decisiones que son tu responsabilidad. Estas opciones son tuyas solamente.

En este punto puede que estés pensando como el apóstol Pablo en Romanos 7:15: «Pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco, eso hago». Te das cuenta de que has sido blanco de la tentación, acusación y engaño de Satanás, No has estado resistiendo al diablo como debieras. Te preguntas «¿Estoy atrapado en mis problemas? He dejado abierta la puerta al diablo y se ha aprovechado de mí ¿Puedo sacarlo de donde se ha metido?»

La respuesta es ¡Sí! Jesucristo es el que rompe las cadenas, pero para vivir Su libertad, debemos encontrar las puertas que dejamos abiertas, y por las cuales se metió en nosotros el diablo. Debemos decir: «Señor, confieso que soy responsable por darle lugar en mi vida al diablo. Renuncio a todo compromiso que me haya atado a él». A este proceso le llamamos «pasos a la libertad».

ENCUENTRO CON LA VERDAD

Lee Romanos 13:4, Efesios 6:10-17, Romanos 6:12. Reflexiona:  En este capítulo dimos algunos ejemplos bíblicos de santos que perdieron el control y fueron influenciados por el enemigo.

  • ¿Cómo fue engañado el apóstol Pedro? (ayúdate con Lucas 22:31-34).
  • ¿En qué forma engañó el diablo a Ananías y Safira? y ¿cuál fue el punto principal que Dios quiso enfatizar? (ayúdate con Hechos 5:1-11).
  • ¿Qué ideas obtuviste para ayudarte a seguir libre de todo engaño o control?
  • ¿Cuál es la protección que Dios nos ha dado contra los engaños y el control de parte del diablo?

Responde: Ora y pide a Dios que te revele cualquier momento en que hayas podido rendirte al engaño de Satanás y donde no le hayas resistido, no te hayas puesto la armadura de Dios o hayas dejado que el pecado reine en tu vida. Asegúrate de confesar y renunciar a todo hecho o suceso que te pase por la mente.

Extracto del libro Rompiendo Las Cadenas Edición Para Jóvenes

Por Neil T. Anderson y Dave Park

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