Un tango muy conocido en Argentina canta: «Por una cabeza de un noble potrillo». De esta forma cuenta la increíble historia de un hombre que pierde todo su dinero en las carreras de caballos, haciendo unas apuestas en las que no se puede controlar, y arruinando definitivamente su vida. Ha quedado atrapado, y no puede salir. Esta triste historia se repite en todos aquellos que se han jurado una y mil veces no volver a beber «la primera copa». Por razones incomprensibles y oscuras, el alcohólico pierde la capacidad de elegir y aunque conoce la vergüenza y el sufrimiento que esto provoca, ya no podrá detener su caída libre hacia el abismo.

Si hay algo que detiene completamente la recuperación, suele ser su entorno. Al contrario de lo que sucede con las otras plagas, uno se puede alejar del alcohol fácilmente, tomando «la decisión» y ya está. No obstante, nadie más que un alcohólico sabe que esa «decisión» no es suficiente, y que la mayoría de las veces, la «endemoniada» botella esclaviza una vez más a su presa.

El alcohólico se tiene que enfrentar a frases como aquellas de: «Yo puedo dejar de beber cuando quiero. ¿Por qué tú no haces lo mismo?». «Solo necesitas fuerza de voluntad para poder cambiar». «¿Por qué no lo dejas? ¿No te das cuenta de que estás perdiendo a tu familia?»

Casi como gritando en silencio, el alcohólico sabe estas cosas y pide ayuda, pero solo recibe recomendaciones que lo hunden cada vez más. La verdad es que, en general, son hombres sensatos y equilibrados, con excepción de lo que tenga que ver con el alcohol. Además, tienen un verdadero talento para emborracharse en el momento más inoportuno, y en particular, cuando tienen una decisión muy importante que tomar. Se van convirtiendo en hombres egoístas y con una terrible falta de integridad, hasta llegar a ser perfectos desconocidos.

LOS PRIMEROS PASOS

Tal vez lo que has leído hasta ahora te parezca muy fuerte, o casi una locura a la cual nunca has llegado aún. En realidad, crees que no pasará jamás en tu vida. Te tengo una noticia; todo es parte de un proceso y de una especie de tobogán sin retorno que va destruyendo todo lo que encuentra a su paso para sumergirte en el más oscuro de los abismos. Todo comenzó con aquellos primeros tragos con mis amigos en la barra de la bolera. Nos divertíamos toda la noche, haciendo apuestas solo acerca de nuestra hombría. Las apuestas tenían que ver con mezclar en los tragos cosas más fuertes todavía y quedarse en pie, o por lo menos, lo más sobrio posible. Así se superaba la prueba de hombría, de la cual salí victorioso muchas veces. La realidad es que esto no me llevaba a tomar durante la semana; ni siquiera pensaba en ello. Además, lo creía muy divertido. Se producía en mí como una especie de amnesia y de liberación cuando me sentía alcoholizado en las fiestas, donde el alcohol me hacía sentir que era alguien importante entre mis amigos. El primer síntoma lo tuve con el problema de mis padres. Ellos se peleaban una y otra vez, y no me entraba en la cabeza la idea de que se fueran a separar. No quería que eso sucediera, pero tampoco era mucho lo que yo podía hacer. Así fue como recurrí por primera vez a la ayuda que me proporcionaba el alcohol para intentar olvidarme del dolor, o por lo menos “anestesiar” dolor con dolor, con un trago cada vez más fuerte. Mi noviazgo calmó un poco esta ansiedad y el dolor de la separación, de manera que me hizo olvidar por completo el refugio en las bebidas. Comencé una relación de pareja muy linda, que mantuve por algunos años. Al primer año de casado, empecé a tener problemas matrimoniales a los que no sabía cómo enfrentarme. Esto me llevó a refugiarme en las bebidas otra vez, aunque de forma moderada. Los problemas fueron creciendo en mi matrimonio, y con ellos iba creciendo mi dependencia del alcohol para poder sobrellevar las situaciones. Lo que me había prometido que nunca iba a vivir, me estaba ocurriendo. El hombre de las decisiones, ahora tenía temor. Parecía tratarse de una ley: para sentir valentía, tenía que recurrir al alcohol. El alcohol trajo a mi matrimonio violencia, angustia, soledad y por fin, depresión. Aquello que comenzó como un juego, ha terminado hoy en una tragedia que solo Dios puede cambiar».

Esta historia refleja la realidad de miles de jóvenes y adolescentes que hoy caminan hacia ese mismo destino, creyendo que todo forma parte de un juego. Un juego que le ofrece diversión y bienestar a quien lo comienza, pero que se va convirtiendo en un monstruoso camino de destrucción y soledad, del cual es imposible volverse atrás por sus propias fuerzas. Así, se ven obligados a transitar toda la vida por ese camino, junto a la gente que ha vivido situaciones parecidas. Al final, solo hallarán una salida si se toman de la mano de Dios.

ESPECIALISTAS AL RESCATE

El alcoholismo, a diferencia del simple consumo excesivo o irresponsable de alcohol, ha sido considerado en el pasado como síntoma de estrés social o psicológico, o de un comportamiento inadaptado. Recientemente, ha sido definido como una enfermedad compleja, con todas sus consecuencias. Se desarrolla a lo largo de años. Los primeros síntomas, muy sutiles, incluyen la preocupación por la disponibilidad de alcohol, que influye poderosamente en la elección de amistades o actividades por parte del enfermo. Cada vez se está considerando el alcohol más como una droga que modifica el estado de ánimo, y menos como una parte de la alimentación, una costumbre social o un rito religioso. El alcoholismo se caracteriza por una dependencia emocional y a veces orgánica del alcohol; produce un daño cerebral progresivo y termina produciendo la muerte.

Son alcohólicos aquellos que beben en exceso y cuya dependencia ha alcanzado un grado tal, que determina la aparición de visibles perturbaciones de las relaciones interpersonales y del funcionamiento físico, así como un inadecuado funcionamiento social y económico.

El alcohólico se caracteriza por depender, tanto física como psíquicamente, del alcohol, y por carecer de capacidad para detenerse o abstenerse. A pesar de que el alcoholismo afecta mayormente a los adultos, su consumo entre los adolescentes es cada vez más preocupante.

  • El consumo de bebidas alcohólicas se inicia a temprana edad. Esto puede atribuirse en parte a que, a esa edad, generalmente los jóvenes comienzan a dar inicio a sus salidas nocturnas; comienzan con la búsqueda de unos ídolos en la cual son la televisión, la moda y los amigos, sobre todo, los que los llevan al consumo temprano del alcohol. El consumo de bebidas alcohólicas es mayor en grupo, sobre todo en las fiestas.
  • Actualmente, en el mundo en que nos toca vivir, está demostrado que el alcoholismo ya se ha instalado con vigor en la juventud… También estamos asistiendo a las tristes evidencias de que el alcoholismo ya ha dejado de ser una cosa propia y casi exclusiva del sexo masculino. Hoy son muchas las mujeres que lo padecen. Entre ellas se manifiesta sin disimulo alguno una sección que incluye a las mujeres jóvenes.
  • El consumo de alcohol está vinculado a nivel mundial con el 50 % de las muertes ocurridas en accidentes de tránsito y el 30 % de los homicidios, suicidios y arrestos policiales.
  • La mayoría (82.1%) de los trastornos y la morbilidad que ocasiona el uso del alcohol se producen en edades tempranas, entre grupos de población con una edad inferior a los cuarenta y cinco años. Los índices reflejan asimismo una carga abrumadoramente mayor de enfermedades y accidentes entre hombres, que entre mujeres, con unas tasas del 83% en las Américas y del 84% en el resto del mundo, correspondiendo el resto a las mujeres.
  • La Organización Mundial de la Salud ha señalado el alcoholismo como la tercera causa de muertes en el mundo. Precisamente, se considera a los medios de comunicación como responsables directos por el aumento del consumo.

Extracto del libro Las 10 Plagas de la Cibergeneración

Por Ale Gómez

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