ESPECIALISTAS AL RESCATE

El dolor por un aborto precede y supera al momento mismo de ese acto. El aborto podría significar la liberación repentina de un embarazo no deseado; pero también es sinónimo de sufrimiento y de injusticia contra ese ser que es matado sin que se pueda defender. Ya de por sí, cuando pensamos en el aborto de una manera abstracta y ajena, nos desagrada. Pero cuando adquiere un rostro conocido, nos hiere hasta lo más hondo del alma. ¿Y si fuera nuestra esposa, nuestra hija o nuestra nieta la que abortara, la que quedara estéril por un aborto o muriera por las complicaciones?

Los especialistas coinciden en que más allá de toda discusión, el aborto encarna un grave conflicto de valores y de sentimientos. Pero la muerte no es la única complicación: se producen graves infecciones, hemorragias, problemas ginecológicos, infertilidad, daños a órganos como la vejiga o los intestinos. Y todo esto, sin mencionar siquiera los traumas emocionales que conlleva, ya que, desde el punto de vista psicológico, todo aborto implica una pérdida y una culpa por resolver. Una y otra vez, los estudios realizados confirman que entre el 30 y el 40% de las camas públicas de ginecología están ocupadas por casos de abortos complicados. En algunos países, el 50% del presupuesto de maternidad se gasta en las complicaciones posteriores al aborto.

La situación socioeconómica condiciona el ejercicio de los derechos sexuales y reproductivos en los adolescentes. Ser madre o padre para un adolescente es algo que suele iniciar una cadena de problemas, como el abandono de los estudios o la pérdida de vivencias propias. Una de las causas más importantes en los embarazos de los adolescentes es la falta de información adecuada sobre la sexualidad. Solo el 32% de los adolescentes conocen al menos cuatro métodos anticonceptivos. Este porcentaje se eleva al 61% entre los adolescentes de clase media.

Este panorama se dificulta cuando el embarazo no es planificado. Una de cada tres muertes de madres adolescentes se debe a un embarazo que termina en un aborto. ¿Por qué las mujeres siguen abortando? No podemos llegar a una respuesta simple. Pero con independencia de la causa, siempre coexiste con el hecho un profundo conflicto de valores y emociones. ¿Por qué no hablamos acerca del aborto, la homosexualidad, la infidelidad o las enfermedades venéreas (las transmitidas por el contacto sexual)? ¿Acaso no son problemas demasiado comunes? ¿Estás seguro de que nada de ello tocará a algún ser amado? Y aunque fuera así, es decir, que todos los cristianos estuviéramos libres de estos problemas, el dolor ajeno ¿no nos impulsaría a mostrarles un camino más excelente? ¿Por qué hemos permitido que la doble moral (no se habla, pero se hace) influya tanto en nuestro pueblo cristiano? ¿Acaso el hecho de traer las cosas a la luz no disipa la oscuridad?

Los embarazos de adolescentes, el aumento en el número de divorcios, los abortos por cientos de miles, ¿no nos hablan de la necesidad de una docencia cristiana? Esa docencia sería una educación sexual con valores cristianos, con el fin de enseñar a tomar las mejores decisiones. Quizás pienses que ese problema no existe en tu iglesia. ¿Estás seguro? Las estadísticas obtenidas dentro del ámbito cristiano señalan lo siguiente:

Del total de jóvenes entre 12 y 30 años que tuvieron experiencias sexuales, se registró una tasa de embarazos del 39%. Solo el 72% de estos llegó a término, mientras que un 28% optó por el aborto.

Si queremos cambiar un destino fatalista por unos amaneceres con esperanza, lo único que nos queda es educar en este aspecto para presentar lo que es una vida plena.

¿Sabías que muchas herramientas para la educación sexual son valores cristianos? El nuevo «pacto de exclusividad sexual» es nuestra antigua «fidelidad»; el derecho a «no tener práctica sexual alguna» es la olvidada «castidad». Esto ha surgido en movimientos seculares que nada tienen que ver con lo cristiano, pero que levantan la bandera de la fidelidad y la castidad que nosotros deberíamos vivir y enseñar a toda la sociedad como una alternativa de liberación y bendición sobre las vidas y las familias.

El gran problema es que existe una comunicación escasa entre padres e hijos acerca de asuntos importantes o relevantes desde la perspectiva del joven.

La familia y la iglesia han transferido a los amigos, los vecinos y los medios de comunicación la responsabilidad de formar y educar a los jóvenes. Los medios de comunicación se han convertido en mentores y forma-dores de la conducta en general, incluida la sexual. El 92% de los jóvenes encuestados manifestó el deseo de que la iglesia y la familia aborden el tema sexual. Es verdad que muchos padres se sienten incompetentes para tocar este tema, pero verdad también es que la conducta de muchos padres está gobernada por el viejo y dañino tabú que dice: «¡De sexo, aquí no se habla!». En materia sexual, la comunicación es menor con el padre que con la madre.

Solo el 22% de los jóvenes con experiencias negativas sexuales habla frecuentemente con sus padres, en comparación con el 31% del resto; y el 23% de los jóvenes con antecedentes de abuso sexual nunca habla, en relación con el 17 % del resto de los jóvenes.

Los jóvenes suelen tener poca comunicación con sus padres. Ahora bien, los que han sufrido alguna experiencia sexual negativa en la niñez son los que tienen menos comunicación con respecto a cosas importantes, entre ellas la vida sexual, en comparación con los otros jóvenes que no tuvieron experiencias negativas.

ESTADÍSTICAS IMPORTANTES SOBRE LA SEXUALIDAD DE LOS JÓVENES EN LATINOAMÉRICA

  • Los jóvenes son sexualmente activos, y a una edad temprana.
  • Aproximadamente un 50% de los adolescentes menores de 17 años de la Región Latinoamericana, son sexualmente activos.
  • Entre 53% y 71 % de las mujeres en la región tuvieron relaciones sexuales antes de los 20 años.
  • El promedio de edad del primer coito es de aproximadamente 15-16 años para las jóvenes en muchos países de América Latina y el Caribe; para los varones el promedio es aproximadamente 14-15 años.
  • Los jóvenes en ciertos países del Caribe inician la actividad sexual en una edad tan temprana como los 10 y 12 años.
  • Un número significativo de adolescentes mujeres están casadas o en unión. Entre el 18% (Perú), 38% (El Salvador) y 34% (Trinidad y Tobago) de las adolescentes están casadas a los 18 años.
  • Entre el 35% y el 52% de los embarazos adolescentes en la región no fueron planificados.
  • Como promedio, el 38% de las mujeres se quedan embarazadas antes de los 20 años.
  • En la mayoría de los países de América Latina, entre el 15% y el 25% de todos los recién nacidos eran hijos de adolescentes.
  • Las mujeres jóvenes están abortando y son víctimas de mortalidad materna.
  • La mortalidad materna sigue siendo una de las causas principales de muerte entre las adolescentes.
  • En Chile y Argentina, donde el aborto está prohibido, más de la tercera parte de las muertes de madres adolescentes son consecuencia directa de prácticas de aborto.
  • Entre 21% y 30% de los embarazos en México, Colombia, Brasil, República Dominicana, Chile y Perú terminan en aborto.

Extracto del libro Las 10 Plagas de la Cibergeneración

Por Ale Gómez

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