MI VIDA ES UNA MENTIRA

Cada vez que estoy en la granja o cada vez que hablo con algún chico con problemas de adicción, llegamos a la misma conclusión. En su vida se han encarnado dos cosas: la droga y la mentira. Una de las consecuencias más fuertes que trae la droga es que genera en la mente una «realidad virtual». El adicto se cree más franco, más sincero. Incluso, la mayoría de los jóvenes que se drogan dicen que se han convertido en personas más sinceras, porque ahora se atreven a «decir la verdad». Pero la realidad es que no encuentran manera de aliviar el dolor y el vacío que sienten en su propia vida. Por eso, la mejor manera que han encontrado es evadirse de la realidad, aunque solo sea por veinte minutos. Un padre vino llorando el otro día, con un dolor muy profundo en su corazón, debido a la adicción de su hijo. Casi a los gritos me decía: «No puedo más. Me roba dinero, me vende cosas de la casa, y dice que “otra persona” lo hace.

Mi hijo tiene otra adicción que va a ser muy difícil de sacar: la mentira». Casi me rompe el corazón ver a ese padre que hace poco conoció a Jesús, pero que ha convivido durante diecisiete años con la «amante blanca» y ha destruido la vida de su hijo. Una de las dinámicas más llamativas que tenemos en la granja es confrontar al chico con «la verdad». Se coloca a un chico (el denunciante) frente al otro (el denunciado) y en medio de ellos, un juez (uno de los líderes de la granja). Con mucho respeto y firmeza a la vez, el primero pone en evidencia algún hecho de mala conducta del otro, o alguna actitud que deba cambiar. Si el segundo lo reconoce, dice con voz firme y clara: «Lo acepto, y voy a cambiar de actitud». Si hay algo que un adicto necesita, es reconocer la verdadera situación de su corazón: cómo piensa, cómo reacciona, cómo vive.

Definitivamente, necesita mirarse a un espejo que refleje por primera vez en su vida lo que tiene por dentro, para tomar conciencia de lo grave que es su situación. El mejor espejo es Jesús, que es la verdad; el camino a recorrer es Jesús, y Jesús es también la forma de hacerlo. (Juan 14:6).

VARIOS AMANTES Y UNA SOLA MUJER

Si hay algo en que la amistad es negativa, es en el tema de las adicciones a las drogas. En el 90% de los casos, los jóvenes han desarrollado su vida dentro de un grupo de «amigos», con los cuales comparte el gran secreto de la «amante blanca». Sus miradas, sus charlas y sus anhelos son el motivo de esta relación de amistad y hacen que, estando juntos, solo se sinergicen en la búsqueda de otra «poción mágica» que los sumerja en el mundo de la fantasía. Si hay algo que necesita un joven con problemas de adicción, es verdaderos amigos que se jueguen lo que sea por él y solo tengan el objetivo de recuperarlo de ese infierno viviente que es la droga.

Todo joven necesita amigos en quienes confiar; amigos en los que pueda ver que es posible vivir una vida diferente. Una vida con horarios normales para acostarse, diversiones sanas, chistes limpios, y sobre todo, un encuentro con nuestro Padre.

UN ENCUENTRO CON NUESTRO PADRE

¡No hay nada más hermoso que el abrazo de tus padres! Me conmueve ver a los adolescentes y a sus padres, llorando en el medio de un abrazo interminable que parece el final de una película al mejor estilo Hollywood. Esta es una realidad que todo adolescente, joven o adulto necesita.

Millones de personas corren por el mundo buscando este abrazo con la figura paterna, en busca de ternura, confianza, aceptación; resumiendo, en busca de amor. Algunos, al no encontrarlo, abrazan las drogas y no las sueltan hasta encontrar el abrazo de un padre. Desde niños lo están buscando y hasta que no haya en la iglesia gente dispuesta a ser padres sustitutos, el milagro no ocurrirá. El más maravilloso de los milagros se produjo después de un abrazo, en la vida de un joven que lo relata así: «Nunca había vivido nada igual. Cuando recibí ese abrazo, sabía que podía contar para siempre contigo. Fue como si mi padre me hubiera abrazado; sentí que por fin quedaba libre del rencor y la ira que sentía hacia él, y pude vivir el amor de Dios que corría por todo mi cuerpo».

Dios está buscando una generación de padres sustitutos para combatir esta plaga que ataca el corazón del ser humano y lo hace sumergirse en la desesperación. Son miles los que necesitan y buscan tu abrazo; el abrazo de Dios.

Si hay algo que se deshace a través del tiempo, es la confianza. Tal vez por haber mentido y robado tantas veces, ya aquellos que te aman no pueden volver a confiar en ti, porque una y mil veces, la historia se ha vuelto a repetir. Por eso, lo primero que debes entender es que la única salida es decir la verdad. Sí, es simple, pero tú sabes que esto te ha hundido en el mismo infierno y te ha llevado a lugares donde nunca habrías querido estar. Tu primer compromiso debe ser compartir lo que te sucede con alguien que ya esté ayudando a otros a salir, o él mismo haya salido. ¡Solo, no podrás jamás!

Los centros de rehabilitación o granjas cristianas son el mejor lugar para desintoxicarte de tanta mentira y para ayudarte a que comiences a vivir de una manera diferente. Diles en forma urgente a tus padres que necesitas ayuda. Es el primer escalón para que digas la verdad de lo que hay en tu corazón. Un hombre ciego le pidió a los gritos a Jesús que quería recobrar la vista y Jesús lo hizo, pero porque aquel ciego había buscado su ayuda. Dile a tu familia que los vas a necesitar en los meses siguientes. No temas lo que te digan; ellos te aman y quieren verte sano y libre de esa plaga. El dolor de ellos está en que no saben qué hacer.

Como primer paso, te invito a levantar los ojos al cielo y hacer la siguiente oración: «Jesús, quiero que sea hoy el primer día en que comenzaré a decirles la verdad a mis padres, a ti y a los que me aman. Es difícil, pero lo voy a intentar. Enséñame a jugarme el todo por el todo por los que amo y a no hacerles sufrir más. Perdóname. Tú sabes las cosas que me han herido, y que necesito que borres de mi corazón. Jesús, te necesito». Si hiciste esta oración con el corazón, te pido que la escribas y la guardes, señalando la fecha y la hora en que la hiciste. Este será tu compromiso para caminar de una manera diferente y dejarte «ayudar por otros. Te aseguro que nunca volverás a ser el mismo. Dios y tu familia volverán a sonreír y disfrutar de un ser maravilloso: ¡tú!

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Extracto del libro Las 10 Plagas de la Cibergeneración

Por Ale Gómez

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