«En el abismo es todo tan gris… Quiero volver a empezar.» Así dice el estribillo de una canción que se hizo famosa en el cine, y en la cual se relata la historia de una alcohólica que no le encuentra salida a su vida. Las historias más tristes son las que he escuchado cuando se trata de esta plaga. Una de ellas es la de una adolescente que estaba totalmente desarreglada y que se parecía mucho más a una vagabunda, que a una chica de su casa. Todavía recuerdo que durante toda la charla, no me pudo mirar a los ojos. Mantuvo la cabeza inclinada hacia el piso, y solo me hablaba de una tristeza y una frustración que eran tan profundas como un abismo.

Todo comenzó siendo muy niña. Ella era la hermana menor de casi una decena de niños, que crecieron en medio de la pobreza y el abandono. Tuvo que acostumbrarse a vestirse con las ropas de sus hermanos durante toda su infancia. Se alimentaba a base de mate cocido y pan, excepto en algunas ocasiones especiales en las que pudo disfrutar de algo de carne. Cuando llegaba el invierno, su humilde hogar de chapas de latón se convertía en un congelador; en cambio, en el verano aquel metal hervía de calor.

Tal vez pienses que bajo estas condiciones, es lógico que alguien se deprima. Sin embargo, he conocido en mi vida decenas de adolescentes a los que no les ha faltado absolutamente nada, pero están sumergidos en la más profunda depresión. Entre ellos y esta chica existe un factor común: la ausencia de sus padres durante la niñez.

Todos necesitamos durante nuestra niñez ese modelo que Dios eligió para que crezcamos fuertes y sanos, tanto mental como psicológicamente: el modelo formado por el padre y la madre. Lo lamentable es que la mayoría de los padres no tienen resuelta su madurez como matrimonio y cargan a los hijos con sus problemas, peleas y discusiones, y por último, para romperles el corazón, el divorcio. Esta no es la única causa, pero sí ha sido la de mayor influencia en la vida de los adolescentes.

En esta primera historia que te conté, la joven pudo cambiar radicalmente su vida cuando recibió el cuidado y la atención de una «madre» o un «padre» de corazón. Su mayor problema había sido que su padre había abandonado a su familia. Su madre, abrumada por la situación, nunca se ocupó de los niños. El único momento en el cual se ocupaba de ella, era en su cumpleaños. Pero aquello no era suficiente. Ella hubiese querido pasear aunque fuera en autobús, o que alguien se preocupara por ella y le preguntara «¿Cómo estás?», o sencillamente, la escuchara. Podría escribir un libro solo de esto, pero es bueno que lo leas, ya que quizás tú en este mismo instante seas padre o madre. Hoy hay miles de adolescentes esperando «padres de corazón». (1 Corintios 4:15-16).

ESPECIALISTAS AL RESCATE

La depresión es mucho más que una sensación de tristeza pasajera: es un estado que deteriora seriamente la calidad de vida y que puede agravar otros males físicos. Sin embargo, se calcula que las dos terceras partes de los que la sufren, nunca reciben tratamiento, o lo reciben por un tiempo demasiado corto. Los estudios indican que en el presente hay más personas que afirman estar sufriendo de depresión. Se podría decir que la persona que padece de depresión anda siempre buscando una razón para estar deprimida.

El mayor problema consiste en lograr que la persona confiese que está deprimida. La mayoría de las personas deprimidas no lo admiten; creen que todo lo que sucede es que ellas no alcanzan a cumplir con las exigencias de la vida. La misma depresión hace más difícil reconocer que uno está deprimido. Al mismo tiempo, los médicos suelen tener prejuicios contra la depresión. Prefieren encontrar en sus pacientes algo físico. Es decir, que tenemos que persuadir tanto al público como a los médicos para que se tomen en serio este problema. Una vez que se logra esto, el tratamiento no es difícil.

  • Un estudio nacional realizado entre 9090 personas mayores de 18 años, encontró que el 57% de los participantes que tenían enfermedades depresivas recibió algún tipo de tratamiento. La cifra es casi un 40% superior a la calculada en los primeros años de la década del ochenta, según dijeron los investigadores. En cambio, se consideró que el tratamiento era adecuado solo en el 21% de los pacientes con depresiones recientes. En total, el 6,6% sufrió una depresión importante en algún momento del año anterior, lo que equivale a unos 14 millones de adultos.
  • La depresión es más común entre las mujeres y los adultos de 18 a 44 años, que en los hombres y las personas mayores de 60 años.
  • El hombre tiene menos probabilidades de sufrir depresión, y a la vez es más reacio a admitir que está deprimido.
  • El número de hombres que se suicidan es cuatro veces mayor que el de mujeres. Sin embargo, la frecuencia de los intentos de suicidio en las mujeres es de dos a tres veces mayor que en los hombres.
  • La depresión infantil se comenzó a conocer hace solo dos décadas. Dado que las formas normales de comportamiento varían de una etapa de la niñez a otra, es difícil establecer si un niño está pasando por una fase de su desarrollo, o si está padeciendo depresión.
  • Aproximadamente, el 2% y el 3% de todos los niños con un comportamiento alterado presentan depresiones de grado medio a grave, y otro 6% a 8%, de carácter leve.
  • En relación con el suicidio, se sabe que la depresión es la principal causa de las muertes entre los 15 y los 25 años de edad.
  • Alrededor del 75% de las personas que padecen de depresión tienen tendencias suicidas, y entre el 10 y 15% llegan a realizar intentos de suicidio.
  • Las adolescentes depresivas suelen ser tristes, inhibidas en sus relaciones sociales, obedientes en casa, discretas y tranquilas (lo que se ha dado en llamar «síndrome de Cenicienta»). En cambio, los varones son rebeldes, irritables, miedosos, temerosos a la hora de establecer contactos y agresivos en su relación social.
  • Las mujeres tienen casi el doble de probabilidades de sufrir depresión que los hombres. Sin embargo, los hombres y las mujeres tienen las mismas probabilidades de desarrollar el trastorno bipolar.
  • La depresión grave puede desarrollarse a cualquier edad, pero la edad promedio de aparición es alrededor de los 25 años.
  • En el caso del trastorno bipolar, la edad promedio de aparición es entre los 20 y los 25 años.

Extracto del libro Las 10 Plagas de la Cibergeneración

Por Ale Gómez

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