Continuemos…

5. EL YELMO DE LA SALVACIÓN. En caso que el escudo de tu fe deje pasar algo y tu triunfo diario se ponga difícil, ten confianza que el yelmo de la salvación te garantiza la victoria eterna. Este yelmo cubre, también, la parte más importante de tu cuerpo: la cabeza, la mente, donde se pierden o ganan las batallas espirituales. Mientras luchas a diario contra el mundo, la carne y el diablo, afírmate en saber que tu salvación no va y viene de acuerdo a tus éxitos y fracasos en la batalla espiritual; tú eres un hijo de Dios y nada puede separarte del amor de Cristo (Romanos 8:35).

6. LA ESPADA DEL ESPÍRITU. La Palabra de Dios es la única arma ofensiva que menciona la lista de la armadura. Parece que Pablo se refiere a la Palabra de Dios hablada en lugar de la Palabra de Dios viva, que es personificada en Jesucristo. Tenemos que defendemos del diablo hablando —diciendo— en voz alta la verdad de Dios.

¿Por qué es tan importante decir la Palabra de Dios además de creerla y pensarla? Porque Satanás no conoce a la perfección lo que pensamos. Si nos limitamos a decirle a Satanás que se vaya en nuestra mente, puede que se quede porque no puede oír lo que pensamos. Debemos derrotar al diablo hablando.

Una noche me desperté totalmente aterrorizado sin causa aparente. Era un miedo que me ponía la piel de gallina y supe que era un ataque de Satanás. Sin levantar mi cabeza de la almohada apliqué el remedio de dos pasos que sugiere Santiago: «Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros» (4:7). Me sometí a Dios orando en el santuario de mi corazón, a salvo de los oídos de Satanás: «Señor, en este momento reconozco Tu gracia soberana en mi vida. Tú eres mi Dios». Entonces resistí al diablo con una palabra dicha en voz alta: Jesús y el miedo se fue instantánea y totalmente. Volví a dormirme en completa paz.

Hasta mi hija de tres años ha aprendido a echar fuera al enemigo hablando en la autoridad de la Palabra de Dios. Luego que mi esposa y yo nos afiliáramos a los Ministerios de la Libertad en Cristo para Jóvenes, la niña comenzó a sentir, por las noches, una presencia maligna en su dormitorio; ella llamaba «el sol feo» a una criatura que andaba junto con otras cuatro, que nuestra hija llamaba monos. Ella sabía que eran malos y se asustaba por la presencia de ellos. Una noche la oímos llorar y, al entrar a su dormitorio, dijo que las criaturas estaban allí. Estaba tan asustada que trató, literalmente, de meterse dentro del pijama de mi esposa para esconderse. Le enseñamos a orar y, pese a su miedo, repitió con nosotros, estas sencillas palabras: «por el poder y la sangre de Jesús, todos los malignos deben irse». Entonces la niña nos miró, sonrió y dijo, con toda calma, «se fueron». Se metió en su cama y se volvió a dormir a los pocos minutos.

La edad y la fuerza física no tienen ninguna relación con el éxito en la guerra espiritual (2 Corintios 10:4) pues es la fortaleza del Señor la que saca corriendo a los espíritus malos. El poder está en la Palabra hablada.

EL PODER PROTECTOR DE LA ORACIÓN

Una joven que conozco vio a Dios obrando poderosamente por medio de la oración. Los padres de esta joven llevaban más de diez años divorciados; su madre estaba muy metida en el movimiento de la Nueva Era. Sus padres nunca se habían dicho algo amable, desde que ella tenía memoria, cosa que le rompía el corazón. La madre de María también la estaba menospreciando constantemente, diciéndole que no podía amarla porque ella, María, estaba gorda. María ni siquiera podía llamarla «mamá» sino que tenía que dirigirse a ella por su nombre de pila. María ansiaba desesperadamente ser amada y aceptada por su madre y que sus padres fueran amables entre ellos. La situación era tan mala que María hasta tenía miedo de orar al respecto, pensando que no era realmente justo pedirle a Dios que hiciera algo. Yo le di ánimos a María diciéndole que nada es imposible o difícil para Dios. Oramos por su madre pidiendo que su mente se calmara para que Dios le hablara y que no siguiera desanimando a su hija.

A los pocos días de haber orado así, María me llamó por teléfono, tan emocionada que le costaba contenerse. «¡La oración funciona! ¡en realidad la oración funciona!» —exclamaba—. «Mi mamá llamó hace poco y efectivamente habló con mi papá ¡Hasta se trataron bien uno a otro! Luego, ella habló conmigo y dijo que quería solamente conversar conmigo para decirme cuán orgullosa estaba de que yo fuera su hija y que me amaba ¿No es tremendo Dios? ¡La oración es poderosa!»

Una de las liberaciones más espectaculares que he observado, ocurrió con un hombre que había sido un alto sacerdote del satanismo. A los seis meses de haber sido liberado él dio su testimonio en la iglesia donde yo asisto. Al terminar su testimonio le pregunté: «Dígame, basado en su experiencia en ‘el otro lado’ ¿cuál es la primera línea de defensa que tiene el cristiano en contra de la influencia de los demonios?”. «La oración» —dijo con fuerza—, «y cuando ore, hágalo en serio. La oración fervorosa bloquea la actividad de Satanás como ninguna otra cosa».

Nunca conoceremos completamente los efectos de nuestras oraciones, pero sí sabemos que Dios incluye nuestra oración como parte de Su estrategia para establecer Su reino. Luego de mandarnos a poner la armadura que Dios ha provisto, Pablo escribió: «Orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos» (Efesios 6:18).

¿Qué es la oración? Es la comunicación con Dios por medio de la cual le decimos que dependemos de Él. Dios sabe lo que necesitamos en nuestra lucha con los poderes de las tinieblas y Él está más dispuesto a satisfacer nuestras necesidades que nosotros a pedirle; pero Dios no actuará hasta que nosotros expresemos orando nuestra dependencia de Él.

Decimos al orar: «Tú eres el Señor, no yo. Tú sabes qué es lo mejor; yo, no. No te digo qué hacer, sino que te pido. Declaro mi dependencia de Ti». Nuestras oraciones abren el camino para que Dios actúe por nosotros.

Extracto del libro Rompiendo Las Cadenas Edición Para Jóvenes

Por Neil T. Anderson y Dave Park

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