1. Reconoce tu debilidad.

Debes admitir de manera precisa qué es lo que te está sucediendo. Mírate en un espejo y di que te reconoces como un adicto o una adicta a la pornografía. Verás lo difícil que es hacer esto, aunque parezca tan fácil. Eso es debido a que, ante a este tipo de adicción, nuestra mente crea mecanismos de evitación, de autoengaño.

Pero hazlo. Párate frente a un espejo, mírate a los ojos, trata de concentrarte y, siendo lo más sincero posible, enfréntate con lo que te está sucediendo. Puedes decir: “Yo, ……………………… (tu nombre), estoy teniendo una conducta de adicción a la pornografía, y esto me hace mal y me empobrece. No estoy honrando a Dios así. Estoy intoxicado/a, pero quiero salir de esto”.

Este es el comienzo del proceso. Debes tomar conciencia de lo que te sucede. Luego viene lo demás. Sé persistente. No abandones. Lucha. No te entregues fácilmente.

2. Confiesa a Dios tu pecado.

Sé muy específico y honesto al confesarle a Dios en qué lo has desobedecido. No tengas temor ni sientas vergüenza. Recuerda que Él ya lo sabe todo. Pero también recuerda que te estás presentando ante el trono de la gracia (y no de la condenación) (Hebreos 4.16).

Dios está esperándote, listo para perdonarte y ayudarte. Si piensas (o sientes) que no mereces el perdón de Dios, recuerda que en efecto ¡no lo merecemos! Somos perdonados y limpiados únicamente porque Dios así lo ha decidido en su enorme misericordia (1 Juan 1.9).

No importa lo que hagas, jamás lograrás que Dios deje de ser fiel y justo. Él quiere y puede limpiarte del pecado de la pornografía.

3. Destruye todo el material pornográfico que poseas.

Si no, ¿para qué guardarlo? También limita tu acceso a Internet, ya sea con programas de bloqueo para tu computadora, o colocando tu computadora en un lugar público, a la vista de todos.

«Los límites nos ayudan a demarcar nuestra propiedad para cuidarla. Nos ayudan a cuidar nuestros corazones con toda diligencia… los lími­tes nos ayudan a mantener lo bueno, por dentro y lo malo, por fuera. Protegen nuestros tesoros (Mateo 7:6) para que nadie los robe. Conservan las perlas adentro y los cerdos afuera” (Henry Cloud. Límites).

4. Debilita el poder de la pornografía.

Todos estamos inmersos en un mundo de informa­ción. En este preciso momento estás recibiendo muchísimos datos acerca de cosas que pasan a tu alrededor. Pero no reconoces estos datos sino les prestas su debida atención. La temperatura, textura y peso de tu ropa, o el ruido de lo que está sucediendo a pocos metros, son algunos ejemplos. Seguramente en este momento hay billones de estímulos que te rodean, pero que no estás reconociendo.

Hagamos un ejercicio. Piensa en tus pies. Toma conciencia de lo que está sucediendo con tus pies. ¿Qué sientes? ¿Cómo los sientes?

Hace unos segundos, de seguro no tenías conciencia de mucha de la información que estás registrando ahora. Esto es porque esa información estaba relegada en tu mente a un segundo plano. Pero si te concentras, podrás poner a tus pies o a cualquier otra parte de tu cuerpo en primer plano, y pasar a registrar lo que antes no registrabas.

Si siguieras profundizando este ejercicio, llegarías a percibir cosas que nunca percibiste. El poder de la adicción es justamente el de pasar a ocupar el primer lugar. En una oportu­nidad, una joven confesó que no podía dejar de pensar en fantasías sexuales con muchachos, y que esto la estaba dominando. Esto les sucede a muchos.

¿Qué puedes hacer entonces? Puedes desplazarla, generando otros intereses que la desalojen de ese primer lugar. Un error muy común es desear abandonar la pornografía, pero no desplazarla realmente del primer lugar. Si esto sucede, sólo conseguirás obsesionarte y darle cada vez más importancia.

Esa misma joven dijo: “Cuanto más quiero dejar de pensar, más deseos tengo, ¡y me estoy volviendo loca!” ¿Entiendes ahora? Ella deseaba dejar de tener esos pensamientos, pero no los había despla­zado construyendo otros intereses. Sólo lograba enredarse cada vez más. Desaloja a la pornografía del primer lugar. Debilítala.

5. Descubre y desarrolla otras actividades.

Muchos jóvenes que consumen pornografía lo hacen de un modo ritual. Es decir, van separando un tiempo y un lugar estratégico dedicados a ello. Lo hacen antes de acostarse, o cuando toda la familia está durmiendo, o antes de bañarse, o en su computadora, o rentando películas, etc. Debes reconocer cuáles son esos tiempos y lugares. ¿En qué momentos eres más débil? Estate atento, identifica esos momentos, y sepárate de ellos.

Haz una lista de los espacios o situaciones en los que eres vulnerable a caer en la tentación de la pornografía. Sé honesto y específico. No trates de autoengañarte. Una vez que sepas cuándo estás más cerca de caer, podrás hacer un compromiso para alejarte de esas situaciones (1 Corintios 10.12).

Una pregunta que nos hacen muy habitual­mente es esta: ¿Por qué lo sexual es tan fuerte en nuestras vidas? La respuesta es que lo sexual está directamente relacionado con el placer, y el pla­cer con la satisfacción. La suma de estos dos está relacionada con la felicidad (cosa que todos buscamos). Pero debemos recordar que lo sexual no es lo único que produce un buen momento, placer y felicidad.

Debes generar espacios con otras actividades que te hagan feliz. Busca desarrollar otros gustos y pasatiempos, para que la pornografía no sea la única fuente de motivación y felicidad. Tómate tiempo para salir de tu cuarto, investigar, practicar deportes, unirte a grupos de teatro, o a otros grupos que enriquezcan tu vida. Conoce gente nueva. Lee un poco más la Biblia, para cono­cer mejor a tu Dios y así poder obedecerlo mejor.

Cuando uno se siente vacío, necesita coraje para animarse a decidir cómo llenar la vida con algo que haga bien.

6. Sé proactivo y no reactivo.

Reacción es la respuesta a cosas que ya han ocurrido. En el caso de la pornografía, es habitual que debido a la culpa o a la vergüenza que se siente después de haberla consumido, se desee abandonarla tomando medidas extremas. Esto se da a menudo, pero sólo después de haberla consumido. Se trata de una reacción, y no suele ser muy efectivo. La solución está en ser proactivos. La proacción es la acción antes de que algo suceda. Debes tomar las decisiones antes de estar frente al material porno­gráfico, y no después, porque la atracción que lo sexual produce en nuestros deseos es muy fuerte.

7. Busca ayuda.

Busca un amigo o una amiga que pueda ser tu confidente. No estamos solos en esta lucha contra el pecado. Dios es nuestra ayuda y de igual forma deben serlo nuestros hermanos en la fe. Debes buscar personas espiritualmente maduras, que no vayan a condenarte, sino que te tiendan la mano y te ayuden a salir adelante. Dios desea que seamos ministrados para salir de las garras de un pecado como la pornografía.

Encuentra entonces alguien de tu mismo sexo, mayor que tú, y espiritualmente maduro, para hablar del tema con él (o ella). Cuéntale con con­fianza (aunque te cueste mucho la primera vez) acerca de tus luchas, de tus áreas débiles, de tus momentos vulnerables.

Juntos podrán orar para que no caigas en tentación, y esta compañía podrá recordarte frecuentemente el compromiso que has hecho con Dios para alejarte de la pornografía. Con esta persona podrás compartir también tus victorias sobre el pecado. La oración es de vital importancia para vencer. (Mateo 6.13 y 26.41).

8. Decídete a obedecer.

Aunque sea un gran sacrificio, o parezca una tortura, si logras obedecer hoy… Tendrás sin lugar a dudas una recompensa mañana. La Biblia lo garantiza en Santiago 1.12. Podrás vivir en verdadera libertad. El Salmo 119.45 afirma: Y andaré en libertad, porque bus­qué tus mandamientos.

Hoy tienes la oportunidad de buscar la pro­tección de Dios, obedeciendo sus consejos y mandatos para huir del pecado de la pornografía. Las reglas de Dios nunca son para estorbar tu felicidad sino para garantizarla. No son para que te aburras o para que te perjudiques, sino todo lo contrario: Cada día será una batalla. ¡Todos los días serán una oportunidad de tener la victoria! (Juan 10.10).

Extracto del libro No Muerdas el Anzuelo

Por Adrián Intrieri

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