Recuerdo cuando estudié en el Instituto Bíblico Christ Fort he Nations. El edificio en donde vivíamos los hombres solteros, tenía diez niveles y por cada nivel había diez y seis habitaciones… En una ocasión, mi amigo y yo, tuvimos la bendición de estar sólo dos en un cuarto. A ambos nos gustaba estudiar. Leíamos veinte capítulos de la Biblia al día más todo lo requerido. Pero había un amigo que solía llegar a visitarnos, literalmente interrumpirnos, pero siempre lo recibíamos. Un día llegó y toco a la puerta. Me iba a levantar y mi compañero de cuarto me dijo que por favor no le abriera. Que él no quería ser interrumpido… Dio cuatro golpes a la puerta y se quedó esperando. Volvió a tocar la puerta de nuevo sólo que ahora más fuerte y se quedó esperando. Luego simultáneamente tocaba la puerta más fuerte y le hablaba a mi compañero: “Yo sé que estás ahí…» decía el pobre. Esto lo repitió tantas veces que ya me paraba a abrirle. Hasta que al fin se dio por vencido y frustrado se fue…

Cuanto la tentación toque a su puerta, hágase el dormido, no se mueva, no haga ruido, ignórela, porque todo el que le abre la puerta terminará aceptando la invitación al mal y sufriendo las consecuencias.

Hay tentaciones que vienen de afuera por los amigos y otras cosas que nos invitan al mal. Y hay tentaciones que vienen de adentro, de nuestra propia naturaleza pecaminosa, deseos que son contrarios a lo que Dios enseña en la Biblia y que cuando se llevan a cabo su fin es vergüenza, miedo y muerte. De ambas tenemos que huir. Los cristianos somos valientes y siempre seguimos adelante. Existe una sola situación en la que la valentía consiste en huir y no en permanecer o avanzar y esta situación se da sólo ante la tentación.

La tentación es una seducción ante el mal. Presenta el sabor más amargo que existe como algo mucho más dulce que la miel. Disfraza la oscuridad de luz. Guía al pensamiento hacia los beneficios y nubla el mismo de las consecuencias. El rey Saúl cedió ante la tentación del orgullo y el primer rey de Israel fue desechado por Dios. En su lugar puso a David, un hombre conforme a su corazón.

El rey David también cedió ante la tentación de los placeres sexuales, cuando vio desde la terraza del palacio a Betsabé bañándose, la mando a llamar, se acostó con ella y quedó embarazada. Envió a llamar a Urías el esposo, quien estaba en la guerra y al llegar no durmió con su esposa. ¿Cómo dormiría con ella un gran guerrero mientras sus compañeros daban la vida en la guerra? David viendo que no había salida, envía a Urías de nuevo a la guerra con una carta en su mano, su carta de muerte. En ella David pide a los oficiales que lo pongan al frente en lo más fuerte de la batalla y que lo dejen solo. Y este hombre muere. Porque no es de los que retrocede ante nada.

¿Cuándo cayó David? No cayó cuando se acostó con Bestabé. Cayó cuando vio desde la terraza a Bestabé bañándose y no salió huyendo sino que por el contrario, mando a pedir información sobre ella.

Huir de la tentación es de valientes. La voluntad de Dios es que vivamos en santidad. Santidad es su esencia, en El no hay pecado, en El no hay tinieblas, Dios es santo. Cuando queremos ser santos, es porque queremos ser diferentes ante los demás porque Dios dice que debemos ser diferentes, pero no sólo diferentes, sino consagrados a Dios y en obediencia a sus mandamientos.

¿Quiere vivir en santidad y honrar a Dios? Aléjese de personas, lugares, cosas y pensamientos que lo seduzcan hacia el mal. Y a partir de hoy viva como un miembro del ejército de Dios, que obedece a su superior. Y cuando la tentación se le presente y quiera dominar sus pensamientos, huya a la victoria.

Amigos e influencia no son lo mismo. Un buen amigo nunca abandona. Una buena influencia siempre nos hace mejores. Tenga mucho cuidado con aquellos que son buenos amigos – nunca lo abandonan pues son fieles – pero que son mala influencia – sacan lo peor de usted -. Huya de los buenos amigos que son mala influencia en su vida. ¿Cómo saberlo?, ¿Lo hacen un mejor hijo, estudiante, pareja o amigo?, ¿Lo inspiran a llegar alto? Si no, es tiempo que elimine o reduzca el contacto con aquellos que no puede dejar de ver del todo. Porque nos convertimos en los amigos que tenemos.

No sólo huya de aquellos amigos que son mala influencia, huya de cosas y lugares que lo inviten hacia el mal. ¿Es su computadora una tentación para ver pornografía?, ¡Huya! Úsela sólo en un lugar donde este visible a los demás y en horarios donde no caerá en la tentación. ¿Tiene novia o novio? No estén nunca solos o pronto serán tres. Huya de las tentaciones, huya a la victoria. De lo contrario, prepárese para enfrentar algún día, las consecuencias de no haber tenido el valor para huir. (2º Timoteo 2:22)

Meta de vida #13: Huya de las tentaciones, huya hacia la victoria.

Desafío #13: Pregúntese. ¿Qué buenos amigos que son mala influencia he permitido que sean parte de mi vida?, ¿Qué voy a hacer para encontrar amigos de bien?, ¿Qué lugares debo dejar de frecuentar?, ¿Qué cosas debo sacar de mi vida, cuarto o casa? Y por último ¿Cómo puedo ser santo y consagrarme a Dios?

Extracto del libro Metas de la Vida

Por Alex López

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