1. Samuel no había conocido aún a Jehová, ni la palabra de Jehová le había sido revelada

Es imposible escuchar la palabra que no ha sido revelada. Desde esta perspectiva la oración debería ser formulada de esta manera: ¡Habla, que tu siervo necesita que le hagas entender la revelación de tu palabra! Eso es, necesitamos entender su revelación. He tenido esta experiencia cuando, después de haber pasado cientos de veces por un pasaje de la Biblia, un día cualquiera saltan del texto verdades que jamás había visto. La expresión más usual para este descubrimiento es: ¡Nunca antes lo había visto de esta manera!

Nuestras iglesias necesitan entender esta revelación que nos ha sido dada. Necesitan que la palabra de Dios sea iluminada, entendida y vivida en los corazones de su gente. Me refiero a ver esas «cosas que ojo no vio ni oído oyó ni han subido al corazón del hombre» (1Co 2.9). Son las verdades que el Señor afirma que ha preparado para los que lo amamos. Es la revelación que llega mediante la acción del Espíritu a aquellos que se sujetan a él; que es dada por el deseo genuino de conocer íntimamente al Dios que revela sus misterios. Con el mismo anhelo y expectativa que los discípulos aguardaron la promesa del Espíritu, también nosotros debemos esperar la revelación de su voluntad, de su poder, de su amor. Es bueno que nuestra oración a Dios sea: «¡Habla, que tu siervo escucha… porque te ANHELO!» ¡No solo porque necesitas oír su voz, sino porque lo deseas a él y anhelas entender lo que él ha revelado en su Palabra!

  1. A veces lo que queremos oír se opone a lo que necesitamos oír

Tres veces acudió Samuel a Elí para averiguar por qué lo llamaba. Ni siquiera pensó en otras posibilidades. Samuel creía que el único que podía hablarle era Elí. «Solo Elí estaba con él». Su oído estaba predispuesto a escuchar lo que él ya conocía. Me pregunto cuántas veces me habrá hablado el Señor y como no dijo lo que yo quería oír seguí repitiendo: «¡Dios no me responde!»

Esta es una de las luchas más grandes de nuestra vida. Escuchar lo que no queremos oír y obedecer a eso. Tuve una novia que amaba mucho. Cuando estaba con ella, me sentía lejos de Dios, cuando estaba lejos de ella, me sentía en paz con Dios. Un día escuché a un predicador comentar lo siguiente por la radio:

«Es como cuando uno tiene un diezmo en la bolsa desde hace tres días porque no lo ha podido entregar en la iglesia, suéltelo en el nombre de Jesús, suelte esa relación que no le conviene». ¡Aunque usted no lo crea!, ese día yo andaba con el diezmo en la bolsa y tenía tres días de no haberlo entregado. Lo primero que dije fue: «Cochino diablo» y después; gracias Señor por hablarme aunque yo quiero a esta chica. Con el dolor de mi alma la dejé. Después de esa decisión, Dios me ha recompensado con mi esposa Jackelyn, la cual es una mujer maravillosa. ¿Pero si no lo hubiera hecho? Seguramente hoy estaría contándole de mi divorcio.

¡Habla que tu siervo escucha, aunque lo que me pidas sea difícil!

Dios habla, desde el principio lo ha hecho y hasta el fin lo hará. Dios responde, siempre lo ha hecho. Dios confronta. Dios guía. Dios orienta. Sea con una mula, con piedras, con un ejemplo, con la vida misma, con un suspiro, con una historia, o con su propia voz. El punto no es si él habla, sino si nosotros sabemos o queremos escucharlo.

El hermano del hijo pródigo habló con el padre de ambos quejándose de que él siempre había estado allí y nunca le habían dado ni siquiera un cabrito para celebrar con sus amigos. El padre le dijo, entonces: «lo tienes todo», solo que no te has dado cuenta. Felipe le pidió a Jesús, «muéstranos al Padre y nos basta». Jesús le respondió: «Tanto tiempo he estado con ustedes y ¿y no me conocen?»

Amigo líder, Dios está más cerca de lo que crees, y su respuesta está en tu oído. Solo necesitas decir ¡Habla que quiero servir, habla que solo quiero oír tu voz, habla que quiero dejar de dormir, habla que quiero tu revelación, habla aunque cueste hacer lo que dices!, Solo ¡habla que tu siervo escucha!

Extracto de “¡Habla que tu siervo escucha!”

Por Marco Vega


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HABLA QUE TU SIERVO ESCUCHA (PARTE 1)

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