1. Para los que han tenido o tienen conductas homosexuales: ¿Có­mo liberarse?

Primer paso: Acepta a Cristo en tu corazón. La Biblia dice que lo que re­sulta imposible para los hombres, es posible para Dios, Lucas 18:27. Cuando Jesucristo viene a tu corazón, se implanta Su naturaleza en tu ser; ya no estarás solo. Él viene a vivir en tu vida. ¡Te dará fuerzas! ¡Cristo es la puerta para el cambio en tu vida!

Segundo paso: Renuncia al pecado de la homosexualidad. Es imposible ser cristiano auténtico y a la vez homosexual; 1a Juan 3:8: “el que practica el pecado (es decir el que persiste en andar en el pecado) es del diablo; porque el diablo peca desde el principio”.

La homosexualidad atenta contra el plan de Dios para el hombre. La Biblia la condena de manera terminante, Levítico 20:13 y 18:22; 1a Corintios 6:9; 1a Timoteo 1:9-10. Pablo en el libro de Romanos 1:26-27 condena la homosexualidad tanto en el hombre como en la mujer. La homosexualidad es una práctica pecaminosa.

Pero hay una salida; reconoce tu pecado, acepta el sacrificio que Cristo hizo en la Cruz, pide perdón y que su sangre preciosa limpie tu maldad. La Biblia, en Isaías 1:16 -18 dice: “lavaos y limpios; quitad la iniquidad de vuestras obras de delante de mis ojos; dejad de hacer lo malo; aprender a hacer el bien; buscad el juicio, restituid al agraviado, haced justicia al huér­fano, amparad a la viuda. Venid luego, dice Jehová, y estemos a cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanque­cidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana”.

Tercer paso: Procura y desea el cambio. Todo lo que pudiéramos ofrecer­lo es nada si no tienes el deseo de cambiar. No hay excusas para explicar tu negativa. Quisiéramos citar las palabras de Erwin J. Haeberle, quien hablando acerca del uso y las funciones de los órganos sexuales, dice: tenemos que reconocer que no es la “naturaleza” la que toma decisio­nes sobre cómo debe ser usado el cuerpo humano, sino la voluntad huma­na”.

Cuarto paso: Anímate al cambio. Una persona sí que puede dejar de ser homosexual Y conocemos sobrados casos que lo corroboran. ¿Por qué? Simplemente porque la función sexual es aprendible. Recorde­mos que la homosexualidad no es una enfermedad, sino un mal hábito, mala práctica o desviación sexual.

Si la función sexual es aprendible, entonces, todas las desviaciones son corregibles sobre la base de un sistema de aprendizaje, siempre y cuando ni sujeto en cuestión esté dispuesto. ¡Te animamos a que hoy puedas to­mar la decisión por el cambio!

Quinto paso: Reeduca tu vida sexual. Debes trabajar tanto en tus pensa­mientos como en tus acciones. Esto lleva mucho tiempo y debes mante­nerte en guardia, hasta que las nuevas experiencias dejen atrás a las vie­jas y sucias prácticas anticristianas.

  1. Para los que tienen miedo a ser homosexuales ¿Cómo superarlo?

El miedo a ser homosexual o el temor a que se “despierte algo” cuando se está cerca de un homosexual, se denomina homofobia (homo: igual, fobia: temor). Para algunas personas puede transformarse en una obsesión. Según la estadística que hemos hecho entre iglesias evangélicas, el 25% de los jóvenes en algún momento sintió miedo de ser homosexual, pero sólo el 8% experimentó atracción hacia alguien del mismo sexo.

Como el temor es tan grande, queremos traer alivio a tu corazón y quitar los fantasmas que te confunden, a fin de que puedas distinguir lo normal de aquello que no lo es.

Durante la pubertad y la adolescencia, es normal que uno se sienta mucho mejor con alguien del mismo sexo porque se siente comprendido, puede hablar sin tapujos, contarse cosas íntimas, etc. Durante este período de la vida (la adolescencia) se crean las amistades más fuertes, a prueba de todo y, muchas veces, para siempre.

Es entonces cuando nos sentimos tan unidos con el otro, que empezamos a tener miedo y preguntarnos: “¿seré raro?”, o “quiero tanto a mi amigo: ¿seré homosexual?”.

Pero eso no es verdad. Es una etapa de crecimiento cuando la amistad se siente muy fuerte, no des lugar a pensamientos que te perturben. Ni jue­gues con ideas que no convienen. Desecha eso y nutre tu mente de cosas agradables.

  1. Para los que tienen que relacionarse con homosexuales: ¿Cómo tratarlos?

Recordando que Dios ama al pecador, pero condena el pecado. Jesús estuvo cerca de los marginados y las minorías excluidas de la sociedad, los amó verdaderamente. No por ello consintió sus pecados. A la mujer adúltera le dijo: “no peques más”. Nuestro proceder debe ser imitar al del maestro. Entender y amar, sin por ello aprobar.

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