ERRORES COMUNES QUE COMENTEMOS CUANDO RECIÉN EMPEZAMOS

Recuerdo cuando me sentaba a ver jugar a mi hijo al juego para computadora de Lego Star Wars. Cierto día, mientras lo miraba morir en el campo de batalla una y otra vez, se me ocurrió pensar que una de las grandes ventajas de los juegos electrónicos es que, si a uno lo matan en combate, siempre tiene la posibilidad de comenzar de nuevo como si nada hubiese pasado. Sin embargo, no es así en la vida real. Cuando caemos en alguna trampa y «morimos» o somos «heridos» financieramente, las consecuencias de nuestras malas decisiones nos acompañan en los años por venir, y en algunos casos para toda la vida. Por otro lado, es importante aclarar que todo el mundo «mete la pata» en algún momento. Es una característica de los seres humanos. Sin embargo, si yo puedo ayudarte a no cometer los mismos errores que cometí cuando tenía tu edad, entonces puedo ponerte sobre una plataforma que te llevará mucho más lejos económicamente, ¡y eso me hará muy feliz! Los errores más comunes son los siguientes:

1. COMPRAR COSAS QUE NO NECESITAS CON DINERO QUE NO TIENES

Esto es, en realidad, más común de lo que crees. Tienes tu primer trabajo, estas ganando algo de dinero, y piensas que por fin «mereces darte un gusto». Eso no es malo, siempre y cuando tengas el efectivo para hacer las compras y los gustos no sean demasiados. También debes considerar tus compras a la luz de la voluntad del verdadero Dueño de tu dinero. ¿Cómo gastaría ese dinero Jesús? ¿Cómo quisiera Dios que inviertas los recursos que él está poniendo en tus manos? Piénsalo… La otra razón por la que uno llega a comprar cosas que no necesita es la presión de los amigos y de las oficinas de mercadeo en las grandes empresas por venderte los últimos gritos de la moda. ¡Resiste!

2. CONFUNDIR NECESIDADES CON DESEOS

Ejercítate en distinguir qué cosas son necesidades y qué cosas son deseos. Cuando tomé mis clases de psicología en la universidad aprendí sobre la famosa «Pirámide de Maslow». Esa escala divide las necesidades del ser humano en cinco áreas generales, que van desde las necesidades más básicas (fisiológicas), hasta la necesidad de sentirse realizados (pasando por las necesidades de seguridad, pertenencia y autoestima).

Sin embargo, para no hilar tan fino, a los propósitos de este libro voy a definir como «necesidad económica» todas aquellas cosas que realmente necesitamos para sobrevivir: comida, vestimenta, un techo sobre nuestra cabeza, etc. No solamente cosas materiales o corporales, sino todo aquello que estemos verdaderamente necesitando para nuestra supervivencia como seres humanos (por ejemplo: seguridad, salud, transporte, etc.).

Debemos colocar nuestras necesidades en el nivel de prioridad más alto. Debemos buscar suplirlas a toda costa. Allí deben ir nuestros recursos financieros sin mayores dudas ni retrasos. Cuando hablamos de las compras que tenemos que hacer, todo aquello que no es una necesidad, es un deseo. Ya sea un «deseo de calidad» («DC»), mediante el cual queremos satisfacer una necesidad con algo que tenga una calidad más alta, o bien un deseo «propiamente dicho», que significa que simplemente quisiéramos tener algo que nos gusta (lo llamaremos «deseo» y lo identificaremos con la letra «D»).

Un DC podría ser, por ejemplo, un buen pedazo de bistec en lugar de una hamburguesa. El alimento es una necesidad básica del cuerpo. Pero, en este caso, uno está queriendo satisfacer esa necesidad con un producto más costoso y de más alta calidad: un bistec. Lo mismo podría ocurrir en todas las otras áreas de necesidades reales en nuestra vida: podemos comprar un vestido en una tienda de vestidos usados o podemos comprar uno de alta confección. En ambos casos, la vestimenta es una necesidad, pero la forma en la que queremos satisfacer esa necesidad puede transformar la compra en un deseo.

Un D es todo aquello que no tiene nada que ver con una necesidad. Comprarnos un gabinete para el televisor, una mesa para el patio de la casa, una videograbadora, un velero… Incluso comprar una propiedad para hacer negocio con ella pueden ser ejemplos de este tipo de deseos.

El secreto está aquí: deberíamos satisfacer nuestros deseos solamente después de satisfacer nuestras necesidades, y solamente si tenemos los recursos económicos para hacerlo.

¿Comprendes a dónde voy con esto? Presta atención, porque antes de salir de compras es importante que tengas claro lo que es una necesidad y lo que es un deseo. En estos días la gente tiene la tendencia de decir: «Necesito una computadora» o «necesitamos una cámara de sacar fotos», cuando, en realidad, deberían estar diciendo: «¡Cómo quisiera comprarme una computadora!» o «¡Cómo nos gustaría tener una cámara de sacar fotos!».

Lamentablemente, a lo largo de los últimos treinta años hemos sufrido un proceso de condicionamiento que nos hace hablar de «necesidades» en vez de reconocer nuestros deseos. Al hablar así, creamos una ansiedad interior que nos impulsa a querer satisfacer esa supuesta «necesidad». Y es entonces cuando invertimos nuestro dinero en cosas que realmente podrían esperar, o que directamente podíamos no comprar nunca, y nos olvidamos de proveer para aquellas cosas que realmente necesitamos (ya sea en forma inmediata o a largo plazo).

3. ACUMULAR DEUDAS INNECESARIAS.

Hay una muy buena razón por la que Salomón nos dice en Proverbios 22.7 que: «… los deudores son esclavos de sus acreedores», ¡y es porque esa es la pura verdad!

Tengo cientos de historias de terror con respecto al tema de las deudas. Yo sé que quizás todavía no has encontrado una pareja o no estás pensando en casarte en los próximos meses. De todos modos quiero decirte que, a pesar de no tener un estudio científico que me apoye, luego de viajar casi 2 millones de kilómetros alrededor del mundo, mi experiencia me dice que un alto porcentaje de parejas que se divorcian (quizás entre el sesenta y el setenta por ciento), tienen problemas de dinero como parte del proceso del divorcio, y una buena cantidad de parejas (entre el cuarenta y el cuarenta y cinco por ciento) se divorcian primordialmente por cuestiones económicas.

Alex Veiga, de la Associated Press, dice que el dinero es la razón número uno por la que los casamientos terminan en divorcio en Estados Unidos. Sinceramente no creo que esto sea muy diferente para el resto de los países del continente americano. Ese es el motivo por el cual quiero ayudarte a que evites los problemas de dinero antes de que ocurran.

Gracias a Dios en muchos países latinoamericanos hay universidades gratuitas, pero en los Estados Unidos, por ejemplo, el estudiante típico debe en préstamos estudiantiles ¡unos 34.700 dólares! Te puedes imaginar lo que sucede cuando dos deudas de estas se enamoran y quieren casarse… Por eso tenemos un taller que se llama «Hasta que el dinero los separe». Las finanzas en las parejas jóvenes causan mucho estrés. Por favor… ¡Huye de las deudas como de la plaga!

Extracto del libro Finanzas Inteligentes Para Una Nueva Generación

Por Andrés Panasiuk

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