Queremos contarte acerca de Harry, el que fuera sumo sacerdote del satanismo, para ilustrar un punto débil que compartimos con él. La mamá de Harry había sido una sacerdotisa de alto rango del satanismo y lo había preparado a él para su papel secreto en la adoración al diablo. Harry estaba profundamente metido en el satanismo, a un nivel que muy pocas personas conocen.

Él había decidido salirse del satanismo seis meses antes de que viniera a verme —Neil— pero cuando trató de hacerlo, los poderes de las tinieblas se aferraron a su presa en forma aterradora, que produjeron violentos arrebatos de cólera. La dueña de la casa donde Harry vivía estaba muy asustada por lo que llamó a los paramédicos. La influencia demoníaca era tan fuerte que se necesitó de siete paramédicos para sujetarlo. Los médicos no encontraron nada malo luego de tenerlo en observación todo un día y le dieron de alta. Luego de varios intentos inútiles para salirse del satanismo Harry vino finalmente a verme. Una vez que estuvo sentado, dijo: «Usted no tiene idea de la clase de poder con que se está enfrentando».

Le contesté tranquilamente: «Sí, creo que entiendo el poder de Satanás pero, obviamente, usted no tiene idea del poder de Dios. Usted dice que quiere salirse de las tinieblas, pero ha descubierto que no puede hacerlo por cuenta propia. Para quedar libre usted debe optar por Cristo como Señor suyo; solamente Él puede liberarle ¿Está usted preparado para optar por Cristo?».

Harry empezó a estremecerse un poco y me di cuenta que el enemigo no iba a soltarlo sin pelear. Decidí que yo necesitaba algún apoyo extra de oración y rendición de cuentas, así que dejé a Harry en mi oficina y fui a buscar a alguien que pudiera unírseme. La única persona que pude encontrar fue el conserje del edificio que accedió venir a mi oficina y orar mientras yo trataba a Harry. El conserje era un buen cristiano que había servido como anciano de nuestra iglesia, pero yo sabía que ¡nunca había visto nada como lo que estaba por presenciar!

Me senté frente a Harry y pregunté: «Harry, ¿está usted preparado para decidirse por Cristo?». Empezó a temblar un poco en su silla y, de repente, explotó rugiendo, se puso de pie y pareció que lo lanzaban al otro lado de la pieza. Aulló y gritó y se revolcó por la oficina como un loco. Los demonios que le controlaban estaban usando su mente, su voluntad, sus músculos y sus emociones en un ruidoso despliegue de resistencia.

El conserje estaba aplastado contra la pared a estas alturas, ¡orando como nunca antes en toda su vida! pero yo seguía sentado tranquilamente. Hacía tiempo que había aprendido que la demostración de poder que hace el diablo es solamente otra manera en que trata de asustarnos. El sabe que si puede engañamos para que nos asustemos, el miedo nos dominará en lugar de la fe.

Satanás, «como león rugiente, anda alrededor buscando a quién devorar» (1 Pedro 5:8), pero no nos puede tocar debido a nuestra posición, autoridad y protección en Cristo. El miedo es un controlador potente y si te acobardas frente a la demostración de poder del diablo, te ha puesto a la defensiva, pero Pedro nos instruyó «resistid firmes en la fe» (1 Pedro 5:9). Satanás está derrotado; créelo y resístele; cuando lo hagas, no tiene opción sino, al fin de cuentas, irse.

Mientras el diablo me rugía a través de aquel hombre, empecé a leer en voz alta la Biblia y oré con voz normal y controlada pidiendo que el enemigo fuera silenciado y atado. La parte de la Escritura que suelo leer en estos encuentros es Efesios 1 que describe claramente nuestra posición y autoridad en Cristo.

Luego de haber pasado varios minutos asumiendo la autoridad en Cristo por medio de la oración y la lectura de la Biblia, Harry cayó de bruces delante de mí, gritando: «¡Señor Jesús, te necesito!». Lo dirigí en una oración de compromiso a Cristo y cuando, por fin, se paró, Harry estaba libre. Abrazó al conserje y a mí con un gozo infantil que nunca había sentido antes.

Aunque Harry fue liberado del control del diablo en su vida, tuvo problemas para permanecer libre. Era como un alcohólico que se entrega a Cristo. Cuando un alcohólico recibe a Cristo, está totalmente vivo en espíritu, pero, a menos que Dios intervenga de manera desacostumbrada, tiene que vivir con el daño que ha hecho a su hígado, y con las pautas, hábitos y anhelos que se han grabado en su cerebro a través de los años. En forma similar Harry había estado tan profundamente metido en los rituales satánicos durante casi toda su vida que no podía alejarse de su pasado como si no hubiera ocurrido, cuando hizo la decisión por Cristo. Siguió batallando con los efectos físicos, mentales y emocionales de sus ataduras.

Otros satanistas habían atentado varias veces contra la vida de Harry y lo molestaban mentalmente día y noche. Estos se pusieron en contacto con él y acordaron dejar de acosarlo con ataques demoníacos si él firmaba un pacto de no volver a compartir su testimonio, como lo había hecho en nuestra iglesia. Harry firmó el documento y, desde entonces, no volví a saber de él. Nunca hagas un trato con el diablo.

Extracto del libro Rompiendo Las Cadenas Edición Para Jóvenes

Por Neil T. Anderson y Dave Park

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