PALABRAS DE KAREN LACOTA

La mayoría de los que se inician en las drogas son jóvenes menores de veinte años, y entre ellos hay también cristianos. Muchos las probarán sin pensar, por presión del grupo, o simplemente por curiosidad… sin dimensionar que esta puede ser la puerta a un mundo de adicciones que no les traerá más que dolor y destrucción.

Las drogas se han instalado en medio nuestro, al igual que el alcohol y las pastillas. Son un enemigo que ha sido aceptado a nivel social entre los jóvenes. De hecho, tal vez porque en las películas y series televisivas lo muestran como algo normal, se han banalizado sus daños y se ha minimizado su impacto…. Por otro lado, es sabido que la familia como institución está en crisis, y que la educación en las escuelas está devaluada. Esto es un problema, ya que ambas resultan clave para la socialización del niño y el adolescente… Ante esta realidad, la iglesia adquiere una posición relevante, y debe actuar a través de sus líderes y consejeros. Estos deben comprometerse, no solo con el adolescente, sino también con su entorno inmediato, el cual incluye su familia y su escuela también.

Además, desde una perspectiva educativa se observa un grave impacto asociado al consumo de drogas, ya que este tiene graves repercusiones a nivel físico, psicológico, y cognitivo. Por ejemplo, se producen déficits de memoria y también un deterioro de las funciones ejecutivas. Ante esta realidad, los educadores (docentes, padres, líderes, otros adultos responsables) debemos trabajar para la prevención.

TRABAJANDO EN LA PREVENCIÓN CON LOS AGENTES INVOLUCRADOS

Unir fuerzas con las familias y con las instituciones escolares es fundamental para abordar esta problemática desde todos los frentes. La riqueza de matices que se encuentran en una comunidad de trabajo debe ser valorada y reconocida como una fuerza para alcanzar objetivos enfocados en el beneficio de los adolescentes.

En la mayoría de los casos, los padres no cuentan con las herramientas necesarias para acompañar a sus hijos durante su desarrollo físico, espiritual y psicosocial, por lo que valorarán toda la ayuda que se les pueda ofrecer. Por otro lado, las escuelas luchan también con la problemática del consumo y adicción a las drogas, así que esta es una oportunidad para que la iglesia se involucre y les brinde apoyo a través de propuestas que abarquen el aspecto físico, emocional y espiritual de los adolescentes. Recuerda hacerlo con una actitud de servicio y humildad hacia los directivos y docentes

Por ejemplo, nuestra iglesia local ha conseguido ingresar a instituciones educativas del sector público y privado, ofreciendo apoyo y acompañamiento a los estudiantes y docentes. Los líderes han sido bien recibidos como orientadores pedagógicos, y han logrado tener un espacio para crear conciencia y para acompañar a los adolescentes en las diversas problemáticas que atraviesan, incluyendo el consumo de drogas. Este es un caso concreto de cómo es posible que una comunidad de fe se acerque a la comunidad, no solo para proponer medidas preventivas y acompañamiento, sino también con la valiosa oportunidad de dar a conocer a Jesús de manera estratégica e inteligente, atendiendo a que en muchos países se presenta resistencia para hablar de Cristo en las instituciones públicas.

ENFOQUE EN LA PREVENCIÓN DENTRO DE LAS COMUNIDADES EDUCATIVAS

No debemos esperar para apagar incendios, sino que debemos evitar que los mismos se produzcan. Para ello, necesitaremos identificar cualquier amenaza latente, y establecer planes de acción preventivos, en los que las familias, la escuela y la iglesia trabajen de manera conjunta y coordinada.

Aquí te comparto algunos aspectos a tener en cuenta para crear una cultura de protección, prevención y resistencia frente al consumo de drogas:

1. Desalentar el uso inicial.

Dada la peligrosidad de las drogas y sus efectos irreversibles sobre el comportamiento humano, la salud, y el desarrollo psicológico, los organismos internacionales recomiendan desalentar el uso inicial. Para ello será necesario establecer programas de protección y de resistencia ante la actual epidemia de consumo, proponiendo acciones que involucren también una formación en los principios bíblicos.

En lo que hace a los padres y otros adultos responsables, podemos proponer programas para el fortalecimiento familiar (relación entre esposos, y entre padres e hijos), educar sobre las conductas de riesgo y sobre los ambientes que propician el consumo de drogas, brindar información sobre los distintos tipos de drogas que existen en la actualidad y sus efectos, y ofrecer capacitaciones sobre manejo de situaciones conflictivas y el desarrollo de habilidades para la resolución de conflictos, entre otros.

En lo que hace a los adolescentes, debemos trabajar en el fortalecimiento de su autoestima, ayudarlos a elaborar su proyecto de vida y a que descubran su vocación por medio de tests de orientación vocacional o reflexionando acerca de sus destrezas y habilidades más significativas, crear espacios para que desarrollen sus habilidades espirituales, deportivas, artísticas, de organización, e intelectuales, entre otras, ofrecerles oportunidades de realizar servicios comunitarios en sus escuelas, familias e iglesia, darles sentido de pertenencia en su comunidad de fe, y fomentar que tengan dentro de la iglesia adultos referentes que los validen y los acompañen.

2. Trabajar para la prevención desde temprana edad.

Es importante que, como líder de adolescentes, involucres también a los líderes, maestros y padres de niños desde la primera infancia, con el fin de concientizarlos y alertarles sobre los riesgos, amenazas y consecuencias del consumo de drogas antes de que a sus hijos se les presente la oportunidad. Por ejemplo, en la escuela de nuestra congregación hemos iniciado capacitaciones con el fin de brindar toda la información posible, creando conciencia en los padres de niños pequeños a partir de los dos años de edad. Lo hacemos con el objetivo de que los padres tomen medidas preventivas, realicen los ajustes necesarios a tiempo, y evalúen constantemente su clima familiar, a fin de erradicar toda posible amenaza que posteriormente pudiera facilitar el inicio en el consumo durante la preadolescencia y la adolescencia.

3. Trabajar de manera planificada.

Esto implica establecer una estructura de trabajo que contemple los objetivos, el alcance, las actividades, el cronograma, los recursos necesarios, los responsables, los beneficiarios, y otros aspectos que ayudarán a darle continuidad en el tiempo a nuestras acciones de prevención, así como también a realizar ajustes y proponer mejoras.

Extracto del libro “Manual de Consejería Para el Trabajo con Adolescentes”. Por autores varios.

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