PALABRAS DE ESTEBAN OBANDO

La Iglesia, la bendita Iglesia de Dios… La Iglesia es un lugar extraño. Si se maneja adecuadamente, es una institución que sirve, ayuda y apoya a los demás. Después de la familia, no existe otro lugar tan cercano y con intenciones tan buenas como la Iglesia para dar contención a los problemas de los chicos. Y en la cuestión del abandono escolar, no es la excepción. Aunque también debemos reconocer que hace muchos años llegó a predicarse desde algunos púlpitos que ya no era necesario estudiar, porque Jesucristo venía pronto. (¡¿No lo sabías?!) Además, se consideraba a la educación teológica como algo noble, y a ciertas ramas de la educación «secular» (no sé si realmente exista tal cosa) como algo menos noble. Gracias a Dios hoy hemos superado todo esto.

Una de las áreas en las que el joven se está desarrollando es el área intelectual. Esto (en términos muy simples) quiere decir que Dios les ha dado a ellos la capacidad de pensar distinto de como lo hacían cuando eran niños. Su cerebro hace preguntas que antes no hacía, y ahora están capacitados para ir más profundo en sus pensamientos, criterios y conocimientos. Así que, desde este punto de vista, la escuela no es solo un asunto de «poder ganarse la vida». No es solo un medio para obtener un buen empleo y hacer dinero y poder casarse y comprar una casa. La educación es una forma de culto a Dios. Es honrar ese regalo que Él nos hizo cuando nos dio un cerebro tan complejo y con tantas capacidades. Estudiar es muy espiritual. Es honrar la capacidad de aprender que Dios nos dio.

Y es que incluso el conocer a Dios es un ejercicio académico. Implica ir a su Palabra e investigar, para finalmente dar paso a la parte de verdadera experiencia. Y a pesar de que mucho conocimiento sin espiritualidad es peligroso, mucha espiritualidad sin conocimiento también lo es. Es la iglesia entonces la que debe servir como plataforma para gritarles a los adolescentes: «¡Estudien! ¡Les va a hacer bien!»

¿Escuchaste alguna vez a un adolescente quejarse por las materias que recibe en la secundaria? Algunos se quejan airadamente de las matemáticas o las ciencias… porque, a fin de cuentas, «no volverán a ver estas materias en el futuro», ya que su línea de estudio será otra. Evidentemente esta es una expresión juvenil inmadura. En tus consejerías, recuérdales que cada cosa que aprendan fortalece diferentes partes del cerebro que les ayudarán a pensar distinto y a ver las cosas de un modo que las personas sin estudio no miran. Y todo contribuirá a formar en ellos una visión más compleja del mundo, la cual les permitirá enfrentarlo con mayor facilidad. Así sean artes plásticas o música, todo contribuye a la educación integral de un adolescente. Y creo firmemente que esto debería de reforzarse desde la consejería juvenil.

Recuérdales también que muchos de los grandes e influyentes hombres y mujeres de Dios fueron personas estudiadas. Y Josué 1.9 no es solo un asunto de batallas espirituales. «Esfuérzate y sé valiente» se aplica al estudio también. Debemos esforzarnos en todas las cosas que hacemos, aun en las que no parezcan tan «espirituales».

El apóstol Pablo, por su parte, nos ofrece en Filipenses 3 todo un curriculum vitae de lo que él era. Él era un hombre educado, un hombre que podía hacer frente a eruditos griegos en el areópago porque tenía un trasfondo de educación superior. Y qué decir de Moisés, que fue educado en las cortes, en el equivalente a las mejores universidades del mundo de su época. No fue a cualquiera que Dios eligió, fue a Moisés. Y no quiero decir con esto que quienes no estudian no son contemplados por Dios para su trabajo. Lo que estoy diciendo es que Dios honra la educación y usa a quien se prepara.

Recuérdales además a tus adolescentes estos tres elementos que son importantes en el tema de la educación (y en la prevención del abandono):

1. Los estudios requieren esfuerzo, sí. Pero es la perseverancia la que les da a los estudiantes ese sabor a miel al final de su esfuerzo. Es el mismo Pablo quien nos recuerda esto en Gálatas 6.9. No podemos confrontar el abandono escolar con el argumento de: «¡Ánimo, esto es fácil!», porque ¡no lo es! Se requiere esfuerzo, perseverancia y compromiso. Pero podemos prometerles a los adolescentes que verán los frutos… ¡sí que los verán!

2. Los estudios son una muestra de adoración a Dios. Pablo nos recuerda esto en Colosenses 3.23. Cualquier cosa que hacemos, la hacemos para el Señor. He visto a muchos jóvenes con un deseo honesto y genuino por seguir a Dios y por amarle incondicionalmente, pero que no quieren pagar el precio en esta área. ¡Anímales a que esto también es honrar a Dios! Si hay honestidad en sus corazones, es posible que esto los anime. Muchos de ellos nunca vieron sus estudios como una forma de alabanza a Dios. ¡Encárgate de que sepan que sí lo es!

3. Los estudios son una herramienta de servicio. Enfoca a tus adolescentes en este sentido. Típicamente el estudio es algo que hago «para mí». Para mi bienestar. Para satisfacer mis necesidades y comprar mis cosas. Para que mi familia esté mejor. Sin embargo, hay mucho altruismo entre los adolescentes. Ellos suelen preocuparse por los demás. ¡Aprovecha esto! (Efesios 4.28).

Una persona instruida puede estar en mejores condiciones de ayudar a otros, ya sea con el dinero que gana, o directamente con su profesión. Si nuestros adolescentes están bien enfocados, sabiendo que es difícil, pero que honra a Dios, y que además puede servir para ayudar a los demás, entonces será más fácil que no se den por vencidos, que se esfuercen y prosigan con sus estudios. Y si además los estudios se convierten en una herramienta ministerial, y ellos entienden que es algo que hacen para Dios, entonces tanto más motivados estarán.

Extracto del libro “Manual de Consejería Para el Trabajo con Adolescentes”

Por autores varios.

DEJA UNA RESPUESTA

Please enter your comment!
Please enter your name here