DEJA DE ESCUCHAR LA MENTIRA

Un día, mi hija Lexi y yo (Dannah) cambiábamos de canales de televisión, cuando llegamos al programa “My Super Sweet Sixteen”. Tal vez ya lo has visto. El “reality show” hace un seguimiento a quinceañeras malcriadas mientras planean su fiesta de cumpleaños número 16 conforme a una etiqueta de precio con un presupuesto entre los 10.000 y los 500.000 dólares. Una chica planeó una fiesta rosa, con perros lanudos de color rosa, comida rosa, y un pastel rosa. Solo le faltaba un auto de color rosa. (Pero espera, ¡ya tenía dos autos!). Intrigadas por la evidente insensatez del programa, Lexi y yo lo vimos.

“¿Qué piensas de eso?” —le pregunté a Lexi en un corte de comerciales.

“Creo que es una estupidez” —respondió, para mi deleite.

“¿Crees que está bien ver ese programa?” —pregunté.

“Está bien” —respondió indecisa—. “Es evidente lo malcriadas que son y que nadie desearía ser como ellas. Solo me asustaría que por ver tanto un programa así, yo empezara a comportarme igual”.

¡Exacto! Exponerte a mentiras, sin importar cuán inocentes parezcan, es el primer paso para creerlas. La regla número uno para triunfar sobre las mentiras es: dejar de escucharlas.

Examina lo que dejas entrar en tu mente a través de la televisión, las películas, la Internet, la música y aun las conversaciones con amigos. Puede parecerte que no te hará daño exponerte a modelos impíos de pensamiento en esos medios, pero quizá no te des cuenta con qué sutileza pueden influir en tu pensamiento esas filosofías engañosas. Por eso Dios promete una bendición especial a quienes no andan “en consejo de malos” ni están “en camino de pecadores” ni “en silla de escarnecedores se ha sentado” (Sal.1:1).

(Si las mentiras que más te preocupan son aquellas a las que no has elegido exponerte —como un padre que te dice que eres estúpida o una abuela que insiste en que tu nueva fe no es más que una “muleta” pasajera— es posible que no puedas evitarlas, pero sí puedes detener su progreso. ¡Pon atención a lo que sigue!).

DEJA DE CONSIDERAR LA MENTIRA

Si oír es el primer paso para exponerse a una mentira, considerarla es el siguiente. Oír es como un aviso momentáneo, y a menudo una exposición curiosa. Considerar es una mirada fija e intencional, es dejar que esa mentira se introduzca en tu vida, ya sea en sentido literal o figurado.

Melissa Moore, hija de la maestra bíblica Beth Moore, sabe algo acerca de considerar una mentira. Durante su primer año de secundaria, Melissa fue seducida por la industria de la moda y se volvió obsesiva con la moda, las revistas de moda, y la talla corporal. Al leer esas revistas de moda, creyó la mentira de que la belleza se mide según lo que una persona pesa, o mejor, lo que no pesa. Oyó la mentira. Luego, empezó a considerarla. Cubrió las paredes de su habitación con recortes de revistas. Ella recuerda: “Las paredes estaban cubiertas de recortes de revistas de Elizabeth Hurley y Kate Moss. Había superpuesto imágenes de mujeres que parecían esqueletos. Las pegué en mis paredes como recordatorio de que yo tenía prohibido comer y de que era gorda. Siempre observaba las imágenes con un profundo sentimiento de indignidad y vergüenza”. Cuanto más meditaba en esas y otras mentiras, más empezaba a creerlas y a obrar conforme a ellas. Se hundió de cabeza en un extenso período de ayuno hasta que logró quedar “esquelética, famosa, y absolutamente infeliz”.

No es difícil ver cómo llegamos a considerar las mentiras. Puede que hayas puesto imágenes de modelos esqueléticas en las paredes de tu habitación. Quizá las imágenes no sean de chicas con quienes te comparas, sino de chicos a quienes codicias. Tal vez visites con regularidad sitios de Internet que te enseñan cómo cortarte o atracarte de comida. Quizá llenes tu casillero de comida basura y solo esperas que suene la campana para salir corriendo a McDonald’s.

Si quieres ser libre de la esclavitud de esas mentiras, tienes que dejar de alimentarlas y considerarlas. Lo más probable es que esto precise un cambio en tu vida diaria. Tal vez por un tiempo no debas ir de compras para dominar tu impulso por comprar lo que no necesitas o no puedes pagar (y terminar en la esclavitud de una deuda por usar tarjetas de crédito). Quizá necesites deshacerte de tu teléfono celular durante unas semanas para dejar de vivir en función de tus mensajes de texto.

Cuando por fin Melissa se dio cuenta de lo que esos recortes de revista le estaban haciendo a su espíritu, ella y su madre tomaron medidas drásticas: arrancaron de las paredes esas imágenes. Con mucha oración, consejería, y disciplina, ella pudo recuperar algo de peso y poner fin a un desorden alimenticio que se había salido de control.

¿Estás esclavizada por una actitud o un hábito pecaminoso que se alimenta cuando oyes y consideras mentiras?

Mientras sigas atacando las ramas y no la raíz del problema, seguirás en derrota. Tu verdadero problema no es tu imagen equivocada de ti misma, ni tener sexo con tu novio, ni mentir. No lo es más de lo que fue la manzana para Eva. Hay mentiras subyacentes que has creído y que te han vuelto susceptible a caer en estas formas de esclavitud. Si quieres libertad, tienes que identificar cuáles son esas mentiras y eliminar todo lo que las ha alimentado hasta ahora. ¿Ves cómo funciona?

DE LA ESCLAVITUD A LA LIBERTAD

Ser libre de la esclavitud no es algo que ocurra de la noche a la mañana, sino un proceso continuo. Estos son tres pasos que te ayudarán en ese proceso:

1. Identifica las áreas de esclavitud y de conducta pecaminosa.

2. Identifica la(s) mentira(s) que son la raíz de esa esclavitud.

3. Reemplaza la(s) mentira(s) con la verdad.

En los últimos capítulos hablaremos más de cómo contrarrestar las mentiras con la verdad. Pero primero dedica un momento a pensar en los dos primeros pasos.

1. ¿Qué área(s) de esclavitud y de conducta pecaminosa puedes identificar en tu vida?

La raíz de cada área de esclavitud o conducta pecaminosa en nuestra vida es una mentira —algo que hemos creído y que no es cierto conforme a la Palabra de Dios. Vuelve al índice y echa un vistazo a las mentiras que hemos tratado en el libro. Identifica una o más de esas mentiras (u otra que el Señor te haya mostrado) y que reconoces haber creído. (Quizá desees preguntarle a un amigo experimentado en la fe o a un consejero que te ayude a detectar la mentira que afecta tu comportamiento). Por ejemplo: “Necesito tener un novio”.

2. Anota las diferentes maneras como has alimentado esa mentira oyéndola o considerándola.

Por ejemplo: Pasar demasiado tiempo con amigas no cristianas que viven obsesionadas con los chicos y que leen todas esas revistas para jovencitas.

¿Qué necesitas hacer a partir de este momento para evitar oír o tomar en consideración esa mentira?

Ejemplo: Tengo que empezar a pasar más tiempo con mis amigas cristianas, en especial con _________________________ porque ella realmente está decidida a esperar el tiempo de Dios para conocer al chico de su vida. Hoy voy a quemar mi pila de revistas de CosmoGirl. Quizás invite a _____________________________ a la hoguera.

Para cerrar este capítulo, ora específicamente para que Dios te dé la gracia para emprender las acciones que acabas de anotar. Pídele que empiece a liberarte del poder de cualquier mentira que hayas llegado a creer.

Extracto del libro “Mentiras Que Las Jóvenes Creen”

Por Nancy Leigh DeMoss y Dannah Gresh

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