Texto:  Salmos 32:8 NTV

El Señor dice: «Te guiaré por el mejor sendero para tu vida; te aconsejaré y velaré por ti.

INTRODUCCIÓN:

Planificar, resolver problemas, mejorar la eficiencia, reducir los errores; todo esto depende de que usted sea capaz de tomar e implementar decisiones correctas. Decidir sobre algo significar hacer una elección o llegar a una conclusión y ninguna de las dos cosas es fácil. A veces hay que tomar decisiones muy difíciles; por ejemplo, mudarse, cambiar de trabajo, casarse, estudio, ponerse de novio/a, etc. Es vital poder tomar decisiones correctas, porque el bienestar, incluso la supervivencia, de una vida espiritual, depende casi enteramente de la calidad del proceso de la toma de decisiones.

 ¿QUÉ ES UNA DECISIÓN?

Adoptamos y ejecutamos muchas de nuestras decisiones en segundos. A veces es algo que se da tan rápido que casi no somos conscientes de ello.

Tomar una decisión es como estar en un cruce de caminos. Hay que elegir una opción entre dos o más alternativas. Estas opciones generalmente están limitadas por condicionantes, por ejemplo:

  • La situación en la que nos encontramos ahora.
  • La situación en la que quisiéramos estar en el futuro.
  • Los recursos disponibles.
  • Lo que los demás están dispuestos a aceptar.
  • El factor tiempo.

TIPOS DE DECISIONES

Rutinarias. decisiones comunes en relación con una gran variedad de cuestiones. Muchas veces se ahorra tiempo si estas decisiones las adopta una sola persona.

Urgentes. se dan rápidamente y pueden traer serias consecuencias si no se los resuelve inmediatamente. Aquí también muchas veces una persona los resolverá personalmente y dará explicaciones o se justificará luego.

Problemáticas. hay que tomarlas cuando emerge una dificultad y no hay una solución evidente. Generalmente resulta más útil que un grupo tome estas decisiones, e incluso que se consulte a gente externa al problema.

Consultivas. las decisiones que uno toma afectarán a otra gente. Muchas veces es importante hacer participar a los que se verán afectados por los resultados de la decisión.

También se puede distinguir entre decisiones programadas y no programadas.

Programadas. son las relativamente poco importantes o repetitivas. Comúnmente existen procedimientos o criterios preestablecidos para tomarlas. No involucran grandes riesgos y por lo tanto se pueden delegar con mayor facilidad.

No programadas. son las decisiones nuevas y donde los riesgos son altos. Se dan en situaciones inusuales o mal definidas, donde hay muchos cursos de acción posibles.

Para tomar buenas decisiones es importante dedicar un tiempo a meditar el problema o la cuestión.

Hay una cantidad de barreras que impiden pensar con claridad, incluyendo:

  • Las emociones. No tiene nada de malo que a uno le importe un problema, pero es vital desligarse de las emociones porque pueden nublar el entendimiento.
  • Estar demasiado pegado a la decisión. Uno puede tener una mejor perspectiva en relación con determinad decisión, si toma distancia.
  • Falta de tiempo. Si encuentra que toma malas decisiones por el apuro, debe reevaluar sus prioridades.
  • Presiones de otras personas. Puede sentir que otros esperan que sea “resolutivo” y actúe rápidamente. Pero ser resolutivo significa tomar una buena decisión, apreciar las evidencias cuidadosamente antes de actuar, y no necesariamente tomar una decisión rápida.

Las decisiones que tomamos determinan la clase de persona que seremos. En gran medida, quienes somos en el presente es el resultado de las decisiones que tomamos en el pasado. Nuestro carácter, valores, prioridades e intereses son consecuencia de nuestras decisiones.

Existen cuatro palabras que le pueden ayudar en sus decisiones.

ESPERE. Si debe tomar una decisión y reconoce que está molesto, grábese esta palabra en la mente. No haga nada por el momento, la palabra de Dios dice: “todos ustedes deben estar listos para escuchar; en cambio deben ser lentos para hablar y enojarse” (Santiago 1:19). Espere hasta que sus emociones estén bajo control. No actúe de manera impulsiva porque luego va a lamentarlo.

COMPARE lo que quiere hacer con la Palabra de DIos. Él nos ha creado, nos ama y quiere lo mejor para cada uno de nosotros. “Tu palabra es una lámpara a mis pies y una luz en mi camino” (4). La Biblia es el manual para vivir una vida fructífera, efectiva, y llena de felicidad. Por eso, espere, y luego corrobore con la Palabra lo que quiera hacer.

Busque SABIDURÍA en la Palabra y en consejeros sabios. “Cuando no hay consulta, los planes fracasan; el éxito depende de los muchos consejeros” (Proverbios 15:22) “pues la guerra se hace con buenos planes y la victoria depende de los muchos consejeros” (Proverbios 24:6).

EVALÚE. Deténgase y piense en las decisiones que podría tomar. Considere sus efectos y consecuencias en el tiempo. Busque perspectiva: “En dos o tres años, ¿cuáles serán las consecuencias de esta decisión, para mi o para los que me rodean?”

CONCLUSIÓN.

La vida entera está hecha de decisiones. Lo que haga de estas decisiones es lo que hará de sí mismo. No hay duda de que las decisiones que tome hoy y mañana y todos los días crearán una imagen de lo que usted es, de lo que quiere y de lo que va a hacer con la vida que quiere vivir.

Por Enrique Monterroza

DEJA UNA RESPUESTA

Please enter your comment!
Please enter your name here