Él quiere hijos dispuestos a vivir la aventura de creerle, porque nos ama, porque desea lo mejor para ti y para mí. Negar que podemos realizar aquello para lo que Dios nos escogió es un pecado de arrogancia.

Es creer que sabemos más que Dios. Muchos quieren servir a Dios pero, a la hora de las oportunidades, sólo quieren servirlo en calidad de consejeros. Su consejo es ‘no, no lo hagas’.

Muchos creen que son cristianos porque admiten la existencia de Dios y de Jesucristo. Dice tu Biblia que también los demonios creen y tiemblan (Santiago 2.19). Por estar en la dimensión espiritual, ¿qué dudas pueden tener de la existencia de Dios? Sin embargo no le creyeron a Dios; creyeron en su propia opinión y se rebelaron. Nosotros, ¿Le creemos realmente a Dios?

Había un gran trapecista, llamado Blondín, que hizo colocar una cuerda que cruzaba las cataratas del Niágara. Se juntaban multitudes para verlo cruzar la cuerda de un lado al otro sin ningún tipo de seguridad ni red. Un día, luego de cruzar con una carretilla de ladrillos, preguntó si creían que podía cruzar con una persona a cuestas. La multitud gritó entusiasmada que sí. Luego Blondín preguntó: ¿Quién de ustedes se ofrece como voluntario? Allí se hizo un silencio.

Una cosa es creer que Dios puede hacer algo grande, pero otra es ponjernos en sus manos para que nos lleve por la cuerda de los sueños.

Ser cristianos es una aventura de fe. Es un camino hacia el cumplimiento de los sueños de Dios para nuestras vidas. Decía el apóstol Pablo: ‘Porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad’ (Filipenses 2.13). Si tus sueños están en sintonía con las promesas de Dios, es porque su Espíritu Santo los puso en ti.

Es importante reconocer que lo mejor para nosotros no siempre es lo que nos parece mejor. Tampoco lo mejor es siempre lo más popular. No siempre lo realmente grande es lo que el mundo aplaude. Lo realmente grande es lo que hace una diferencia en la vida de otras personas.

Un cristiano exitoso es el que hace la voluntad de Dios y está lleno del fruto del Espíritu Santo (Gálatas 5.22-23). Puede que otros no te vean ni te aplaudan, pero si cumples con los sueños de Dios te vas a sentir muy feliz, y también vas a hacer feliz a otras personas.

Soñemos como el apóstol Pablo: ‘Prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús … una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás y extendiéndome a lo que está adelante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús’ (Filipenses 3.12-14).

¡Qué grandioso es compartir los sueños del Señor de las galaxias!

Dios nos llama a todos a ser de bendición. Que ese sea tu sueño más grande. En este tiempo de desesperanza el mundo está aguardando una generación de cristianos dispuestos a traer una luz de esperanza. ¿Serás uno de ellos?

Mi dialogo con Dios

¿Crees que Dios puede llevarte más allá de lo que imaginas? El diablo intentará por todos los medios convencerte de que no puedes cumplir tus sueños. Hasta te dirá que es más espiritual no tenerlos. ¡No le hagas caso! Practica cada uno de estos mandamientos para cumplir tus sueños y, sobre todo, ponte en la frecuencia de los sueños de Dios. Mantén una relación diaria, honesta y profunda con el Señor de los sueños.

Anota sobre qué vas a conversar con él. Si eres hijo de Dios, ¿No te parece que es hora de hablar con Papá sobre tus sueños?

Extracto de “Cumplir tus Sueños”

Por Lucas Leys


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