¿De Qué Se Trata?: Lo que comenzó como curiosidad terminó volviéndose un hábito perjudicial… ¿cómo me libero de la pornografía?

Caí en la tentación de la pornografía… y siento que no puedo salir de ella. Muchas veces me he arrepentido, y le he pedido perdón a Dios. Me he levantado, pero después de unos días vuelvo a tropezar con lo mismo. ¿Qué puedo hacer? ¿Existe alguna forma de poder salir de esto?

Definitivamente, ¡sí hay una respuesta! Existe esperanza. Sí puedes encontrar una forma de salir de este enredo. Es un proceso que puede resultarte difícil y doloroso (en el sentido que es una lucha constante), pero con la fortaleza del Señor, ¡es posible lograrlo!

Tres verdades que Dios quiere que vivas:

1. No existe pecado tan feo, horrible, asqueroso, vergonzoso, repetitivo, esclavizante, profundo, escondido, que Dios no pueda (o quiera) limpiar y perdonar. Por más que pienses (o sientas) que no mereces el perdón de Dios, recuerda que, en efecto, no lo merecemos. Somos perdonados y limpiados únicamente porque Dios así lo ha decidido: “Si confesamos nuestros pecados, Dios, que es fiel y justo, nos los perdonará y nos limpiará de toda maldad” (I Juan 1:9). No importa lo que hagas, jamás lograrás que Dios deje de ser fiel y justo. Él quiere y puede limpiarte del pecado de la pornografía.

2. Nunca pienses que eres la única persona que tiene la tentación de la pornografía.

Es más, no caigas en la trampa de sentir que eres anormal o demasiado malo porque eres tentado de esta manera. Esto es algo que le sucede a seres normales, humanos, sexuales: “Ustedes no han sufrido ninguna tentación que no sea común al género humano. Pero Dios es fiel, y no permitirá que ustedes sean tentados más allá de lo que puedan aguantar. Más bien, cuando llegue la tentación, él les dará también una salida a fin de que puedan resistir” (I Corintios 10:13). Ser tentados no es pecado; pero sí hay una gran diferencia entre escoger la salida (y huir del pecado) o quedarse disfrutando del fracaso. Dios quiere que hullas de la pornografía.

3. Dios quiere socorrerte en los momentos de debilidad, y espera que otros lo hagan también.

No estamos solos en esta lucha contra el pecado. Dios es nuestro aliado, y de igual forma deben serlo nuestros hermanos en la fe: “Hermanos, si alguien es sorprendido en pecado, ustedes que son espirituales deben restaurarlo con una actitud humilde” (Gálatas 6:1). Debemos rodearnos de personas maduras (espirituales) que no van a condenarnos por nuestro pecado, sino que van a tendernos la mano y ayudarnos a salir adelante. Dios desea que seamos ministrados para salir delante de un pecado como la pornografía.

Tres decisiones que puedes tomar ahora:

1. Preséntate delante de Dios para confesar tu pecado.

Sé muy específico y honesto para contarle a Dios en qué has desobedecido. No tengas temor ni sientas vergüenza; recuerda que te estás presentando ante el trono de la gracia (y no de condenación): “Así que acerquémonos confiadamente al trono de la gracia para recibir misericordia y hallar la gracia que nos ayude en el momento que más la necesitemos” (Hebreos 4:16).

2. Prepara una estrategia inteligente para huir del pecado.

Haz una lista de los momentos o las situaciones en las que eres vulnerable a caer en la tentación de la pornografía. Sé honesto y específico (no trates de engañarte). Una vez que sabes cuando estás más cercano a caer, podrás hacer un compromiso para alejarte de esas situaciones: “Por lo tanto, si alguien piensa que está firme, tenga cuidado de no caer” (1° Corintios 10:12).

3. Busca a un amigo, maduro en su fe, quien pueda ser tu confidente.

Ten la confianza de contarle (aunque te cueste mucho la primera vez) acerca de tus luchas, de tus áreas débiles, de tus momentos vulnerables. Juntos podrán orar para no caer en tentación y recordarse del compromiso que han hecho con Dios para alejarse de la pornografía. Así podrán compartir también sus victorias sobre el pecado.

Hoy tienes la oportunidad de buscar la protección de Dios, al obedecer los consejos (mandatos) para huir del pecado de la pornografía. Las reglas de Dios nunca son para estorbar nuestra felicidad, sino para garantizarla: “Yo he venido para que tengan vida, y la tengan en abundancia” (Juan 10:10). Toma un momento para orar (hablar con Dios) y cuéntale tu lucha, haz un compromiso para mantenerte limpio, y agradécele por la dicha que te da de vivir una vida de victoria.

Por Howard Andruejol. 

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