¿QUÉ HAY DE LA GENTE QUE TE DICE: «¡SOY EL MEJOR!»?

¿No es odiosa la gente que siempre está tratando de impresionarte? «Mi tío es multimillonario». «Mi papá tiene un Ferrari». «Yo conozco al presidente». Algunos te dirán: «Soy el más listo», «Soy el más rico», «Soy el más guapo». Esto no significa que tengan una buena imagen de sí mismos.

Las personas que no dejan de decirte lo maravillosas que son tienen poca confianza en sí mismas. Las personas que no dejan de decirte lo listas o ricas que son, o cuántos amigos famosos tienen, usualmente no se agradan mucho a sí mismas. Su estrategia es: «Si logro gustarte, tal vez empiece a gustarme a mí mismo». Las personas especiales no necesitan estarte diciendo: «¡Soy maravilloso!»

¿A poco Batman dice: «¡Mírenme, soy increíble y tengo el auto más rápido de la ciudad!»? No. Él sabe que es genial. Simplemente sigue salvando a Ciudad Gótica. ¿A poco James Bond dice a todos: «Soy sexy y audaz»? No. Él sabe que es audaz. Sencillamente lucha contra los malos.

Estos chicos simplemente son. Cuando estás convencido de algo —cuando en verdad lo crees— no necesitas que nadie esté de acuerdo contigo. Tú lo sabes y punto. La gente que no tiene mucho —y que no puede hacer mucho— es la que habla más. Mi mamá siempre decía: «Perro que ladra no muerde». Si comprendes por qué la gente alardea, entonces dejarán de irritarte tanto.

TU IMAGEN PROPIA

Imagina esta historia: durante las primeras semanas de escuela estás en clase de matemáticas viendo el panorama por la ventana, cuando el maestro te pregunta: «¿Cuál es la respuesta?».

«¿Cuál es la respuesta?» ¡Ni siquiera sabes cuál es la pregunta! Te quedas sin habla. Te sonrojas. ¡Es terrible! En ese momento piensas: «¡Odio las matemáticas!». Esa noche tu mamá pregunta: «¿Cómo te fue en la escuela?». Tú respondes: «No pude contestar la pregunta de matemáticas». Y mamá dice: «¡A nadie de la familia se le dan las matemáticas!». De repente das un profundo suspiro de alivio: «Con razón odio las multiplicaciones. ¡Está en mis genes!». A partir de ese momento es oficial. ¿Volverás a estudiar matemáticas? ¡Es poco probable! Empiezas a decir a tus amigos: «Odio las matemáticas. ¡Todos en la familia somos malos para los números!» Y piensas: «¿Para qué me esfuerzo? Nunca lo voy a lograr».

¿Pero qué es lo que realmente pasó aquí? Tuviste un mal comienzo, y te quedaste rezagado. Tal vez esta historia sobre las matemáticas no te ha pasado, pero la mayoría tenemos una historia propia acerca de cantar, batear, pintar, aprender a nadar o hablar frente a la clase. Tuvimos un mal comienzo y nos quedamos rezagados. Nadie vino a alentarnos. Después de una experiencia vergonzosa nos convencimos gradualmente: «¡No tiene caso!»

Vale la pena examinar de dónde sacamos estas «verdades» acerca de lo que podemos y no podemos hacer. Normalmente estas «verdades» no son más que creencias basadas en evidencias muy frágiles. Cuando somos pequeños nuestros maestros, padres, hermanos y primos nos dicen cosas sobre nosotros. Cuando tenemos seis años —o diez — las creemos…

  • «Esta es Mary. No se le da la escuela».
  • «Este es Rudy. Es el desobediente».
  • «Este es Frank. Va a ser igual de gordo que su papá».

Y entonces pasamos toda la vida creyendo algo que alguien nos dijo, algo que no es verdad. Si tienes etiquetas puestas en ti mismo tales como: «Soy un estudiante lento», «No tengo coordinación» o «No sé multiplicar», pregúntate: «¿Qué pruebas hay?»

En pocas palabras: Desafía tus etiquetas. Cuando nos damos una segunda oportunidad, y pedimos la ayuda de alguien, la mayoría de las veces podemos hacerlo.

«¡ASÍ SOY!»

¿Alguna vez te has dicho: «No puedo cambiar mi forma de ser»? Tal vez estabas hablando de tus calificaciones escolares, tu carácter, tu peso corporal o tu infelicidad. Pero las personas cambian. Tú puedes cambiar.

CASO 1: Charles Atlas es el padre del fisicoculturismo. Ochenta años antes de que estuviera de moda inscribirse a un gimnasio y comprar todos esos aparatos para ejercitar el abdomen que aparecen en la televisión, Atlas desarrolló el «cuerpo perfecto». Él y su programa de ejercicios se hicieron famosos en todo el mundo. Pero Atlas —cuyo nombre verdadero era Angelo Siciliano— empezó a entrenar porque estaba terriblemente avergonzado de su escuálido cuerpo. ¡Era un alfeñique de 45 kilos! ¿Qué hubiera pasado si Angelo hubiera dicho: «No puedo evitarlo. ¡Así soy!»

CASO 2: Bjorn Borg. Borg es uno de los más grandes tenistas de todos los tiempos. Se retiró a los 26 años con 62 títulos, que incluían cinco de Wimbledon y seis del Abierto de Francia. La gran arma de Borg era su frialdad. ¡Era como una máquina! Nunca se enojaba, nunca maldecía. ¡De hecho, nunca hablaba! Simplemente barría a sus adversarios. Le decían «El Ice Borg». Pero cuando tenía 20 años lo suspendieron en su club durante seis meses. ¿Por qué? Por mal comportamiento. Por gritar y lanzar la raqueta. ¡El joven Borg tenía un carácter horrible!

¿Qué hubiera pasado si Borg hubiera dicho: «No puedo evitarlo. ¡Así soy!»? En pocas palabras: Tú eres como eres, pero no forzosamente tienes que seguir siendo así.

Extracto del libro Sé Un Adolescente Feliz

Por Andrew Matthews

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