No necesitas demostrar que la Biblia es la Palabra de Dios para usarla. Simplemente hazlo, deja que actúe. Tampoco necesitas demostrar que existe el pecado. Comienza con la experiencia.

Los estudiosos de la cultura contemporánea consideran el año 1985 como el tiempo en que nació la primera generación de muchachos pu­ramente postmodernos, es decir, aquellos que llegarán a la mayoría de edad a comienzos del siglo 21. Y bueno, aunque es una fecha arbitraria, nos indica que los nacidos a partir de esa año y los cercanos al mismo serán una generación diferente. Serán postmodernos.

Ahora bien, ¿qué es la postmodernidad? Hay muchos libros que se refieren a este asunto y que lo explican con gran profundidad. Yo deseo hacerlo fácilmente com­prensible. Es una forma diferente de entender y proce­sar la realidad.

Usando un ejemplo del mundo de la informática, es como si la nueva generación tuviera un sistema opera­tivo diferente. Los más adultos funcionamos con «Win­dows», y los más jóvenes, con «Mac». Por tanto, unos y otros percibimos el mundo a nuestra manera. Usamos la misma información, pero tenemos diferentes perspectivas y, por consecuencia, si no entendemos esta realidad, se puede producir una ilusión de comunica­ción y, lo que es peor, una incompatibilidad.

Me gustaría explicarte las características principales de este nuevo «sistema operativo» llamado postmoder­nidad.

La primera es el relativismo. Este se presenta en dos aspectos muy importantes de la vida humana: el conocimiento y el comportamiento. En cuanto al cono­cimiento se nos dice que no existen verdades absolutas y, en el improbable caso que existieran, sería imposible conocerlas y menos demostrarlas. Por otro lado, el comportamiento afirma que no existen valores morales absolutos y permanentes, que el bien y el mal, lo co­rrecto y lo incorrecto son únicamente cuestiones de gusto y opinión que cambian de persona a persona e incluso con las circunstancias de cada cual.

La verdad, el bien y el mal son para la postmoderni­dad solo una construcción social. En otras palabras, un grupo de personas decide lo que será verdad y lo co­rrecto e incorrecto. Quienes estén de acuerdo con esto, se acogen a esa perspectiva y podrán su concepto de verdad, de bien o de mal cuando lo consideren opor­tuno de acuerdo a sus gustos o necesidades.

Peligros: primero que todo, al no haber verdad abso­luta, el postmoderno no reconocerá la Biblia como Pala­bra de Dios. Respetará que lo creas pero no podrás demostrarle que es la verdad con mayúscula. Lo máximo que te aceptará es que se trata de tu verdad. No más.

Al no haber valores morales absolutos, no se acepta el concepto de pecado. Lo que es malo para ti, no necesariamente lo es para él. Lo que consideras bueno, puede no serlo en su opinión.

Oportunidades: no necesitas demostrar que la Biblia es la Palabra de Dios para usarla. Simplemente hazlo, deja que actúe. Tampoco necesitas demostrar que existe el pecado. Comienza con la experiencia; esto es impor­tante para ellos. Génesis 3 nos indica que a causa de su rebelión contra Dios, el hombre experimenta cuatro fracturas: con Dios, consigo mismo, con otros y con el medio ambiente Y bueno, cuando esto pasa, ¿no las vives tú mismo?

La segunda es el pluralismo, que es fruto del relati­vismo. Si no hay una verdad con mayúscula, significa que existen muchas verdades con minúscula. Hay, por tanto, muchos estilos de vida diferentes para escoger y usar para articular el proyecto vital personal. La posibi­lidad de escoger, la variedad, la diversidad es un gran valor para el postmoderno. Cuando existen tantas opcio­nes vitales, dicen los estudiosos de la cultura, las únicas que sobreviven y tienen un impacto son aquellas que cuentan con una estructura de credibilidad, es decir, aquellas que están respaldadas por comunidades que viven y practican aquello que el estilo de vida promueve.

Peligros: empecemos diciendo que el cristianismo ya no es a los ojos de la sociedad «la respuesta». Solo una opción más entre un abanico de otras y, por tanto, debe «competir» en el «libre mercado de las ideas». Además, a los ojos de muchos es una opción ya antigua, probada y no válida.

Oportunidades: el gran valor apologético de la comu­nidad cristiana. Si un creyente o una comunidad vive lo que predica, eso tiene un impacto tremendo; es lo que se llama la apologética irrefutable. Como bien dijo Jesús: «De este modo todos sabrán que son mis discípu­los» (Juan 13:35).

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