El Padre Nuestro ( Mateo 6:9-13) puede memorizarse y repetirse, pero éste no fue su propósito. El propósito no es que repitamos esta oración constantemente, como que aprendamos las verdades que deben ser incluidas en cada oración y la actitud con la que debemos orar al saber a quién le estamos orando.

Esta oración que hizo Jesús, nos muestra que tenemos un Padre, el Padre de la humanidad. Dios no es un Dios frío, distante e inaccesible. Dios es justo, pero a la vez amoroso. Un hijo puede acercarse a Dios sin realizar una previa cita con una secretaria, cita que sólo se consigue luego de hablar con alguien que tiene influencia. Al Padre le hablamos directamente. Y un Padre conoce las necesidades de un hijo mejor que cualquiera, aún si este no ha hecho evidente su necesidad.

Dios no es cualquier cosa. Dios es el Creador que está en el cielo. En ese lugar inaccesible para nosotros los mortales, vive El. Su nombre tampoco es cualquier cosa. Dios es santo, en El no hay maldad, no hay pecado, sino pureza. Su santidad es única. Cuando oramos, no le estamos hablando a cualquiera, le estamos hablando al Rey de reyes y al Señor de Señores. Santificado sea su nombre.

¿Cómo es el reino donde Dios gobierna? El cielo es un lugar donde no hay tristeza, ni dolor. La paz que tanto anhela el ser humano es la esencia de la eternidad en Dios. Porque Dios es amor y en el amor pleno de la presencia de Dios, siempre hay paz. Oramos que así como su voluntad se obedece en el cielo por todos, sea obedecida en la tierra. Y la paz y el amor que saturan a quienes están frente a la divinidad, sature también nuestros corazones, vecindarios y naciones. Que no existan rebeldes a sus mandamientos y preceptos. Ellos son salud al cuerpo, salud a las sociedades.

¿Qué sería del ser humano sin el alimento? Sin comida, la humanidad completa se extinguiría. A Él le pedimos que nos dé el sustento de cada día. Que no nos falte el alimento para subsistir. Sólo el que ha pasado hambre, valora tanto cada tiempo con comida sobre la mesa. Pidamos el sustento básico.

Podemos pedirle perdón a Dios por nuestros pecados, porque nosotros hacemos libres de sus pecados a los demás. Nosotros no guardamos rencores, amarguras o resentimientos, sino reconocemos que pedimos perdón a Dios por rebelarnos ante su voluntad, porque nosotros también perdonamos a aquellos que se han pasado por sobre nuestra voluntad, a aquellos que nos han lastimado, ofendido, calumniado, herido y más. Nosotros pedimos perdón por nuestras deudas, porque hemos perdonado a nuestros deudores. No les decimos: “Tarde o temprano me las va a pagar». Sino que los perdonamos y liberamos de su deuda. No les cobraremos por lo que nos deben por el mal que nos hicieron.

Oramos que Dios nos libre del maligno y que no caigamos en la tentación, esa constante invitación para realizar el mal que viene de afuera y a veces de adentro de nosotros. Dios todo lo puede, Dios puede librarnos de todo lo que pueda hacernos caer. Oremos porque nos libre de caer en la tentación. Porque todo el que cae en la tentación y peca, experimenta lo mismo que los primeros mortales. Cuando Adán y Eva pecaron experimentaron: miedo, vergüenza y una dolorosa consecuencia. Fueron expulsados del Jardín del Edén.

De toda la oración del Padre Nuestro, Jesús ¡Sólo explica sobre el por qué debemos perdonar sus ofensas a otros! (Mateo 6:14 y 15). Aquí ya no habla de deudas, aquí claramente menciona lo que las deudas son, ofensas. El que no perdona sus ofensas a otros, tampoco tiene el perdón de su Padre celestial. Dios sabe más. Una meta de vida que no puede faltar en usted tiene que ver con el perdón. Que si ¿Cuesta? Muchísimo, pero vale la pena.

En el libro Noviazgo de Altura escribí lo siguiente: “Perdonar es morir a nosotros, perdonar es ver con los ojos del mañana, perdonar es la medicina que quita el dolor. Por eso debemos perdonar completa, genuina y constantemente. Perdonar completamente es todo, no sólo parte del pasado asesino. Perdonar genuinamente, es perdonar de corazón, no en la emoción del momento. Y perdonar constantemente es perdonar cada vez que un pensamiento o una actitud de la otra persona, nos recuerde a la ofensa. Pensar en la ofensa es revivir la misma. No resucite el pasado asesino de su pareja, vea con los ojos de la compasión y el amor y ame con todo. Cuando llegue un pensamiento doloroso disparado por algo que ve u oye, no deje que ese pensamiento eche raíces en su mente y sustitúyalo con otro».

Era la segunda ocasión en que visitaba una cárcel para mujeres. Esta ocasión era diferente. Ya estaba casado, ya era pastor y llegaba a predicar. Pero antes que me dieran el tiempo de la predicación, se paró la mujer que me iba a presentar y dijo algo así: “Para mí es un privilegio conocer a alguien que ha marcado mi vida a través de la distancia y por medio de la televisión»… De pronto se soltó a llorar. Mientras lloraba contaba cómo sus papás la habían marcado desde niña con palabras que la habían destruido completamente. Pero un día dijo: “Vi un mensaje del pastor en la televisión. Se llamaba el tatuaje verbal. Hablaba sobre cómo las palabras hirientes de personas que amamos o que están en autoridad nos han marcado para mal. Y que aunque no tengamos un tatuaje en nuestra piel, llevamos un tatuaje en el alma. Ese día decidí perdonar a mis papás y fui hecha libre». Y luego me presentó. Pasé conmovido, pues esa predicación sí la había dado yo, pero pensé al inicio que me había confundido con mi papá.

¿Cuánto habían marcado las palabras de la oración del Padre nuestro, en la vida de esta mujer que estaba presa, pero que vivía más libre que nunca? Hoy debe ser su día. El día que a diferencia de esta mujer, libre de cuatro paredes que lo aprisionan, sea libre de la cárcel de las ofensas cometidas en contra de su persona.

A lo largo de la vida vamos a enfrentar muchas montañas. Siempre estamos trabajando por alcanzar metas. Graduarnos del colegio, luego de la universidad, luego la maestría, luego el doctorado y más. Conseguir un buen trabajo, ahorrar, aprender y si es posible, algún día poner un negocio. La vida es escalar montañas, para luego escalar una más alta. ¿Cómo podemos alcanzar grandes logros cuando estamos arrastrando no una mochila con lo elemental que lleva el alpinista, sino nueve mochilas más pero cargadas de amargura, resentimientos, dolores y frustraciones?

La falta de perdón en nuestros corazones, es probablemente la carga más pesada que podemos llevar en nuestra espalda. Pruebe ir al baño con una mochila, pruebe ir al baño con diez mochilas. Nadie que guarda odio y resentimiento en su corazón puede ser libre para vivir la vida que Dios planeó y alcanzar cada vez más y más nuevas alturas, sin quebrarse.

¿Sentirá algún día perdonar? Creo que nunca. Usted no siente perdonar. Usted obedece a Dios y decide perdonar. Eso es llorar amargamente la desilusión, la humillación, la ofensa, la maldad realizada contra nosotros y dejar ir el derecho que como “humanos» y no como cristianos, tenemos de vengarnos.

Puedo asegurarle que quien vive pensando en su pasado, paraliza su presente y elimina su futuro. Muérase sin cargas, muérase sin resentimientos, perdone completa, genuina y constantemente. Pero no en su lecho de muerte. Perdone hoy y sea un alpinista 24/7, y cada hora de su día y cada día de la semana, siga escalando por el sendero de la montaña de la vida, sin mochilas innecesarias. Porque todo el que perdona, al fin es libre para vivir.

Meta de vida #5: Perdone, no arrastre cargas innecesarias.

Desafío #5: ¿Qué ofensas se han convertido en mochilas que anda cargando sobre su espalda y arrastrando a lo largo de su vida? Hable con su Padre Dios, pida que el haga justicia, pero no lo ayude. Decida perdonar y escale liviano sobre el sendero de la montaña de la vida.

Extracto del libro Metas de la Vida

Por Alex López

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