CÓMO ABORDAR EL TEMA DEL BULLYING EN LA IGLESIA (Por Esteban Obando)

El acercamiento al tema del bullying dentro de la iglesia, desde una óptica pastoral, es más preventivo que otra cosa. Los chicos dentro de la iglesia saben que esta práctica es dañina, perjudicial y muy poco cristiana, por lo que no tendrás que abordar, en la gran mayoría de los casos, el tema desde su inicio. Lo que sí es muy importante es que tus chicos puedan ver a la comunidad de creyentes como un lugar desde el cual se ayuda tanto a víctimas como a agresores de esta práctica. Además, el bullying es un asunto de fuerza. Esto es pronunciado en la escuela, donde los chicos están separados por edades, y donde los más fuertes son más fuertes en toda su clase. En la iglesia no pasa esto. Por cada chico que haya, siempre habrá alguien más grande que él o ella que estará alrededor. Esto sin mencionar que allí, en la iglesia, los que practican el bullying serán automáticamente más cuidadosos de lo que hacen.

¿Cómo abordar este tema con tu grupo entonces? El tema del bullying, si bien con este nombre parece nuevo, ya estaba mencionado en la Biblia. No se hace referencia a él como «bullying», ni se habla expresamente del mismo, pero sí se dan parámetros respecto de cuál debe ser la actitud del cristiano. Estas son las cosas que debes de enseñar. El ministerio de la consejería en la iglesia no debe estar desligado de las otras cosas que hacemos. El trabajo ha de ser en conjunto. Programación, enseñanza, dinámicas, todo debe apuntar a objetivos claros, y sin lugar a dudas el bullying es uno de los temas a tocar. Aprovecha el hecho de que los jóvenes vienen a la iglesia o a tu consejería con una «programación automática», una disposición para escuchar sobre asuntos morales y éticos. Esta es una ventaja con respecto a la escuela. ¡Aprovecha que puedes hablarles con descaro de lo que Dios enseña en su Palabra! Déjame darte un ejemplo de cómo puedes hacer esto y algunos principios de orden pastoral…

Uno de los grandes hombres y de los grandes líderes de Israel fue sin duda Samuel. Este fue el profeta que ungió a Saúl, y más adelante al gran David. El respeto que le tenían a este hombre era grande, pero su historia no empezó en la grandeza. ¡Sus inicios fueron en medio de un ambiente de bullying! Esto es lo que leemos en la Biblia sobre Ana, su madre, quien estaba desesperada por tener un hijo en 1 Samuel 1.1-7.

La descripción es clara: Ana estaba sufriendo lo que hoy en día llamaríamos bullying. Si entendemos que tiene que ver con un acoso o agresión de cualquier tipo, con un ataque sistemático y constante, entonces nos daremos cuenta de que esta mujer, Penina, era una agresora que practicaba el bullying, y Ana era su víctima. El texto nos dice que la atormentaba. Otras versiones dicen que la irritaba, la molestaba, o se burlaba. Y esto era con carácter sistemático: «cada año». La pobre Ana sufría en silencio y, de tanto llanto, hasta el apetito se le quitaba. Lo veas por donde lo veas, ¡esto es bullying! Y si sigues leyendo la historia notarás que su esposo (Elcana) se dio cuenta de la situación, no porque Ana se lo dijera, sino porque un día la vio llorando…

Pobre Ana, ¿no es así? ¡Pues esta es la realidad que viven muchos de nuestros chicos y chicas a diario! Burlas, intimidación, y sufrir en silencio. En el caso de Ana, por un asunto de esterilidad. En el caso de tus adolescentes, puede ser por determinadas características físicas o emocionales, o simplemente por no caerle bien al agresor.

¡Debes contarles historias como está a tus adolescentes! Que conozcan, por ejemplo, el caso de Ana. Así podrán ver cómo Dios la respaldó y nunca la abandonó. Recuerda que los chicos se están desarrollando en la parte social (y es por eso que es tan significativo el cómo los demás lo perciban), pero también se están desarrollando en su parte espiritual, y nos toca a nosotros como consejeros hacerles conocer cómo los mira Dios.

Una parte muy importante en el tratamiento contra el bullying es proveer para la víctima un ambiente de amistad, de palabras de afirmación, y de aceptación sin ningún límite. Un ambiente donde el chico pueda sentir que es amado. Después del hogar, ¡no se me ocurre otro con más posibilidades para llevar a cabo esta tarea que la iglesia! Si tus adolescentes no experimentan esa atmósfera de amor en casa (como sucede comúnmente hoy en día), entonces deberán poder hacerlo en la iglesia. De lo contrario los dejamos sin esa experiencia, porque la escuela no se las va a dar, ni tampoco la calle. No dejes tu parte pastoral de lado. Palabras buenas para la necesaria edificación de los jóvenes siempre vienen bien. Y un abrazo siempre será bien recibido. 

Extracto del libro “Manual de Consejería Para el Trabajo con Adolescentes”

Por autores varios.

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