Esta es una obra navideña corta, de un solo acto, que puede ser realizada solo por dos personas. El padre es una voz en off. La niña puede ser alguien vestida como una pequeñita y que actúe como tal. Para obtener mejores resultados es con­veniente memorizar el texto. El escenario no necesita ser muy elaborado, solo una sala de estar improvisada con una puerta principal y quizás un sofá y otros muebles sencillos.

PERSONAJES

  • Padre (voz en off)
  • Sra. Estrada
  • Sarita

SARITA: (Cantando un villancico tradi­cional mientras llaman a la puerta.)

PADRE: Sarita… Sarita, ¿puedes at­ender la puerta?

SARITA: Lo haría papi… pero… ¿qué pasará si no es una persona amigable?

PADRE: Probablemente sea la Sra. Es­trada. Dile que espere abajo hasta que termine con esta entrevista.

SARITA: (Abre la puerta.) Hola se­ñora.

SEÑORA: (Muy alegremente.) ¡Bueno, bueno! ¡Hola! Tú debes ser la hijita del pastor… Soy la Sra. Estrada… de la ig­lesia. Tengo una entrevista con tu papá. ¿Puedo pasar?

SARITA: Él ya tiene una entrevista ar­riba. No creo que necesite otra.

SEÑORA: Creo que no me entiendes, querida… mira…

SARITA: En realidad, estoy segura de que no la necesita. Mi mamá siempre dice que papá tiene demasiadas entre­vistas.

SEÑORA: (Levemente divertida.) No, querida, tú no entiendes. Quiero hab­lar con tu papi… porque mi hija desea casarse.

SARITA: Oh, señora, usted ha llegado muy tarde. Mi papá ya está casado. Se casó con mi mamá un par de años atrás.

SEÑORA: ¿Un par de años?

SARITA: Sí, señora. Creo que incluso fue antes de que yo naciera… ahora tengo cinco años.

SEÑORA: Sí, estoy segura de que fue así…

PADRE: Sarita, ¿es la Sra. Estrada?

SARITA: Sí, papá. Estoy tratando de decirle que no estás interesado en casarte…

PADRE: Sarita, solo hazla pasar. Es­taré con ella en unos minutos.

SARITA: Bueno… lo haré contra mi voluntad, pero creo que tengo que hac­er lo que mi papá dice. Entre. Mientras usted espera, yo la entretendré.

SEÑORA: Oh, no es necesario, querida.

SARITA: Oh, sí, señora. Es parte de mi función como la hija del pastor. Primero

 le contaré algo sobre mí. Mi nombre es Sarita y tengo cinco años… y soy una chica muy precaria.

SEÑORA: (Suspirando profundo.)

Estoy comenzando a darme cuenta de eso. (En voz alta.) ¿Precaria?

SARITA: Sí. Eso significa que estoy más adelantada que otros niños de mi misma edad. Puedo cantar… puedo leer la Biblia yo sola.

SEÑORA: ¡Ah! Tú quieres decir «precoz»… ¿Puedes leer la Biblia? ¿Y solo tienes cinco años?

SARITA: ¿No está impresionada, seño­ra? ¿Le gustaría escucharme leer algo?

SEÑORA: Bueno, yo…

SARITA: Ya sé. Como falta poco para Navidad, le leeré la historia de la Navidad. ¿Ha escuchado esa historia?

SEÑORA: Sí, un par de veces…

SARITA: Pero apuesto a que nunca la ha escuchado como yo la leo.

SEÑORA: Sí, creo que eso debe ser verdad…

SARITA: Bueno. Es así: Había una vez, hace mucho tiempo, un ángel que fue a ver a María y le dijo: «María, ¿te gustaría tener al niño Jesús?». María le contestó que quizás le gustaría algún día, después de casarse con José, pero que no sabía si le llamaría Jesús a su primer hijo. Sin embargo, el ángel le dijo que eso no era lo que tenía en mente. Él quería saber si podría tener al Hijo de Dios. Bueno, María no lo sabía. Dijo que tendría que pensarlo.

SEÑORA: Espera. ¿Estás segura de que la historia es así?

SARITA: Por supuesto. Usted no cree que ella aceptaría hacer algo así sin pensarlo primero, ¿no?

SEÑORA: Creo que nunca lo consid­eré de esa manera…

SARITA: Tiene que pensar en eso, señora… Como sea, María finalmente dijo que le parecía que estaría bien, siempre y cuando pudiera esperar has­ta casarse con José. Querían esperar a tener suficiente dinero para criar a un bebé. Pero el ángel dijo: «De ninguna manera, María. ¿Nunca leíste tu Bib­lia? Porque en la Biblia dice que Jesús nació en el momento correcto, y ese momento correcto es ahora mismo».

Así que María tuvo que decidirse rápi­damente. Era uno de esos asuntos de «ahora o nunca». Usted los conoce, ¿no es cierto, señora?

SEÑORA: Bueno, sí. Pero no de esa forma… Así que… ¿María decidió tener al niño Jesús?

SARITA: Justo estaba por llegar a esa parte. María dijo que estaba todo bien si José también lo aceptaba. Usted pu­ede imaginarse que a José no le iba a gustar nada todo este asunto… ¿se lo imagina?

SEÑORA: Nunca lo había pensado antes, pero sí… me lo puedo imaginar.

SARITA: Bueno, el ángel le dijo que, si ella estaba realmente preocupada por eso, él podría aparecérsele a José en un sueño para contarle todo. Pero tam­bién le pidió si podía decidirse de una vez, porque él tenía que irse a hacer otras cosas para Dios. Entonces María dijo que estaba de acuerdo, que ella lo haría si el ángel le prometía que todo iba a salir bien. Sin embargo, ¿sabe lo que el ángel le contestó?

SEÑORA: No, no lo sé.

SARITA: El ángel le dijo que no sabía lo que iba a pasar, que solo sabía lo que Dios le había pedido que hiciera. Pero pensaba que si María hacía lo que Dios quería que hiciera, había mu­chas posibilidades de que las cosas al final salieran bien… Después citó He­breos 11:1 y se marchó. Y así es como comienza todo. ¿Sabe lo que ocurrió después?

SEÑORA: Creía que lo sabía, pero ahora no estoy muy segura.

SARITA: Bueno, después María y José tuvieron que irse a Belén para pagar sus impuestos. Usted ya sabe, Dios tenía que llevarlos a Belén para que se hiciera verdad lo que había dicho Miqueas, que Jesús iba a nacer en Belén, y a Dios se le ocurrió que lo de los impuestos podía ser una buena idea… Mi papá fue a la Tierra Santa, ahí es donde está Belén, y dice que es un viaje muy duro incluso en un Jeep. Imagínese lo que debe haber sido hacerlo en un burro. Apuesto a que cuando llegaron a Belén, María estaba arrepentida de haberse metido en todo este asunto. Pero esa no es la clase de cosas en las que puedes volverte atrás, así que tuvo que seguir adelante. Para cuando llegaron a Belén, apuesto que ya no cantaba la misma canción.

SEÑORA: ¿Una canción? ¿Qué can­ción?

SARITA: Sobre cómo su alma mag­nifica al Señor. Probablemente para ese entonces cantaba si no le gustaría a otro tener todo ese honor y dejarla a ella ser una simple ama de casa, que era todo lo que siempre había querido ser. Usted sabe, en algún sen­tido hubiera sido lindo si Dios hubiera podido esperar hasta hoy y dejar a alguna mujer feminista tener al niño Jesús. Sin embargo, Dios no hace las cosas así, él quería que María lo tuvi­era. De modo que llegaron a Belén, pero todos los hoteles estaban llenos, pues José no había llamado para hacer la reservación. ¿Sabe qué pasó luego?

SEÑORA: ¿Tuvieron que quedarse en un establo?

SARITA: Muy bien, señora. Tuvieron que quedarse en un establo, porque no había habitación para ellos en el Holiday Inn. Bueno, un ángel los estaba mirando desde el cielo y… ¿sabe lo que hizo? Le dijo a Dios que no le parecía justo que les hiciera todo tan difícil y se ofreció a bajar con una brigada de ángeles para lim­piar el establo de modo que luciera mejor, dado que iba a ser el primer lugar que el niño Jesús iba a ver en la tierra. Y si estaba muy sucio, podría cambiar de opinión y decidir no vivir aquí con nosotros. Bueno, Dios dijo que eso sería una vergüenza, porque el mundo estaba contando con Jesús. Y además no dejó que los ángeles bajaran para acomodar el lugar, ase­gurándoles que ya se había ocupado de ese asunto.

SEÑORA: ¡Oh! ¿Y qué iba a hacer?

SARITA: Haría que el niño Jesús fuera como cualquier otro bebé humano y así no se daría cuenta de si había nacido en un establo, una casa o un palacio. Los ángeles le dijeron que creían que eso estaba bien, que no lo habían pensado de esa forma. Esto explica por qué Dios es Dios: porque tuvo una mejor idea… Luego ocurrió la parte más emocionante.

SEÑORA: ¿Y cuál es esa parte?

SARITA: Es cuando los ángeles comen­zaron a cantar «Gloria a Dios en las alturas». Los pastores los escucharon y comenzaron a cantar: «Navidad, Navi­dad, hoy es Navidad, es un día de alegría y felicidad…». Después los…

SEÑORA: Espera un minuto, creo que estás mezclando las cosas…

SARITA: Solo estoy dándoles un poco de colorido, eso es todo. Podría haber sucedido así. De todas formas, el pequeño baterista lo escuchó y comenzó a tocar su batería. Y ese fue el primer concierto de Navidad. Toda la gente fue al establo y… ¡oh señora, todo resultaba tan emocionante! (crece la excitación, transformándose en un te­mor reverencial). Vieron al niño Jesús… y supieron que era el Hijo de Dios… y ellos… Señora, ¿puede imaginarse cómo fue? ¡El Hijo de Dios en la tierra! Ahora Dios sabría lo que es ser un hombre… porque esa era la única for­ma de que alguna vez pudiera salvar a la gente de sus pecados. ¡Oh, señora, debe haber sido maravilloso!

SEÑORA: (Muy emocionada tam­bién.) ¡Sí! ¡Debe haber sido maravilloso!

SARITA: Creo que debe haber sido casi tan maravilloso como lo es hoy.

SEÑORA: Mmmm… ¿Como lo es hoy?

SARITA: Sí, como lo es descubrir hoy que Dios ha venido a la tierra.

SEÑORA: (Ligeramente desconcer­tada.) ¿Descubrir que Dios vino…? (en­tendiendo de pronto) ¡Oh, sí! Creo que fue casi tan emocionante como eso. ¡Y eso es sumamente emocionante!

SARITA: Sí, señora. ¡Esa es la verdad! No se me ocurre nada más emocio…

PADRE: Adiós, Sr. Acosta. Espero haberlo ayudado… (En voz alta.) Sra. Estrada, pase por favor.

SEÑORA: Sí, pastor, voy en un mo­mento… Sarita, gracias por la historia.

SARITA: ¡Oh, de nada señora! Cuan­do quiera puedo contarle otra (vuelve a cantar el villancico que cantaba al comienzo).

FIN

Extracto del libro Actividades Fantásticas

Por Autores Varios

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