El siguiente diálogo es una genial obra de teatro para dos per­sonas. Usa tu propia creatividad para inventar la escenografía, algunos elementos adicionales, los trajes, etc. Asegúrate de que los actores memoricen sus partes. La historia también es muy efectiva simplemente como una lectura o un disparador para conversar en el grupo durante la época previa a la Navidad. ¡Úsala como quieras! (Por Stephen A. Bly).

PERSONAJES: Ángel 1 y Ángel 2.

ÁNGEL 1: Él va a bajar…

ÁNGEL 2: ¿Qué?

ÁNGEL 1: Dije: «¡Él va a bajar!».

ÁNGEL 2: ¿Quién te lo dijo?

ANGEL 1: Esta mañana durante el devocional, llamó a Gabriel y Miguel y comen­zó a contarles el plan delante de todos nosotros.

ANGEL 2: ¿Por qué siempre me pierdo las mejores partes?

ÁNGEL 1: ¿Dónde estabas?

ANGEL 2: En Bitinia. Tenía que ayudar a la pequeña Lidia a cruzar ese puente helado otra vez. Pero continúa. ¿Cuál es el plan?

ANGEL 1: Tiene que ver con las predic­ciones de los profetas.

ANGEL 2: ¡Así que esas tenemos! El Día del Señor finalmente está aquí. Creo que perdí mi tiempo ayudando a Lidia. Si él está por terminar con todo, ella estará aquí arriba con nosotros muy pronto.

ANGEL 1: No es tan simple. Él está pla­neando enderezar un poco las cosas allá abajo.

ANGEL 2: Bueno, ¿por qué no envía a Moisés? ¿O a Elías? ¿O a Gabriel?

ANGEL 1: Lo hará, cada uno a su tiem­po. Sin embargo, ellos solo pueden llevar el mensaje. Oí que Gabriel está organi­zando la entrada.

ANGEL 2: ¡Oh, vaya! Ya puedo verlo… todos esos humanos deambulando, ocu­pados en sus cosas, cuando de repente el sol, las estrellas y el cielo se hacen a un lado. Entonces, de entre las profundidades de la eternidad, él llega a su planeta. Oja­lá pudiera estar allí para ver sus caras. ¿Y qué pasará con el viejo Augusto? ¡Seguro se caerá instantáneamente de su pedestal!

ANGEL 1: No será de esa manera. Ni siquiera planea ir a Roma.

ÁNGEL 2: ¿No irá a Roma? ¡Aja! Irá a Jerusalén. Imagina, el sumo sacerdote mi­rará hacia arriba y de repente allí estará.

ANGEL 1: Dudo que eso pase.

ÁNGEL 2: ¿Qué? No me digas que no verá al sumo sacerdote.

ANGEL 1: Sí, verá al sumo sacerdote y a todo su concilio, pero dudo que lo reco­nozcan.

ANGEL 2: ¿No van a reconocer al Señor de Gloria? ¿Planea disfrazarse?

ANGEL 1: Más o menos…

ANGEL 2: ¿Por qué no quiere que sepan quién es?

ÁNGEL 1: Según lo que entiendo, quiere que ellos lo reconozcan por su vida y sus obras, no por su apariencia.

ANGEL 2: Yo creo que irá como un hom­bre, un hombre judío sin duda.

ANGEL 1: Oí que está planeando su en­trada como un bebé.

ÁNGEL 2: ¿¿Un qué??

ÁNGEL 1: Un bebé, un pequeño ser hu­mano.

ÁNGEL 2: ¡Increíble! Pero… pero… ¿no se está arriesgando demasiado? Tendre­mos que formar un par de ejércitos con miles de guardaespaldas veinticuatro ho­ras al día.

ÁNGEL 1: Estará solo.

ANGEL 2: ¿Dejarlo solo con ese montón de locos?

ÁNGEL 1: ¿Realmente crees que hay alguna forma de que le hagan daño contra su voluntad?

ÁNGEL 2: Por supuesto, tienes razón. Lle­vará su poder consigo. Casi puedo verlo: en un momento es un pequeño niño travie­so en los brazos de su madre y al instante siguiente le está danto un golpe de kárate a un soldado romano.

ÁNGEL 1: Escuché que su poder solo será usado para ayudar a otros. El no cree que sea necesario mostrar todas sus cre­denciales. Y ya eligió a la madre.

ÁNGEL 2: Espero que no sea la madre de Lidia…

ÁNGEL 1: ¿Quién?

ÁNGEL 2: Lidia, la niñita de Bitinia. Im­agínate dejando a tu pequeña de cuatro años cruzar a pie un puente resbaladizo como ese. De cualquier modo, supongo que habrá escogido a la familia de un sac­erdote, o a una familia de los fariseos.

ÁNGEL 1: No, es una ¡oven pobre y desconocida que se llama María. Y… ahora mantón esto en secreto, no quisiera que todos los ángeles de la galaxia lo es­cuchen… nacerá en un establo, un establo para ganado, en medio del hedor terrenal del heno y el rastrojo.

ÁNGEL 2: ¡Pero eso es una crueldad!

¡No puede ser! ¡No lo permitiré! ¡Protesto!

ÁNGEL 1: ¿Ante quién?

ÁNGEL 2: ¡Es que no entiendo el propósito de todo esto!

ÁNGEL 1: Tú sabes tan bien como yo cómo él los ama. Ahora escucha, aquí es donde entramos nosotros. Quiere que aparezcamos ante unos pocos testigos a fin de que el suceso quede registrado para las futuras generaciones.

ÁNGEL 2: Seguro, ya lo tengo. ¿Qué tal unos mil hombres de cada una de las doce tribus de Israel?

ÁNGEL 1: Dije solo unos pocos.

ANGEL 2: ¿Qué tal cien de cada una?

ÁNGEL 1: No, él quiere solo unos pocos.

ÁNGEL 2: Bueno, ¿qué tal un par de es­cribas, un abogado, un político y un perio­dista, por supuesto?

ÁNGEL 1: Definitivamente, no lo hará así. Además, ya los ha elegido. Aquí está la lista… (le entrega al ÁNGEL 2 la lista).

ÁNGEL 2: Veamos… tres astrólogos de Arbela. ¿Dónde queda eso?

ÁNGEL 1: Sobre el lado este del Tigris.

ÁNGEL 2: Pero ellos son extranjeros, int­rusos.

ÁNGEL 1: No te olvides de los otros…

ÁNGEL 2: Oh sí, está Jason, Demas y Hakiah. ¿Quiénes son?

ÁNGEL 1: Pastores, creo.

ÁNGEL 2: ¿Simplemente pastores… co­munes y ordinarios?

ÁNGEL 1: Es su estilo, ya sabes. Mira a Abraham. ¿Qué era él? ¿Y David? ¿Y qué estaba haciendo Moisés cuando el arbusto empezó a arder?

ÁNGEL 2: Ya veo…

ÁNGEL 1: De todas maneras, hay una cosa que me molesta. ¿Quién les creerá a los pastores allá abajo?

ÁNGEL 2: Lidia lo haría.

ANGEL 1: Sí, amo a esos pequeños hu­manos. Creen todo lo que les decimos.

ÁNGEL 2: Lo hacen hasta que Satanás se apodera de ellos. A propósito, ¿qué va a estar haciendo Satanás todo este tiempo? No le gustará esta jugada.

ÁNGEL 1: Me imagino que intentará inci­tar a los humanos a realizar aborrecibles y brutales acciones.

ANGEL 2: No creerás que seguirán crey­endo sus viejas mentiras, ¿no?

ÁNGEL 1: La mayor parte del tiempo ellos son como arcilla en sus manos. Sin embargo, escuché que nuestro Señor hará unos buenos milagros… y después viene la «presentación final».

ÁNGEL 2: ¿Qué es eso?

ANGEL 1: No estoy muy seguro, es algo sumamente secreto.

ANGEL 2: Ya veo. Bueno, déjame re­pasar el asunto. Todo lo que tenemos que hacer es bajar, hablar con los pastores, y después volver aquí y verlo hacer el resto, ¿correcto?

ANGEL 1: Correcto. Ahí está la primera señal. Ya casi es hora de que bajemos.

ÁNGEL 2: ¡Vaya! ¡Qué día! Pensé que no tendría nada que hacer hasta que el puente se congelara de nuevo.

ÁNGEL 1: Recuerda, solo unos pocos pa­stores. Y por favor, no los asustes.

ANGEL 2: Lo prometo, lo prometo.

ÁNGEL 1: Ahí está la señal. Vamos.

ANGEL 2: ¿Crees que a la vuelta podríamos para en Bitinia? Ya casi es hora de que Lidia haga sus oraciones y me encanta cómo ora.

ÁNGEL 1: Oh, creo que sí. ¡Ahora apúrate!

ÁNGEL 2: Estoy detrás de ti. No ob­stante, estaba pensando… ¿qué pasará si hay mucha oposición a su plan? Solo, allá abajo, como un humano vulnerable… ¡podrían matarlo!

ANGEL 1: ¡No seas ridículo!

En esa misma región había unos pas­tores que pasaban la noche en el campo, turnándose para cuidar sus rebaños. Su­cedió que un ángel del Señor se les apare­ció. La gloria del Señor los envolvió en su luz, y se llenaron de temor. Pero el ángel les dijo: «No tengan miedo. Miren que les traigo buenas noticias que serán motivo de mucha alegría para todo el pueblo. Hoy les ha nacido en la ciudad de David un Salvador, que es Cristo el Señor. Esto les servirá de señal: Encontrarán a un niño envuelto en pañales y acostado en un pe­sebre».

De repente apareció una multitud de ángeles del cielo, que alababan a Dios y decían: «Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz a los que gozan de su buena volun­tad» (Lucas 2:8-14).

FIN

Extracto del libro Actividades Fantásticas

Por Autores Varios

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