Continuemos.

Cuando usted lea este material, debe tener en cuenta un par de cosas. Primero, son mayormente adolescentes y jóvenes los que están hablando. Sus sentimientos y observaciones pueden no ser un retrato exacto de la situación entre ellos y sus padres. En algunos casos los sentimientos que ellos expresan no son realmente válidos. Pero sea que fueren válidos o no, el caso es que son reales, sean o no justificables. Usted puede poner en duda lo que ellos dicen, pero no lo que ellos sienten….

Una chica de 13 años escribió lo siguiente: Cuando he hablado acerca del sexo con algunos jóvenes, he aquí lo que ellos dicen:

  • El sexo es una de las cosas más importantes.
  • Los jóvenes no pueden vivir sin relaciones sexuales.
  • Realmente, no hay nada malo en ello.
  • Ellos piensan que es muy agradable.
  • Ellos dicen también que a todos los muchachos les gusta.
  • He aquí algunas cosas por las cuales las chicas dicen que no les gusta el sexo:
  • Asusta la primera vez.
  • Se corren demasiados riesgos.
  • Que pueden comprometerse demasiado.
  • Temen perder la virginidad.

Pueden perderse el respeto el uno al otro.Por favor, créame, con la ayuda de Dios nunca es demasiado tarde para empezar a corregir nuestras fallas. Los autores Ray y Anne Ortlund señalan sabiamente que no puede ser dema­siado tarde… «…entre tanto que vivimos. Es fácil pensar que es demasiado tarde para reparar lo malo, pero en la economía de Dios el tiem­po perdido rara vez significa daño permanente. En Joel 2:25 Dios dice: «Y yo les devolveré las cosechas que las langostas comieron». No, nunca es demasiado tarde para empezar a corregir.

Nos gustan las palabras de ese himno de Carlos Wesley: «Rompe cadenas de pecar. Al preso librará». No importa cuán­tas veces hayamos repetido un mal hábito en nuestra función de padres, Dios es más poderoso que nuestro pecado. Su gra­cia es mayor… y Dios siempre está listo para romper el poder del pecado y comenzar su amorosa corrección. ¿No es Dios maravilloso?»

Debemos reemplazar nuestra impaciencia por la conducta de nuestros hijos con la absoluta confianza de que el chico va a volver. Esto puede significar pagar un alto precio en oración disciplinada y en dejar que el Señor haga un cambio en nosotros. Como padres es muy fácil enfadarnos y dejar caer nuestras ma­nos en derrota. Pero necesitamos gran fortaleza para continuar orando sin cesar por nuestros hijos. Ningún hijo hace exacta­mente lo que los padres quieren que haga. Hubo tiempos cuan­do yo estuve muy desalentada con mis hijos. Cuando eso suce­día, ponía mi mirada en Dios. No a la derecha ni a la izquier­da, no a las circunstancias, no a mí misma, no a mis propios sentimientos. Sino simplemente a El, y recibía seguridad, con­suelo y sabiduría de El.

«Pero Josh, estoy tan desanimado. A veces pienso que no dará resultado», podrá usted decir. Cuando un chico se rebela es fácil desalentarse. Pero como dice acertadamente Evelyn Christenson, madre y autora: Podemos contrarrestar los efectos del desaliento poniendo nuestros ojos en Dios, y (continuamente) confiar en El. Si un adolescente se va de la casa, debemos mantener los brazos y las puertas siempre abiertos. Los padres pueden desear echar definitivamente al hijo, por­que se sienten muy frustrados. Pero yo he aprendido a no dar­me por vencido. Mi hermano le dio las espaldas a Dios cuando tenía veinte años. Mi madre, y el resto de la familia, oramos por él treinta años hasta que volvió al Señor. Esa lección de paciencia me enseñó a no desesperar nunca con respecto a mis hijos.

Nosotros no sabíamos mucho acerca de criar niños cuando tuvimos nuestra primera hija, Sherry. ¡Eramos sus primeros padres y ella era nuestra primera hija! Por supuesto, hubo ten­sión. Sherry tiene carácter fuerte y es muy lista. Nosotros hici­mos algunos disparates, y probablemente fue desacertado lo que hicimos con ella por mucho tiempo. Pero ahora nuestra rela­ción es maravillosa. Hemos pasado a través de reconciliación tras reconciliación, como todos los padres tienen que hacer, pero ahora ella y Walt su esposo, se cuentan entre nuestros mejores amigos.

Otra cosa que usted debe considerar al mirar la sexualidad a través de los ojos de sus hijos, es que puede empezar a sen­tirse incompetente y culpable y a pensar: Lo he echado a per­der, es demasiado tarde para mi familia. He sido un fracaso. He decepcionado a mis hijos.

Al fin de cuentas, no importa lo que el chico haga, podemos continuar amándolo. No tenemos que aceptar su conducta, pe­ro podemos continuar amándolo, porque deseamos tenerle con nosotros en el cielo. Esta es nuestra meta final en el cuidado de nuestros hijos.

Extracto del libro “Lo Que Deseo Que Mis Padres Sepan Acerca de mi Sexualidad”

Por Josh McDowell

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