Escondamos una moneda en algún lugar de la habitación y anunciemos que el que la encuentre puede quedársela. Una vez que la moneda haya sido encontrada, reunamos al grupo y conversemos sobre la parábola de la moneda perdida de Lucas 15.

Preguntémosle a la persona que la halló qué va a hacer con ella (si la moneda es de muy baja monta, asegúrate de poner junto a la moneda algún tipo de «pagaré» de mayor valor, para que así logre comprar algo más que una golosina). A partir de esto, establezcamos una analogía entre cómo la moneda debe ser usada, y cómo Dios quiere utilizarnos en lugar de colocarnos en un anaquel.

Esta ilustración funciona mejor con chicos de secundaria y más jóvenes. (Rich Young).

Extracto del libro Reuniones Creativas Para Refrescar tu Ministerio

Por Autores Varios

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