Muchos nos criticaron cuando involucramos a nuestros hijos en algunos de nuestros ministerios. Decían que todavía eran muy chicos para ser expuestos a la pobreza extrema, que no lo iban a poder entender. Como madre luché mucho con esto. Obviamente no iba a exponerlos a riesgos de abuso o enfermedad, pero ¿qué de exponerlos a pobreza? Oramos con Rich y sentimos que las enseñanzas de Jesús eran urgentes y para toda nuestra familia. En cada situación, medíamos los riesgos inmediatos (enfermedad, secuestro, abuso) y en base a esto tomábamos las decisiones de involucrar a nuestros hijos o no… Prefiero que se hayan enfrentado con las injusticias de la vida bajo nuestra custodia, donde siempre podíamos evaluar lo que sentíamos, y no que lo hicieran cuando ya no estaban en casa…

Quisiera en este punto hacer algunas consideraciones con respecto a enlazar a nuestros adolescentes en el mundo actual… Como padres, la lucha para que nuestros hijos vivan en el presente es muy fuerte. La tecnología tiene tantas cosas que compiten con la atención de nuestros hijos. No todo es malo y por ende tenemos que ser muy proactivos en medir el tiempo que nuestros hijos pasan en un mundo de fantasía (jugando juegos, chateando en sus smartphones, viendo Netflix), consumiendo entretenimiento y cuánto tiempo están aportando en la vida real, creando algo (comunidad, amistad, música, arte, etc.). Recientemente estudiamos un poco sobre la tecnología y los efectos sobre adolescentes ¡y aprendimos bastante!

Algo que nos chocó fueron las cifras que demostraban que los padres de adolescentes pasan más tiempo que sus hijos con sus smartphones. Somos un terrible ejemplo, ¡y nuestros chicos están reclamando! Si tu hijo nació desde 2003 para adelante, han pasado toda su vida compitiendo con las pantallas que usamos para trabajar y para relajarnos. ¡Ouch! ¿Qué tiene que ver esto con servir juntos como familia? Afecta a varios de los principios que mencionábamos arriba. Si nuestros ojos están en pantallas, ¿podemos ver las necesidades que nos rodean? ¿Nos responsabilizamos por esas necesidades? ¿Tenemos tiempo para servir a otros cuando el “progreso tecnológico” nos tiene tan ocupados constantemente?

¿Usamos los talentos que Dios nos ha dado para crear comunidad?

Algo que aprendimos cuando nuestros hijos eran adolescentes fue que cada uno tiene su personalidad y que ésta no siempre es parecida a la de sus padres. ¿Alguien se identifica? Rich y yo, como extrovertidos, pasamos mucho tiempo sin poder entender que lo que nos motiva a nosotros, no los motiva a nuestros hijos. Lo que nos llena, no necesariamente los llena a ellos. Pudimos ver que cada hijo necesita encontrar sus dones y ser responsables en usarlos de una manera genuina y real según su personalidad. De lo contrario, pueden agotarse completamente en el servicio, y en situaciones más graves, su autoestima puede ser destrozada. Dios nos hizo a mi esposo y a mí extrovertidos, pero a mis cuatro hijos los creó más introvertidos… ¡y a algunos extremadamente introvertidos!

Aprender a respetar la personalidad de nuestros hijos, sin dejar que sea excusa para no involucrarse en el servicio, es un balance muy delicado. Estas son algunas pautas que aprendimos:

  • Reconocer las diferencias de personalidad.
  • Dar permiso a desarrollar una estrategia personalizada para servir.
  • Facilitar el descubrimiento de dones diferentes a los nuestros.
  • Honrar y fomentar el desarrollo de cada don, respetando que cada don tiene valor y un lugar en el servicio al Señor y las personas que nos rodean.

Pasamos mucho tiempo retroalimentando lo valioso que son nuestros hijos. Verlos usar los dones que nosotros no tenemos, ¡es una bendición única!

Algo muy saludable y hermoso que ocurre al servir con un adolescente es que esto amplía su mundo al llevarlo a trabajar en equipo. Necesitamos una comunidad que ayude a desarrollar en nuestros hijos sus dones y talentos, que les dé un espacio para servir. Escuchar de tu mamá o tu papá que eres bueno en algo es importantísimo, pero escuchar lo mismo de otra persona realmente cimienta la idea en la mente de tu hijo de que realmente tiene habilidades en esa área. Hay muchas perlas preciosas que compartimos con nuestros hijos, ¡que no oyen hasta escucharlo de la boca de otro!

En el libro “Los Padres que tus Hijos Necesitan, Reggie Joiner y Lucas Leys, hablan del “factor naranja”. La idea detrás del factor naranja es que nuestros hijos tendrán intereses o habilidades que no compartimos y que necesitamos de otros en la comunidad para que nos ayuden desarrollando esas habilidades en nuestros hijos. Usemos nuestra comunidad para ayudarnos con la crianza de nuestros hijos, ¡y la etapa de adolescencia es perfecta para esto!

Es esta la etapa en la que no debemos dejar de vivir de acuerdo a los valores que tenemos. Si nuestro valor como creyentes es seguir las palabras de Cristo y servir a nuestro prójimo, si queremos que nuestros hijos entiendan este valor como algo concreto y real, entonces nuestras acciones deben mostrar que realmente es nuestro valor. Las acciones hablan más fuerte que nuestras palabras, en especial en relación a esta edad. Hacer espacios para servir juntos es muy difícil por la vida que todos vivimos hoy. Los chicos a esta edad ya no están mucho en casa. Están en el colegio casi todo el día, y después del colegio tienen sus actividades extra curriculares, además tienen su propia vida social y por ende casi no los vemos. El progreso hace que trabajemos constantemente sin poder definir bien los espacios para la familia. Nunca van a lamentar tomarse un tiempo con su familia mientras sus hijos estén en esta etapa. Y servir juntos con nuestros hijos adolescentes es una manera de crecer juntos espiritualmente y es también una buena manera de hacer que nuestros valores sean evidentes y concretos en la vida de nuestros hijos. No hay manera de describir la emoción que se siente al ver a su hijo o hija adolescente sirviendo a otro. ¡Compruébalo!

  • Escribe valores que tienen en tu familia. ¿Cuáles son algunas ideas prácticas para poder cimentar estos valores en tus hijos?
  • Escribe cinco nombres de personas que pueden ayudarte en la crianza espiritual de tus hijos.

Extracto del libro “Trabajemos en Familia”

Por Rich y Elisa Brown

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