El objetivo de este tema es mostrar la importancia de conocer el impacto que pueden tener las diversas composiciones familiares en la vida de los niños. En la actualidad, la cifra de separaciones y divorcios que se producen cada año resulta alarmante. Las familias que tienen a Dios en sus vidas lamentablemente no están exentas de participar en estas cifras. Como resultado, las familias «no nucleares» son cada vez mayores…

SEPARACIÓN Y DIVORCIO DE LOS PADRES

Según Virginia Satir, una gran estudiosa de la vida de las familias, el divorcio o la separación de la pareja impacta en todas las áreas de la vida de la persona. Para esta autora, se trata de una especie de «cirugía mayor», ya que traspasa todos y cada uno de los elementos de la persona. Sus pensamientos, sus sentimientos, sus acciones, su identidad, todo se ve trastocado, y el construir una nueva vida resulta un gran desafío.

Muchos adultos minimizan lo que esto puede significar en la vida de los pequeños, pero cuando ocurre la separación o el divorcio de sus padres, independientemente de la forma y los motivos, para los niños es un gran impacto.

Comentario de Esteban Obando:

Efectivamente, esto del divorcio se ha vuelto normal. Hace poco, una compañera de escuela de mi hijo de 9 años le preguntó extrañada: «¿Tus papás no están divorciados?»

Sin embargo, esta «normalidad» no hace que el impacto sea menor. Los padres son, por naturaleza, quienes modelan la vida de sus hijos. Y este modelaje también se da en la estabilidad que se le brinda a un niño. ¡No puedo pensar en algo que produzca una mayor inestabilidad en la vida de un niño que el hecho de que sus padres se separen!

Ya lo dije antes, pero lo repito: Si estas casado y tienes hijos, permíteme darte un consejo pastoral. ¡Trabaja con pasión para fortalecer tu matrimonio! Cuando tu matrimonio mejora, no es solo una bendición para ti y tu cónyuge. Otros también se ven afectados, ¡y los primeros son tus hijos!

Dios conoce todas estas cosas. Por eso menciona, en Malaquías 2.16, su repudio al divorcio. No creo que Dios estuviera pensando solamente en el precepto, sino también en todas las consecuencias que Él mismo conoce que esto produce. Así que tenlo bien presente: ¡Discipular a las nuevas generaciones implica modelarles matrimonios sólidos!

En la tesina de Mercado Andrade sobre el duelo en los hijos por el divorcio de los padres, se menciona que la terminación de una unión marital equivale a un huracán emocional. Este es un proceso en el que los padres experimentan emociones con una intensidad abrumadora: vergüenza, tristeza, angustia, desengaño, frustración, miedo, confusión, ira y culpa. Estas emociones surgen con fuerza, y vienen entrelazadas con celos, soledad, deseos de venganza y, a veces, con un cierto alivio también, porque se ha terminado una existencia en la que las desdichas eran más que las dichas.

Ahora imaginemos esto: Si el divorcio es un huracán de emociones para los adultos, ¡cuánto más puede serlo para los niños! Las reacciones emocionales que se dan en los hijos frente al divorcio no se pueden generalizar, puesto que van a depender de una serie de factores que hacen única la experiencia en cada caso. Pero sí podemos decir que la gran mayoría de los niños experimentan un gran temor de que uno o ambos padres los vayan a abandonar. Y que el más intenso de sus sentimientos es, sin duda, la tristeza por perder el padre que se va de casa, y el «desamparo» emocional de aquel que se queda con ellos.

Extracto del libro Manual de Consejería Para el Trabajo Con Niños.

Por Esteban Obando y Autores Varios

Lee la 2º parte de este artículo AQUÍ.

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