Continuemos.

Parte de la buena comunicación es oír con los ojos lo mismo que con los oídos. Fíjese en la comu­nicación física, no verbal. El modo en que el chico usa sus ojos, los gestos que hace. Si usted no advierte esas señales no verba­les, usted pierde parte de su comunicación. Algunos padres muestran buena disposición de oír, pero los adolescentes no hablan. ¿Cómo pueden ellos animar a sus hi­jos a ser abiertos?

Primero, los padres tienen que entrar en el mundo de sus hi­jos y aprender su propio lenguaje. Necesitan adquirir la pers­pectiva de la vida que tienen los adolescentes. Yo soy adulto y me resulta difícil volver atrás, a los tiempos de la adolescencia, y saber exactamente por lo que estaba pa­sando. Por eso trato constantemente de ver a través de los ojos de mis hijos. Deseo conocer su mundo, y tengo que conocerlo si es que voy a comunicarme con ellos. Necesito oír la música que ellos oyen, leer lo que ellos leen, conocer a sus amigos, comprender sus frustraciones, reírme con sus chistes. También tengo que considerar cómo lo que voy a decir puede afectarlos. Ellos no toman las cosas del mismo modo que un adulto lo ha­ría, de modo que cuando les hablo tengo que hacerlo desde su perspectiva, no de la mía. ¡La comunicación supone una gran cantidad de trabajo!

Comunicarme con mis hijos me resulta fácil, si se trata de algo que disfrutamos juntos: natación, fútbol, baloncesto, ca­minatas, cocina. Tenemos en casa un gran pedazo de terreno que no estamos usando, así que hicimos en él una cancha de fútbol. Hice una pequeña cancha de baloncesto detrás del garaje. Tengo un amigo que tomó una clase con tres de sus hijos los jueves por la noche. Esa clase llegó a ser el tema prin­cipal de conversación en la casa. Hacían juntos los deberes de la escuela, y los jueves por la mañana, durante el desayuno, discutían lo que estaban aprendiendo. Creo que es una idea fantástica.

Es imperativo tomar tiempo para oír. El Dr. Norman Wright, fundador y director de Family Counseling and Enrichment, y Christian Marriage Enrichment (Consejo y Enriquecimiento de la Familia y Enriquecimiento del Matrimonio Cristiano), escribe acerca de hallar tiempo para oír: «Este no es un buen momento» podemos decirles a nuestros hijos cuando ellos desean hablar. «Estoy haciendo la cena. Estoy cansado. Ven en otro momento».

Pero puede ser que nosotros los adultos tenemos más control sobre nuestro tiempo que los chicos sobre el suyo. Entre la escuela, las acti­vidades especiales, algún trabajo medio tiempo si lo tienen, las sali­das con amigos, los adolescentes no tienen mucho tiempo. Somos no­sotros los padres los que tenemos que romper nuestro horario y estar a disposición de ellos cuando quieren hablar.

Esto no es fácil. Podemos estar tan atados a nuestras propias frustra­ciones que podemos pensar: «Nadie me oye aquí», dirá el chico, «yo no voy a escucharles a ellos.» Pero para los padres que comprenden la importancia de escuchar a sus hijos, la pregunta es: «¿Qué estoy haciendo con mi tiempo, y por qué voy a hacerlo? ¿Es el tiempo mío más importante que el que pueda pasar con mi hijo o mi hija?»

Entonces, los padres que desean animar a sus hijos adoles­centes a hablar, tienen que someterse a ciertas reglas. Con los adolescentes especialmente, es importante saber guardar un secreto. Si yo voy y comento con otros un secreto que mis hi­jos me han confiado, voy a destruir la confianza que ellos han puesto en mí. También es importante ser franco con respecto a las faltas de uno. Mis hijos no van a recordar todo el tiempo las veces que he sido bueno, pero sí van a recordar todas las veces que me enojé. Si yo trato de encubrir mis faltas, no voy a engañar a mis hijos. Solamente les voy a estar enseñando a encubrir las suyas propias. En vez de ocultar mis faltas, voy a hablar de ellas, y usarlas como una lección para ambos, para ellos y para mí.

(CONTINÚA…)

Extracto del libro “Lo que Deseo que Mis Padres Sepan Acerca de mi Sexualidad”

Por Josh McDowell

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