La iglesia debe ser un lugar divertido y el humor puede ser una excelente herramienta para que el mensaje sea más pertinente. Es muy curioso que hayamos convertido el mensaje del evangelio en poco claro y práctico cuando en esencia se trata de amar a la gente y compartirle la excelente noticia de que Dios nos ama.

Por un buen tiempo (por no decir toda nuestra vida eclesiástica), muchos hemos escuchado a decenas de jóvenes decir que la iglesia está re­pleta de mensajes aburridos y distanciados de la realidad de las cosas que pasan en la vida real. Con honestidad, tenemos que admitir que el comentario no está tan lejos de la verdad y eso incluye nuestros mi­nisterios juveniles. A menudo hemos intentado trans­formar al mundo (y particularmente a los jóvenes) pensando que necesitamos comunicar un mensaje «profundo» y lleno de «unción» pero que al fin termina siendo uno que es muy rebuscado y complicado acerca del evangelio. Herb Gardner dijo una vez: «Cuando lo­gres que la gente se ría, te escuchará, y entonces podrás decirles prácticamente cualquier cosa. «Y creo que tenía razón. La iglesia debe ser un lugar divertido y el humor puede ser una excelente herramienta para que el men­saje sea más pertinente.

Es muy curioso que hayamos convertido el mensaje del evangelio en poco claro y practico cuando en esen­cia se trata de amar a la gente y compartirle la excelente noticia de que Dios nos ama. En la Biblia podemos en­contrar que «Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna. (Juan 3:16). Debe­mos recuperar que en esencia el propósito del evange­lio es que haya vida y que se encuentra de forma abundante en una relación con Jesús y en su misión para con el mundo. No es nada lejos de la realidad que hay mucha gente que simplemente «existe» pero que no viven la vida. Muchos expertos han dicho que la risa es la mejor manera de hacer que los corazones conti­núen latiendo. Por lo tanto te animo a que le brindes vida a tu ministerio juvenil haciendo reír a los chicos y chicas del grupo.

PROVOCANDO SONRISAS

Es muy común ver que las personas que están alrede­dor de un bebé y en particular sus padres, hacen cien­tos de muecas creativas y hasta componen canciones espontáneas con tal de provocar la mejor sonrisa o car­cajada de la criatura. De hecho, hay veces que perso­nalmente, me parecen hasta muy ridículos, pero el gran amor por el niño o la niña hacen que modifiquen su acercamiento. El evangelio se trata de relacionarse con el mundo y hacer lo posible para que puedan ver el amor de Dios desde su circunstancia de vida. Es por eso que Jesús contó muchas parábolas y de seguro que debían contener elementos graciosos en la audiencia. Víctor Borge dijo en una ocasión que «La risa es la dis­tancia más corta entre dos personas.» Es tiempo de ha­cernos cercanos a los chicos del ministerio y que mejor que a través del buen sentido del humor.

En una ocasión dialogando con un gran amigo lla­mado Mario Bloise, de la Cruzada Estudiantil y Profe­sional para Cristo en Argentina, me dijo: «Eliezer es muy importante que sepas que la gente es más impor­tante que el mensaje». Al principio pensé que estaba equivocado, y que era una herejía considerar a la gente en primer lugar que este mensaje de «unción y poder». Pero al reflexionar en Jesús, me percaté que vivió con la gente amándolos sin tener que hacerlo desde un ser­món solamente. Mis colegas en el ministerio, los chicos son más importantes que el discurso o la reunión. Ellos deben ser siempre la motivación y el propósito de las reuniones que hagamos. El mensaje sin lugar a dudas es sumamente importante, pero ellos son la razón de la reunión. Te invito a que como «padres» de los chicos le hagas cuanta mueca, gesto, chiste, canción o gracia que se te ocurra con tal de cortar la distancia de ese Dios que «no demuestra interés en ellos y ellas». No obs­tante, debo recomendarte a que rías sin caer en la sobre- actuación. Alguien que intenta ser exageradamente gracioso puede caer en la ridiculez y la construcción de una muralla de mayor distancia de ellos y ellas. Reco­noce tus límites y tus habilidades pero ríe, ríe y haz reír.

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