CONTRATO DE VIDA

Compromete a tu amigo que piensa en suicidarse en un Contrato de Vida. Los programas de prevención de suicidio a lo largo de todo el país utilizan los contratos, porque se comprobó su utilidad en salvar vidas. El contrato representa un simple acuerdo entre la gente. Aunque puede ser simplemente verbal, la evidencia sugiere que un contrato escrito es más efectivo. Un típico contrato se ve así:

Modelo Contrato de Vida.

Yo ________________________ (persona suicida) prometo no dañarme a mí o intentar quitarme la vida. Si siento deseos de quitarme la vida, llamaré a _____________________ (consejero de crisis) al (número telefónico) y si no soy capaz de localizarlo(a), llamaré a la Línea de Crisis al          ______________________ (número telefónico de la Línea de Crisis) y hablaré con un consejero de allí.

________ (persona suicida).

________ (consejero de crisis).

Las personas en crisis son conocidas por tomar las palabras del contrato más literalmente que lo que uno esperaría. Al escribir tu contrato, asegúrate que diga «hablar con» no «intentar hablar con». Más de un joven que intentó suicidarse después de aceptar un contrato se defendió, diciendo: «Me pediste que intentara contactarte primero. Sí lo hice, ¡y no estabas disponible!». También, muéstrate disponible las 24 horas si utilizas el contrato, porque los jóvenes en crisis no limitan sus horarios de lucha a tu horario de trabajo. Tu voluntad de tener tu vida interrumpida por una persona en crisis es un mensaje altamente creíble de compasión.

A. No utilices la fuerza física en un intento de tomar el control del objeto letal, o la crisis podría escalar al punto de peligro para todos los involucrados.

B. Debes estar dispuesto a involucrar a la policía si es necesario.

C. Desarrolla un plan de acción.

D. Cuida a los sobrevivientes. «El asesinato es un crimen de violencia contra la persona asesinada», dice un personaje de Salman Rushdie, y «el suicidio es un crimen de violencia contra aquellos que permanecen vivos”. Ser de los que permanecen vivos en la secuela del suicidio no es fácil. Aquellos que continúan con vida experimentarán muchas de las mismas emociones que aquellos que perdieron a un miembro de la familia en un accidente o una muerte natural: conmoción, enojo, culpabilidad, temor, y alivio son comunes a todas las pérdidas. Pero las emociones con los mismos nombres pueden ser experimentadas en una forma y grado diferente después del suicidio.

Aquellos que quedaron deben lidiar con la conmoción y la incredulidad no solamente por la pérdida sino porque la muerte fue autopropiciada. Preguntas como: ¿puedo seguir adelante sin esta persona? son agravadas por preguntas como: ¿qué rayos sucedió aquí?

E. La ira es frecuentemente dirigida hacia el fallecido por ser tan autoabsorbido. Aquellos que quedan se culpan a sí por no ser suficientemente sensibles, por ignorar las advertencias, o por no decir o hacer cualquier cosa que hubiera marcado la diferencia. Aun Dios podría ser un blanco. Si Dios es tan sabio y poderoso, ¿por qué permitió que esto sucediera?

F. La muerte trae la culpabilidad en las personas. Nos preguntamos si no debimos haber hecho esto o aquello y si eso hubiera cambiado las cosas. Los niños pequeños son notorios por preguntarse si se hubieran comportado mejor y si eso hubiera prevenido que mami o papi se sintieran tan mal como para querer morir. Aquellos que viven se preguntan si pueden continuar invirtiendo en relaciones y temen comenzar nuevas amistades. Cuestionan en serio el dicho: «Es mejor haber amado y perdido que nunca haber amado». La vulnerabilidad requerida por una relación puede ser más de lo que puedan manejar.

Pocas emociones crean más conflictos en los corazones y las mentes de los vivientes que el sentido de alivio que a veces sigue al suicidio. Los fallecidos en ocasiones tenían una historia de dificultades que se volvió una carga pesada para la familia y los amigos. La pérdida es trágica, pero puede ser acompañada de un sentido de alivio porque todo finalmente terminó.

La vergüenza asociada con el suicidio es difícil de sobreponer para la familia sobreviviente y los amigos. No es fácil reconocer que la muerte de un ser querido fue un suicidio. Algunos incluso tienen dificultad para decir esa palabra. No es inusual que broten dificultades físicas y emocionales como resultado del suicidio, entre estas: dolores de cabeza, períodos de llanto incontrolable, fatiga, falta de sueño; en pocas palabras, el bagaje físico y emocional que viaja con la crisis.

Rich Van Pelt : Un invitado en un programa de televisión, observó: «Todos tenemos esqueletos en nuestro armario. Un suicidio es alguien que deja su esqueleto en el armario de alguien más». Eso no está mal. Los esqueletos están llenos de recuerdos de los temores de la niñez que aún nos asustan cada vez que la puerta del armario se abre. Recuerdo ir a la cama en la noche cuando era niño, temeroso de que alguna otra «cosa» estuviera presente en mi habitación oscura. Encontré gran alivio en cubrirme con la cobija sobre mi cabeza. Por supuesto, las cobijas no cambiaron la realidad de qué estaba o no presente en mi habitación. Solamente encontré consuelo en el acto de que no podía ver. Si hubiese estado el peligro rondando en las sombras, no habría visto el ataque. Mi decisión de evitar en lugar de confrontar pudo haber sido mortal. Pero era solamente un chico. Algunas cosas cambian muy lentamente. Muchos adultos desarrollan problemas emocionales muy profundos porque no están dispuestos o no son capaces de confrontar los esqueletos en sus armarios. Nuestro reto al ayudar a los sobrevivientes a lidiar con esto está en su voluntad de enfrentar sus esqueletos, identificar su influencia continua, admitir su temor de acercarse demasiado, y luego trabajar en deshacernos de las cosas condenadas.

G. Amigos y familiares bien intencionados muchas veces evitan hablar acerca del suicidio o de iniciar juntos una discusión acerca del fallecido. No es de ayuda; los sobrevivientes anhelan la apertura de alguien que los ayude y que tome tiempo para escuchar mientras comparten su amplia gama de emociones. Los consejeros de crisis tienen una oportunidad de guiarlos de regreso al pasado doloroso mientras mantienen sus pies firmemente plantados en el presente. Así es como las personas abrazan la esperanza que la vida continúa para ellos.

H. Algunos sobrevivientes necesitan las habilidades de un terapeuta entrenado para ayudarlos a lidiar con sus miedos y culpas. Las familias pueden beneficiarse grandemente de la consejería familiar en la que pueden trabajar juntos los problemas del duelo. En el proceso, aprenderán nuevas habilidades de comunicación y de cómo escuchar. Algunas personas encuentran ayuda en los grupos de apoyo especializados en postsuicidio o pérdida infantil.

Extracto del libro Cómo Ayudar a Jóvenes en Crisis.

Por Jim Hancock y Rich Van Pelt

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