Las relaciones intergeneracionales son importantes en nuestro mundo, ya que constituyen una imagen de Sión, una imagen pe­queña, pero real, de la majestuosidad y la diversidad del pueblo de Dios a través del tiempo, integrado por ciudadanos de la nueva rea­lidad que Dios inauguró en Jesucristo. ¿Cómo podemos recuperar ese sentido de continuidad histórica, de un cuerpo de Jesús vivo y vibrante, una asamblea formada por los santos vivos de hoy y a lo largo de los siglos?

Si eres un cristiano joven, ya sea un nómada o exiliado, busca sabiduría de los viejos creyentes. Quiero hacer hincapié en la idea de buscar la sabiduría. Uno de los temas primordiales de Proverbios es que la sabiduría resulta difícil de alcanzar. Es como el amor. Parece obvio y fácil al principio, pero luego requiere paciencia y compromiso a largo plazo. Del mismo modo, la búsqueda de un mentor sabio y digno de confianza no ocurre por accidente.

Si las generaciones más jóvenes deben evitar los errores del pa­sado, entonces los líderes más jóvenes necesitan desesperadamente tener un sentido amplio de lo que ha sucedido antes, y eso solo se puede conseguir en una relación estrecha con los cristianos viejos. A menudo me sorprende la forma en que los adolescentes y adultos jóvenes creen que son los primeros en pensar sobre una idea, una causa, o una manera de hacer algo. (Lo sé porque yo mismo lo he hecho). A la larga, la mayoría de ellos se da cuenta de que su idea no era tan revolucionaria, solo les «pareció» nueva en el momento. Mantener relaciones significativas con adultos mayores que están siguiendo a Cristo ayudará a asegurar que esas nuevas ideas se ba­sen en el increíble trabajo de las generaciones anteriores; y que la pasión por seguir a Jesús de esta generación y en este momento cul­tural tenga el apoyo y esté confirmada por el resto de los creyentes.

Ya seas un joven cristiano o un adulto con más trascendencia, te animo a luchar contra el momento cultural actual. Los jóvenes cristianos están viviendo un período de cambio social y tecnoló­gico sin precedentes, sumidos en una presión asombrosa, y mien­tras más tardemos en reconocer y responder a estos cambios, más permitiremos que la desconexión entre las generaciones avance. Pregúntate qué tanto has estado a la disposición de los jóvenes cris­tianos. La brecha generacional es cada vez mayor, alimentada en parte por la tecnología, de modo que se necesita un esfuerzo extra para estar al tanto de todo. Francamente, las relaciones profundas se dan solo cuando les dedicamos mucho tiempo, compartiendo experiencias significativas. Te animo a estar preparado para un mo­ver nuevo de Dios, impulsado por los adultos jóvenes. ¿Te muestras dispuesto a poner en práctica la «mentoría inversa», a permitir que los líderes más jóvenes te desafíen en cuanto a tu fe y la renovación de la iglesia?

Si eres líder de un grupo cristiano, debes darles prioridad a las relaciones intergeneracionales. En su mayor parte, estas conexiones no ocurrirán por accidente. Tendrás que ser un catalizador en ese grupo y modelar esto en tu propia vida. Tal cosa significa que puede que tengas que desafiar a los que buscan un ministerio «moderno» y trabajar con los cristianos viejos que prefieren un ministerio tra­dicional. Tal vez te habrás dado cuenta de que los «cambios»… tienen un aspecto relacional:

A. De la sobreprotección al discernimiento. Echamos fuera el temor cuando entendemos nuestros tiempos y corremos los riesgos del compromiso cultural.

B. De la superficialidad al aprendizaje. Dejamos atrás la fe superficial al enseñarles a los jóvenes el arte de seguir a Cristo.

C. De la anticiencia a la buena administración. Respondemos a la cultura científica de hoy al «administrar» y desarrollar los dones y talentos de los jóvenes.

D. De lo represivo a lo relacional. Vivimos con una ética sexual relacional, que rechaza el tradicionalismo y la narrativa sexual individualista.

E. De la exclusión a la integración. Demostramos la naturaleza exclusiva de Cristo y reavivamos nuestra empatía por «los demás».

F. De la duda a la acción. Trabajamos con fidelidad en nuestras dudas y realizamos actos de servicio con y para otras personas.

El elemento de la relación es tan fuerte porque las relaciones son fundamentales en la formación de discípulos, y como hemos dicho, el problema de la deserción es, en esencia, un problema de mal discipulado. A medida que redescubrimos la centralidad de las relaciones, creo que debemos estar dispuestos a reinventar nues­tras estructuras de discipulado. No todos los programas que he­mos puesto en marcha deben ser abandonados, pero a medida que identifiquemos sistemas que no son eficaces, tendremos que estar dispuestos a renunciar a ellos. Las relaciones centradas en Dios crean discípulos fieles y madu­ros…

Es mi oración que estas ideas prácticas inicien conversaciones en tu comunidad y lleven a la re­conciliación entre las generaciones y los discípulos valientes de to­das las edades.

Extracto del libro Me Perdieron

Por David Kinnaman

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