¿Y SI SALTAMOS LAS CUATRO PAREDES DE LA IGLESIA?

La mejor forma de encontrarse a uno mismo es perdiéndose en el servicio a los demás (Indira Gandhi).

Existe una tendencia a que todo el ministerio juvenil gire alrededor de dos grandes ejes: el templo (o el lugar de reunión equivalente) y la edificación (es decir, alimentar a los jóvenes). Poco a poco hemos acostumbrado a nuestro grupo a venir a recibir. ¡Ahora es tiempo de que salgamos a dar!

En mi trayectoria no he conocido ninguna estrategia más efectiva para el desarrollo espiritual que los proyectos en el mundo real. Lecciones, memorias, talentos, historias… muchas cosas salen a la luz cuando creamos espacios para el servicio.

  • ¿En qué actividades fuera del templo has podido involucrar a los jóvenes?
  • ¿Cuál ha sido el resultado de estas experiencias?
  • ¿Por qué crees que desarrollamos tan poco este tipo de proyectos?
  • ¿Qué necesitarías para poder implementar más proyectos enfocados hacia afuera?

¡DE ACOSTUMBRADOS A RECIBIR A ENTRENADOS PARA DAR!

Puesto que este componente requiere soñar para luego planificar, permíteme llevarte a través de un recorrido de lo que considero son los beneficios principales de los proyectos en el ministerio juvenil. A medida que vayas leyéndolos, piensa de forma creativa en ideas y oportunidades de implementar algunos próximamente.

Cuando desarrollamos con nuestros jóvenes proyectos de ministerio, obtenemos grandes beneficios en el proceso educativo que estamos desarrollando. Estas escuelas intensivas (de un día, un fin de semana, o varios días o semanas) nos pueden lanzar a por lo menos diez grandes logros:

1. APROVECHAMOS AL MÁXIMO LAS OPORTUNIDADES DE APRENDIZAJE.

No cabe duda de que ciertas lecciones de la vida cristiana no pueden aprenderse por mera teoría o repetición. Fundamentos como la fe en Dios, el amor al prójimo, la santidad, o valores tan esenciales como la humildad y la paciencia, no son adquiridos dentro de un aula o solo por medio de un estudio bíblico intelectual. ¡Necesitamos ponernos en acción!

Dios espera ver a nuestros jóvenes desarrollar exitosamente el carácter de Cristo. Esta es la parte culminante del proceso de discipulado (llegar a ser y hacer). No basta con tener una buena intención, se requiere una buena acción. Les proveemos a los jóvenes el escenario para el ejercicio de estas conductas cuando visitamos a las personas enfermas o necesitadas, en una actividad de evangelismo o misiones, al desarrollar un trabajo físico, o por medio de cualquier otro ministerio.

La colaboración en los proyectos permite participar de una escuela donde es posible de forma planificada exponer a los jóvenes a experiencias controladas que requieren cierto carácter y determinados comportamientos. Después de la debida preparación y capacitación, ahora el ejercicio completará el aprendizaje.

Aristóteles dijo que «lo que tenemos que aprender, lo aprendemos haciendo». Igualmente, muchos expertos han afirmado que mientras más participación existe en el aprendizaje, más se aprende. De este modo, se estima que los jóvenes retienen solo del cinco al diez por ciento de lo que aprenden por medios verbales o escritos; veinticinco por ciento de lo que captan a través de los medios de comunicación; del cuarenta al sesenta por ciento al dramatizar o representar un papel; y del ochenta al noventa por ciento a través de la experiencia.

Si incluimos como elemento indispensable la experiencia en los proyectos del ministerio cristiano, y además aprovechamos otras herramientas educativas, los jóvenes tendrán una mejor posibilidad de retener las grandes enseñanzas de la fe. Si ellos mantienen en su reserva espiritual estas lecciones, será más factible que durante el resto de su vida las pongan en práctica.

  • ¿Qué grandes lecciones espirituales has estado tratando de enseñar solo por medio de la predicación?
  • ¿Qué laboratorios, es decir, qué proyectos, podrían representar experiencias de aprendizaje?

2. JUNTOS, ENSEÑAMOS, MODELAMOS Y EXPERIMENTAMOS.

El esquema tradicional de enseñanza-aprendizaje en el ministerio juvenil tiene al líder como el centro de atención. Es el líder el que predica, conoce y expone las verdades bíblicas. Por lo general, esto sucede dentro de un esquema de educación formal (durante una actividad, dentro del aula, en cierto horario y con el apoyo de algunos materiales). Si bien esta estrategia puede producir algunos logros, los proyectos presentan al líder no solo como un maestro, sino como un modelo y un compañero.

Cuando involucramos a nuestros jóvenes en actividades cristianas de servicio, ellos tienen la gran oportunidad de ver nuestras conductas en medio de las situaciones cotidianas. Pueden observarnos viviendo como personas normales. Nosotros, «los expertos», dejamos nuestro púlpito y no hablamos de lo que la Biblia dice. Ahora nuestras acciones explican, ejemplifican y modelan esas lecciones. Los jóvenes pueden tener la oportunidad de ver cómo se aplica lo que tanto hemos tratado de decirles (o en el peor de los casos, pueden darse cuenta de cómo ni nosotros mismos practicamos lo que predicamos).

Por supuesto, esto ejerce cierto grado de presión sobre nuestro propio testimonio. Nosotros, aunque muchos jóvenes todavía no lo saben y otros tienen todas las evidencias, no somos perfectos. Estamos aprendiendo juntos a manifestar el carácter de Cristo. Tenemos luchas. Y unas veces logramos el éxito y otras fracasamos. Es normal; todos somos humanos. Tal vez nos equivoquemos, pero podemos pedir perdón. Quizás hay cosas que nos resultan muy difíciles de hacer, pero con más razón nos esforzamos. Podemos modelar cómo se viven las lecciones en situaciones reales.

  • ¿Cuáles proyectos serían idóneos a fin de modelar algunos valores para la vida y conversar acerca de ellos?
  • ¿Qué otros adultos podrías incluir en este tipo de proyectos? ¿O podría unirse tu grupo a algún proyecto de otro adulto de la iglesia?

Extracto del libro “Estratégicos y Audaces”

Por Howard Andruejol

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