MÁS CIENCIA, NO MENOS

Muchos estudiantes no saben cómo o a dónde llevar sus preguntas acerca de la ciencia dentro de la comunidad cristiana. Con algunos pastores haciendo afirmaciones como que las cuestiones intelectuales son los enemigos de la fe, es fácil ver por qué. Conozco a algunos líderes que creen que están proporcionando espacio para el diálogo imparcial y abierto en cuestiones cien­tíficas. Sin embargo, a los estudiantes no siempre les parece así, la mayoría desea trabajar juntos hacia una respuesta en lugar de que le digan qué creer.

Una iglesia en Oregón está integrando de manera creativa a la ciencia en sus conversaciones más amplias sobre la fe. Un ornitó­logo (un científico de aves) de la congregación sirve como director de apologética. Él se especializa en el estudio de las aves rapaces y es un apasionado defensor, como lo son muchos en el noroeste, del medio ambiente; en específico de los hábitats naturales de las aves de rapiña. También está terminando su maestría en teología y sirve a su comunidad de fe al liderar debates en línea y personales sobre la intersección de la ciencia y la fe. Richard comentó en una con­versación telefónica: «He llegado a reconocer que los estudiantes necesitan un lugar para hacer preguntas acerca de la ciencia. No podemos esperar que ignoren los asuntos de la ciencia a nuestro alrededor».

No todas las iglesias tienen un ornitólogo en la segunda fila, listo para dialogar sobre cuestiones científicas que están fuera del alcance del pastor. No obstante, ¿qué tal el profesor de biología de secundaria que va a la iglesia calle abajo? ¿O el profesor de física de la universidad que patrocina un ministerio en el campus? Hay una gran cantidad de cristianos en la comunidad científica a los que les encantaría servir al cuerpo de Cristo con su talento y conoci­mientos, y hay muchos jóvenes que necesitan un mentor cristiano creíble desde el punto de vista científico que los acompañe mientras razonan a través de argumentos opuestos sobre la verdad.

APRENDICES CIENTÍFICOS

Mientras que los años en la escuela secundaria y la universi­dad pueden ser de incomodidad y confusión para muchos es­tudiantes, también son una época en que los adultos jóvenes toman medidas para convertirse en las personas que están desti­nadas a ser. Muchos jóvenes deciden lo que van a hacer y ser en estos años. Por desgracia, muchos de estos mismos jóvenes no tie­nen una interacción significativa, durante la escuela secundaria y la universidad, con adultos cristianos que trabajen en su área elegida. Como resultado, los cristianos veinteañeros a menudo no conectan sus opciones de carrera con un sentido de llamado o vocación; su fe y las decisiones de trabajo se bifurcan en lugar de entrelazarse holísticamente.

¿Qué pasaría si las iglesias hicieran un esfuerzo conjunto para identificar inclinaciones científicas y matemáticas en los jóvenes (así como otras habilidades y talentos), y luego conectar a los jó­venes creyentes con cristianos mayores que están viviendo su fe en carreras afines? Esto podría proporcionar un entendimiento dra­máticamente diferente de la ciencia y la tecnología, no como adver­sarias o desconectadas de la te, sino como ámbitos en los que la fe nos obliga a hacer una diferencia.

BUEN PENSAMIENTO

Nuestra investigación sugiere que los estudiantes que ven el mundo por sí mismos a través de un lente bíblico están mejor preparados para enfrentar los desafíos intelectuales. Los jóvenes cristianos me­jor preparados son alentados a pensar por sí mismos, con la Escri­tura como el visor a través del cual interpretar el mundo que los rodea, incluyendo la esfera de la ciencia. Y la revelación natural de Dios, interpretada a través del lente de sus aptitudes científicas, ayuda a ampliar su comprensión de Dios también. Se les enseña cómo pensar bien, y no simplemente qué pensar.

Por el contrario, a demasiados jóvenes creyentes no se les da herramientas intelectuales para interactuar con la ciencia. Los cien tíficos y otros que se oponen a lo que la comunidad de fe cree pue­den convertirse en hombres cuyos argumentos, ya sea de buena fe o no, son ignorados o rechazados en lugar de ser considerados con honestidad. Algunas veces esto ocurre porque los líderes cristianos no tienen la experiencia necesaria para abordar el tema. ¿Cómo podría el líder de jóvenes típico, por ejemplo, estar preparado para enfrentar cada pregunta que surge, como las implicaciones éticas de la donación de óvulos?

El hecho es que ningún pastor, líder juvenil, padre o maestro cristiano puede comenzar a dominar cada dilema científico o intelectual que se les presenta a los adultos jóvenes de hoy. Esta es la razón por la cual debemos examinar nuestros esfuerzos para enseñarles a los jóvenes qué pensar acerca de las cuestiones de la ciencia, la ética, la política e incluso la teología, así como considerar la manera en que pode­mos ayudarlos a aprender a pensar. Como administradores de sus considerables dones, debemos prepararlos para un razonamiento cuidadoso, en oración, y que colabore con los cristianos y no cris­tianos por igual.

Extracto del libro Me Perdieron

Por David Kinnaman

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