Lo que tenemos que hacer es enfocarnos en desarrollar y extender el reino de Dios por sobre cualquier interés propio o de un tercero.

Hay muchos líderes de jóvenes en diversas iglesias que luchan con este dilema. Hace poco en una iglesia grande e impactante de nuestro medio despidieron a su pastor de jóvenes. La razón: cuestionaba mucho lo que hacía el pastor titular. Todo comenzó hace siete años. El pastor titular parece que no aguantó más esa actitud y final­mente despidieron al pastor juvenil; él está destrozado.

Ahora bien, ¿está bien cuestionar la autoridad? Mu­chos piensan que el pastor titular es el portavoz de Dios. En otras palabras, lo que diga es como si Dios ha­blara a través de él. Y bueno, la verdad es que a veces Dios usa a los pastores para impartir la verdad en nuestras vidas. Podemos acercarnos a ellos para que nos orienten en la vida y para que aprendamos de sus ex­periencias como cristianos. No obstante, ¿son efectiva­mente unos portavoces de Dios? Por supuesto, así como todos los creyentes en Cristo, pues somos llama­dos en la Biblia sacerdotes. Sin embargo, los pastores también nos equivocamos, ya que somos humanos. Y aunque estamos cumpliendo nuestro llamado, no esta­mos exentos de ser cuestionados.

Por otra parte, veo un conflicto entre lo que los pas­tores pensamos y lo que sucede en la realidad. Muchos ministros, para tratar de justificar el problema de quie­nes los cuestionan, inician toda una apología del some­timiento. Es decir, quienes no se sometan, están en rebeldía. No obstante, la cruda realidad es que muchas veces detrás de ese argumento hay una impaciencia y hasta una intolerancia por las críticas que se arrojan contra sus trabajos en la iglesia. La otra cara de la mo­neda también existe, pues muchos de sus argumentos se soportan en el hecho de que quienes los critican lo hacen con una mala intención y actitud. Ahora bien, la respuesta a si debemos o no cuestionar es la siguiente: lo podemos hacer, pero con el fin de construir y no des­truir, es decir, sin una mala intención.

Hubo una joven que se molestó con algunas decisio­nes que tomó el pastor titular. En vez de hablar sobre lo que pensaba directamente con él, lo que hizo fue armar un escándalo con el resto de la comunidad. La gente entonces decía: «¿Por qué hizo eso? ¡No es justo lo que está pasando acá! Eso es abuso de autoridad». Esto lo único que provocó fue una molestia colectiva. El pe­cado salió a relucir con sus actitudes y no decidieron seguir las recomendaciones que enseña la Biblia para tratar este tipo de asuntos.

¿Qué nos recomienda la Biblia?

Esta es una pregunta importante, ¿qué enseña la Pa­labra que debemos hacer? Bueno, primero: tenemos que adoptar la actitud de Cristo y actuar en humildad y obediencia (Filipenses 2:5-11); segundo, si nuestro hermano o pastor peca contra nosotros, debemos ir a solas con él y hacerle ver su falta (Mateo 18:15); ter­cero, si no nos hace caso, debemos regresar con dos o tres testigos más (vs.16); cuarto, si todavía no nos hace caso, debemos decírselo a la iglesia (vs.17a); y quinto, si no le hace caso a la iglesia, tenemos que tra­tarlo como a un incrédulo (vs.17b).

Si se obedecen estos pasos, seguro que cualquier pas­tor lleno del Espíritu Santo estará agradecido con quien personalmente le haya dicho las cosas en amor y con buena actitud.

He sido pastor de jóvenes para cuatro pastores titulares. Tres de ellos tenían personalidades muy fuertes y eran líderes muy dominantes, pero nunca se sintieron amenazados por mi. Sabían que nunca buscaría quitarles el puesto. Los respetaba mucho. A través de esa confianza fue que pude confrontar y cuestionar sus decisiones.

Recordemos que es importantísimo que nuestro enfo­que sea siempre construir el reino de Dios y no nuestros «reinos» o posiciones. A veces tendemos a hacer esto último, pero no debe ser así. Lo que tenemos que hacer es enfocarnos en desarrollar y extender el reino de Dios por sobre cualquier interés propio o de un tercero.

Por último, animo a todos los jóvenes a hablar direc­tamente en amor y con buena actitud — pues esto lo permite Dios — con quienes tengan algún asunto que resolver. También a no sacar ninguna conclusión pre­cipitada hasta que no escuchen o se digan ambas versiones, pues la moneda siempre tendrá dos caras. Esto es mantener la objetividad y la actitud que Dios nos pide.

Extracto de “Consejos desde el Frente”

Por Ricardo Brown


MAS INFO

Para más novedades síguenos en Facebook: DESAFIO JOVEN

DEJA UNA RESPUESTA

Please enter your comment!
Please enter your name here