Regresando a la historia de Daniel, debemos detenernos ahora a considerar que en primera instancia su propuesta de cambio fue rechazada. De modo habitual, esa parte de cualquier historia no es la más agradable, pero veamos cuál fue la reacción de Daniel.

En Daniel 1, a partir del versículo 9 encontramos un diálogo (¡y cuánto nos hace falta a nosotros desarrollar esa capacidad de intercambiar ideas!). En el versículo 10, el jefe de los eunucos pudo expresar con mucha claridad cuál era la razón de su rechazo a la propuesta de Daniel. Él pensaba que, si Daniel y sus amigos no comían la comida del rey, mostrarían un aspecto demacrado y la consecuencia de tal vergüenza representaría su misma muerte. ¡Es obvio que si yo fuera este hombre tampoco aceptaría la propuesta de Daniel! ¡No me gustaría que mi cabeza estuviera en juego! Daniel supo escuchar las razones del no.

Del uno al diez, ¿qué tan bueno(a) te consideras para escuchar a otros cuando rechazan tus propuestas?

Cuando recibes un no por respuesta, ¿tienes la templanza para prestarle atención a las razones por las que tu propuesta no es aceptada? ¿Puedes interpretar correctamente las razones no expresadas?

¡Una vez que sabes escuchar las razones del no, estás en mejor posición para lanzar una nueva propuesta! Aprende a escuchar el problema, no para rendirte ante él, sino para generar soluciones. Piensa en alternativas que logren el objetivo inicial y superen el problema actual.

INTENTOS Y PRUEBAS

Cerremos las observaciones del caso de Daniel analizando la astucia de su segunda propuesta. La primera implicaba no comer la comida del rey (la cual resultó rechazada) y la segunda consistía en no comer la comida del rey durante diez días. Daniel lanzó un desafío muy específico y se arriesgó a sostenerlo: Si en diez días había algún problema físico en ellos, el jefe de los eunucos tenía toda la libertad de hacer con Daniel y sus amigos como quisiera. ¡Por supuesto, de cualquier forma, el jefe de los eunucos podía hacer lo que se le antojara! No hacía falta recordárselo. Sin embargo, se trató de una jugada muy astuta de Daniel, reconociendo quién tenía la autoridad.

El reto de los diez días era algo muy concreto. Su duración estaba bien definida. Implicaba una meta fácil de medir. Poseía consecuencias que podían anticiparse. ¡Sencillo y claro!

Cuando entiendes las razones del no, puedes formular nuevas propuestas que consideran otra perspectiva. Además, puedes proponer ejercicios de prueba, es decir, intentos en los que se pueden evaluar los resultados. Si estos no se alcanzan, el cambio se descarta y se regresa al estado anterior. No hay problema. ¡Al menos lo intentaron! ¡Y además, ganaron una experiencia muy valiosa! Piensa en alguna de las próximas propuestas de cambio que te gustaría hacer.

¿Qué ejercicio de prueba se te ocurre que podrías proponer?

¿Tu prueba tiene una fuerte probabilidad de resultar exitosa? ¿Por qué?

¿Qué sucedería si tu propuesta falla?

¡EN MARCHA!

Posiblemente en tu mente hay muchísimas cosas que te gustaría cambiar en tu grupo de jóvenes. ¡Por un lado, qué bien! Eso quiere decir que estás soñando, tienes mejores ideas y ves posibilidades de crecimiento. No obstante, por otro lado… ¡cuidado! No creo que emprender una cruzada para derribar de modo insensible todo lo que existe sea la mejor opción.

Sé sabio(a) para seleccionar los cambios prioritarios. Evalúalos a la luz de la expectativa de Dios y luego prepara un plan. Considera comenzar por los cambios que tienen mayor probabilidad de funcionar (¡en realidad, me atrevo a decir que deberías poseer una certeza total en cuanto a ellos!). Comienza por las modificaciones que sabes saldrán bien. No te lances cuando hay demasiados riesgos. Si las cosas no salen bien, sentirás un gran desánimo. Si impulsas cambios que muy probablemente saldrán bien, eso motivará a los demás. ¡Verán que sí es posible liderar un cambio! ¡Sentirán una sensación de triunfo! ¡Tendrás un precedente sobre el cual edificar! ¡Estas son pequeñas victorias que te abrirán un gran camino!

¿Cuáles consideras que son los cambios prioritarios que necesita tu grupo de jóvenes?

¿Cuál es tu motivación para pensar en implementar estos cambios? ¿Tiene que ver con avanzar más hacia la expectativa de Dios para tu ministerio?

¿Cuál es tu plan a fin de presentar las propuestas respectivas?

¿Cómo estás preparándote no solo con argumentos, sino también con el favor de Dios?

¿Puedes presentar una propuesta específica de prueba?

Para finalizar, menciona las tres lecciones más importantes que recordarás de este capítulo. ¿De qué maneras crees que estas ideas comenzarán a afectar tu liderazgo convirtiéndolo en uno más estratégico y audaz?

1.

2.

3.

 

Extracto del libro “Estratégicos y Audaces”

Por Howard Andruejol

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