Una persona que ya fue olvidada llamó al suicidio un «mal biológico, sociocultural, interpersonal, dual, existencial». Esta es una forma elegante para decir que el individuo suicida «típico» está haciendo malabarismos con una constelación de pelotas que siguen incrementándose en el transcurso de las semanas, meses, e incluso años.

Los adolescentes que son por naturaleza más impulsivos a veces presentan una notable excepción a esta regla. Una ruptura especialmente dolorosa de un noviazgo puede ser suficiente para hacer sus efectos en un muchacho de quince años. Pero no usualmente; la mayoría de las veces toma más que una única tragedia para conducir al suicidio.

La mayoría de suicidios pueden ser prevenidos. Si existe una única palabra que describa la disposición suicida, es ambivalencia. La mayoría de personas suicidas pesan en la balanza el «yo realmente, realmente quiero morir» y el «yo realmente, realmente quiero vivir».

Existe una gran historia acerca de un policía novato en su primera llamada suicida. Él logra llegar a la azotea de un edificio de oficinas de treinta pisos y encuentra a un hombre balanceándose en la orilla. Instintivamente, el joven oficial toma su revolver y grita: «¡Deténgase o disparo!». Ante esto, el hombre en la orilla alza las manos en el aire, y grita: «¡No dispare!», como si dijera: «Si me dispara, ¡podría morir!». Esta es la misma persona que, momentos antes, contemplaba hacerse uno con el pavimento en la caída. Esto es ambivalencia.

DAME UNA SEÑAL

Aquí hay algunos factores de riesgo que pueden conspirar para producir un acto suicida:

  • Una historia de desarrollo de problemas.
  • Problemas familiares en ascenso.
  • Experiencias agudas de separación y pérdida.
  • Sentimientos de rechazo y de no ser queridos.
  • Problemas crónicos de comunicación.
  • Cambios de conducta obvios y abruptos.
  • Estado de ánimo extremo constante y retraimiento.
  • Involucramiento repetitivo en conductas de alto riesgo.
  • Abuso de alcohol y otras drogas.
  • Quejas físicas médicamente no diagnosticadas.
  • Perfeccionismo.
  • Desesperación.
  • Entregar objetos de valor.
  • Notas suicidas.
  • Lenguaje suicida: “estaría mejor si estuviera muerto”. “Ya no tendrán que preocuparse por mí”. “A nadie le importa si estoy o no”. “Sencillamente terminaré con todo”.

Un rasgo común en la mayoría de suicidios es una historia de problemas, acumulándose uno tras otro sin que se vislumbre un final. Cuando la impotencia se combina con la falta de esperanza, las personas están en serio riesgo. Desahogo emocional repentino, inexplicado de una depresión crónica. Los consejeros que trabajan con personas crónicamente deprimidas nos advierten que alzas repentinas, drásticas en el estado de ánimo pueden esconder un intento suicida. Las personas deprimidas a veces reúnen suficiente energía para concluir que el suicido es la única forma de terminar con su dolor. Ya que la última resolución está en la mira, ellos pueden experimentar un desahogo emocional extravagante. Tales episodios pueden indicar un riesgo más elevado.

PLAN DE ACCIÓN: PROFUNDIZA MAS.

A. Toma a la persona seriamente, aun si alguien trata de engañarte con garantías que él nunca haría algo tan tonto. Presta atención a menciones repetidas de muerte, especialmente en la presencia de un puñado de factores de riesgo.

B. Observa y escucha emociones no verbales. Las personas suicidas tienen dificultad para articular el dolor que sienten y la falta de esperanza y la impotencia de sus situaciones. Aun más, creen que muchos de sus gritos por ayuda pasan inadvertidos. Para algunos, los gestos suicidas son esfuerzos para ganar atención y obtener ayuda. El suicidio fue referido como «un lenguaje perverso». Si una persona suicida dice: «si no me escuchas, haré que me escuches, porque ¡no puedes ignorar un cadáver!».

C. Si tienes la más leve razón para creer que el uso de lenguaje suicida de una persona puede ser serio, abórdalo en una conversación privada para investigar. Utiliza el bosquejo DLAP del capítulo cuatro para guiar tus preguntas.

  • Detalles específicos: ¿tiene un plan?
  • Letalidad del método: ¿es mortal su método?
  • Accesibilidad al método: ¿tiene acceso a los medios que planea usar?
  • Proximidad a recursos de ayuda: ¿su plan lo pondrá fuera de alcance?

D. Si crees que el riesgo es inmediato, no dudes en referirlo o de otra manera llama refuerzos. Si un joven, un amigo, o un colega te pide que revises su percepción de que alguien puede ser suicida, deja lo que estés haciendo y apóyalo. Honestamente no toma mucho tiempo calcular la seriedad de una persona insinuando un suicidio.

E. Haz la pregunta: «¿Has considerado el suicidio?». Existen dos respuestas bastante comunes: «No, ¡las cosas todavía no están tan mal!» o «Sí, lo hice». Aun si la respuesta es no, has abierto una puerta para el ministerio. Si la respuesta es: «No, las cosas todavía no están tan mal», utiliza la situación para cuidado preventivo. «Me alegro que las cosas no estén tan mal, pero, ¿podrías prometerme que si alguna vez se ponen así, seré el primero en saberlo?». No pierdas una oportunidad de dejar que los jóvenes sepan que no están solos y que pueden contar con el hecho que al menos una persona se preocupa profundamente por sus vidas.

F. Confía en que puedes ayudar. No ignores las advertencias obvias como: «Sencillamente me quitaré la vida, ¡y entonces seré feliz!» solo porque tienes miedo de involucrarte. Puedes ser un puente hacia la vida para los jóvenes y los adultos en una crisis suicida. Un título en consejería o entrenamiento especializado no es requerido para marcar una diferencia. Los líderes juveniles, padres, maestros, y aun compañeros pueden ser un enlace crítico para ayudar. Cuando reconoces tu lugar en el proceso de ayuda, eres libre de la ansiedad de cargar con el peso completo de la responsabilidad. Haz tu parte.

G. Comparte la responsabilidad y reconoce tus limitaciones. Tu responsabilidad es preservar la vida, no la amistad.

Rich Van Pelt : Luego del suicidio de uno de sus mejores amigos, varios chicos adolescentes vinieron a confesarme que él les había compartido su plan de quitarse la vida y les pidió que lo mantuvieran en secreto. Así lo hicieron, y en el proceso amaron a su amigo hasta la muerte. Nuestro desafío es amar a nuestros amigos hasta la vida; a veces eso significa llamarles la atención. Reconoce tus límites e involucra a otros con más conocimiento y experiencia.

Extracto del libro Cómo Ayudar a Jóvenes en Crisis.

Por Jim Hancock y Rich Van Pelt

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