Acercarnos a las personas y amarlas.

Ya hemos mencionado en más de una ocasión que el amor es la principal herramienta pedagógica en manos del discipulador. Como todos los seres humanos, los jóvenes responden al amor y al interés genuino por ellos. Hemos experimentado en muchas ocasiones el hecho de que los jóvenes abren su corazón en respuesta al amor y al ofrecimiento de aceptación incondicional. Cuando lo hacen en respuesta a nuestro amor, llegamos a conocer su personalidad real y, por tanto, sus necesidades más auténticas. Incluso podemos ayudarlos a delimitar y definir necesidades que ellos mismos, tal vez, no sean capaces de ver. Podremos, en fin, colaborar para que sus necesidades no sentidas salgan a la superficie.

Conocer el medio ambiente de los jóvenes. Sea de manera consciente o inconsciente, todas las personas recibimos el impacto y la influencia del medio ambiente en el que vivimos. Recibimos esa influencia y presión por medios muy variados y a través de fuentes diversas, como los compañeros, los amigos, los superiores. Y los medios de comunicación social: radio, televisión, cine, prensa, libros.

La presión del medio ambiente es una realidad. No sólo en estos días; siempre ha sido así. En el Antiguo Testamento hay constantes advertencias de Dios al pueblo judío en relación con la nefasta influencia que podrían recibir de sus vecinos (Levítico 18:3). Y en el Nuevo Testamento, recordemos el consejo de Pablo: No se amolden al mundo actual (Romanos 12:1,2).

Conocer el ambiente en el que se mueve el joven nos ayudará a entender mejor sus actitudes y comportamientos. Y por otra parte, a comprender muchos de los problemas y necesidades que se les presentan a estos jóvenes en su seguimiento de Cristo. Es una parte tan importante de la ejecución de la pastoral juvenil que le dedicamos el siguiente apartado.

Extracto del libro “Raíces” .

Por Félix Ortiz.

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