Estamos rodeados por personas que necesitan ayuda. Su rango de necesidades va desde la simple afirmación de un encuentro humano, hasta un profundo problema emocional y espiritual con consecuencias de vida o muerte. Nuestra capacidad de ayudar se inicia con actos intencionales de prestar atención. Esto significa observar, tomar tiempo para hacer preguntas, y escuchar hasta que entendamos lo que la persona realmente está diciendo. Dada la proporción de oídos-persona en el mundo, escuchar es un regalo sorprendentemente poco activo entre la gente que afirma preocuparse por los demás. Al escribir esto, aún no hay ningún dato confiable de cuánto tiempo los padres y los adolescentes pasan en conversaciones significativas; pero el sentido común no dice mucho, ni remotamente suficiente. Escuchar requiere tiempo. Un buen oyente paga el precio. Y muchas familias simplemente no quieren o no pueden pagarlo.

Rich Van Pelt: Fui profesor adjunto del Ministerio al Joven y la Familia, en el seminario de Denver, por más de una década. Un día, pedí a la clase que hablara acerca de la persona de mayor influencia en sus vidas y por qué era tan importante. En medio de la descripción de su padre, una estudiante paró de hablar, reunió sus pensamientos, me vio directo a los ojos, y dijo: «Lo siento Rich, pero me estás poniendo muy nerviosa». Obviamente estaba desconcertado y preocupado que algo de mi comportamiento la hiciera sentir incómoda. Así que me disculpé. «¡Ah no! ¡No es tu culpa! Es solo que no estoy acostumbrada a que alguien me escuche de verdad».

Algunos jóvenes nunca tienen la experiencia de ser realmente escuchados por un adulto, alguien que toma el tiempo, energía y enfoque que se requiere para realmente entender. El psiquiatra M. Scout Peck, describió esto: «La forma principal que toma el trabajo de amar es la atención. Cuando amamos a otra persona, le damos nuestra atención; estamos atentos a su crecimiento. Cuando nos amamos, nos fijamos en nuestro crecimiento. Cuando estamos atentos a alguien, cuidamos a esa persona. La acción de ocuparse de alguien requiere que pongamos a un lado nuestras preocupaciones existentes… y activamente cambiemos nuestra conciencia. La atención es un acto de voluntad, o trabajo, contra la inercia de nuestras mentes».

CÓMO ESCUCHAR PROFUNDAMENTE

Aquí hay elementos clave para escuchar profundamente:

DESEMPACA TU PROPIA MALETA.

Una manera de aprender acerca de ti mismo es ver lo que hay en tu propia mochila. Lo que mantienes contigo dice mucho acerca de quién crees, qué eres y lo que crees que estás haciendo. El acceso a lo que hay en tu equipaje en cualquier momento afecta el estilo y esencia de tu ministerio, especialmente tu capacidad como oyente. Desempaca tu equipaje y mira cómo el contenido moldea tus habilidades de escuchar:

A. HISTORIA DE LA VIDA. Quién eres, como resultado de un cúmulo de experiencias en la vida, puede mejorar o inhibir tu capacidad de escuchar. Si creciste en un sistema familiar de alcoholismo y nunca obtuviste ayuda para manejar los problemas de abandono y rencor, podrías encontrarte emocionalmente abrumado cuando alguien te pida que escuches una historia que suena bastante similar a la tuya. Por el otro lado, si eres un sobreviviente de abuso sexual durante la niñez y recibiste ayuda para manejar la multitud de problemas que implican la recuperación de ese trauma, probablemente serás un oyente con empatía para cualquier persona con una historia de abuso.

B. EDAD. No tiene caso pretender que eres menor o mayor de lo que realmente eres. Es solamente una distracción que te ocasiona tener que prestarte más atención, y muy poca a la persona a la que aceptaste atender.

C. IDIOMA. Tu comodidad con respecto al vocabulario y sus usos marca una diferencia en cuanto a cuántas preguntas (especialmente preguntas de seguimiento) deberás hacer para hacerte entender.

D. SEXO. La socialización de los chicos y las chicas en cualquier cultura influencia el modo en el que los hombres y las mujeres aprenden a escuchar los mensajes hablados y leer la comunicación no verbal.

F. EDUCACIÓN. Si estudiaste psicopatología y teología, escucharás de manera diferente a como lo harías si solo hubieras estudiado psicopatología.

G. AMBIENTE FÍSICO. Aun si tienes la tendencia de ser un oyente que pone atención, un salón que es ruidoso, caliente, frío o que está lleno, puede hacer difícil el ambiente para hacerlo bien. Si te distraes fácilmente, es de especial importancia que controles apropiadamente el ambiente para poder escuchar.

H. CONDICIÓN PERSONAL. Vale la pena tomar en cuenta factores como fatiga, enfermedad, problemas personales sin resolver, para poder estar enfocado en escuchar.

I. SENTIMIENTOS PERSONALES. Los sentimientos positivos o negativos acerca de la persona a quien estás escuchando afectarán la calidad de tu manera de escuchar.

Extracto del libro Cómo Ayudar a Jóvenes en Crisis.

Por Jim Hancock y Rich Van Pelt

Lee la continuación de este tema AQUÍ.

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