“Éstos confían en sus carros de guerra, aquéllos confían en sus corceles, pero nosotros confiamos en el nombre del Señor nuestro Dios”. (Salmo 20:7).

En los papeles, el estudio bíblico y el ministerio juvenil no se mezclan. Y esa aparente incompatibilidad puede convertirse en nuestra peor pesadilla. Aquellos de nosotros que trabajamos con pre­adolescentes estamos aterrorizados por lo que dura el período de concentración de los preadolescentes (o para hablar con más exactitud, por su falta de concentración). Y aquí tenemos este gran libro lleno de palabras que les pedimos a nuestros jóvenes que lean, ¡lo cual constituye una segura receta para el aburrimiento!

Aquellos que trabajan con adolescentes tienen miedo de ser percibidos como irrelevantes o cursis… Sin embargo, aquí estamos con este libro lleno de leyes antiguas e historias, que se parece a los libros de texto del colegio, y constituye una combinación destinada a recibir muchos gestos de desagrado e irreverencia. Pero pensémoslo así: ¿Acaso no es como si Dios nos llamara a algo que requiere que enfrentemos nuestros temores más profundos? A través de la Biblia, Dios llama a las personas a unirse a él en esfuerzos en los que si él no obrara parecerían absurdos.

Imaginemos que el Mar Rojo no se hubiera abierto en el momento en el que Moisés con tanta seguridad sacó su vara y levantó su mano sobre el mar. Pensemos en esas más de seis millones de personas encogiéndose de hombros, dándole al pobre Moisés un saludo condescendiente, y arrastrando sus pies de regreso a Egipto. «¡Qué bobo!», habrían murmurado susurrando por lo bajo.

Supongamos que los muros de Jericó no hubieran caído cuando Josué y el pueblo marcharon alrededor de la ciudad. ¡Eso sí que hubiera provocado miradas! Las trompetas sonando, la gente gritando, y las murallas … ¡ahí! Por supuesto que Josué no habría tenido que soportar por mucho tiempo las miradas, puesto que el ejército de Jericó habría sido alertado por todo el alboroto de las trompetas de que el enemigo se encontraba afuera. ¡Qué fracaso!

Pero este es el punto: las murallas sí cayeron. El Mar Rojo se abrió, Dios cumplió, y Josué y Moisés se agregaron a la lista de los que confiaron en Dios para llevar a cabo lo encomendado, aun corriendo el riesgo de verse como locos.

DEPENDENCIA RADICAL

Me pregunto si Dios no querrá incluirte en esa lista. Si me permites ser atrevido, te preguntaré: ¿Hay algo en tu vida que te haga ser absolutamente dependiente de lo que Dios llevará a cabo? Si estás a cargo del ministerio juvenil, seguro que existen por lo menos un par de cosas. ¿Pero qué otra cosa? ¿Por qué no dirigir a tus jóvenes en un viaje a través de las Escrituras en una forma en la que tengas que confiar que la Palabra de Dios hará lo que dice que puede hacer?

¿Qué es lo que la Palabra puede hacer? Francamente, depende. Por un lado, la naturaleza implícita de la Palabra de Dios es transformar sin que nosotros levantemos tan siquiera un dedo. Es viva. Es activa. A pesar de las barreras físicas, tales como una agenda sobrecargada o un lugar inadecuado para una reunión, o las barreras espirituales, como el temor o la duda, es capaz de encontrar su lugar en las partes más profundas de nuestro ser y causar un estremecimiento de convicción (Hebreos 4:12). Por otro lado, si ponemos una mínima parte de nuestro esfuerzo en buscar a Dios a través de su Palabra, el impacto se incrementará de manera exponencial ¡con la intensidad de la escala de Richter!

Al explicarles a sus discípulos cómo debían conducirse en el mundo después de su partida física, Jesús señaló dos pasos para entrar en acción que les garantizarían su continua relación con él. En Juan 14:21 Jesús dijo que el que hiciera suyos los mandamientos y los obedeciera estaría demostrando el tipo de amor que su Padre y él buscaban. La palabra griega que traducimos como hacer, conlleva la idea de pertenencia, en este versículo el sentido es traer las palabras de Jesús y sus mandamientos a nuestra vida y hacerlas propias.

Así que, ¿qué clase de conexión esperamos tener con Jesús cuando intensificamos nuestra búsqueda de obedecer y hacer nuestros sus mandamientos? Mucho mayor. ¡Jesús se revelará a nosotros! La palabra “manifestar” en Juan 14:21 expresa la idea de una manifestación física. Esta no es una manifestación que está reservada para la segunda venida de Cristo; es una manifestación que puede suceder ahora. Seremos abrazados por el calor del amor de Dios y podremos experimentar la presencia palpable de Jesús. Esto no es algo que Dios tenga reservado únicamente para campamentos y viajes misioneros. En lugar de eso, es una actitud de confianza que Dios está buscando en cada una de las áreas de nuestra vida y ministerio.

Recuerda un tiempo en el que Jesús se te haya revelado. Puede ser cuando estabas orando, caminando, o estudiando las Escrituras. Ahora imagina a un grupo pequeño de jóvenes reuniéndose para hacer suyo, y obedecer lo que Jesús ha dicho. Imagínatelos perseverando en conocerlo hasta el punto en el que se sientan sobrecogidos por el amor de Dios y asombrados por la presencia de Cristo. Ese tipo de encuentro es la promesa que ha salido de la misma boca de Jesús.

Extracto del libro Cómo Enseñar la Biblia Con Creatividad

Por Barry Shafer

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