DEJARSE CAER CON CONFIANZA

Prueba este rápido ejercicio: Piensa en cinco o diez jóvenes y a continuación elabora una lista de las actividades en las que ellos están intensamente involucrados, tales como estudios, atletismo, música o juegos. Imagina cuántos escalones han tenido que subir para mejorar en esas áreas, las destrezas que han perfeccionado, las lecciones que han tomado, el tiempo que han invertido, la iniciativa que han demostrado. ¿Ya te has hecho una idea? Lo que has descubierto son dos cosas en las que los historiadores, sociólogos y teólogos están de acuerdo con respecto a los adolescentes: Ellos se van a entregar a lo que creen que vale la pena. Y están dispuestos a ser desafiados.

En una tarde calurosa de agosto pasé conduciendo mi automóvil por la práctica de fútbol americano de nuestra escuela local. Vi a un jugador corriendo solitario los cuarenta metros mientras sus amigos le tomaban el tiempo con un cronómetro. No había entrenadores. No había observadores. Todos los demás jugadores ya se habían ido a casa después de la práctica. A pesar del calor del verano, ese jugador estaba dispuesto a mejorar sus habilidades. Era un vivo retrato del factor de entrega que algunos tienen.

Repasa los «si» que encontraste en Proverbios 2. ¿Habrá un paralelo entre esas características inherentes a los jóvenes de hoy y la clase de intensidad que Dios reclama para cuando nos abrimos a su Palabra? Con un poco de estímulo, los jóvenes estarán felizmente dispuestos a incrementar la intensidad de su dedicación a las Escrituras.

¿Recuerdas el bien conocido juego de dejarse caer con confianza? En ese ejercicio, para afianzar el trabajo en equipo, a alguien se le pide que se deje caer de espaldas confiando en que el equipo lo sostendrá. El pedirles a los jóvenes que aumenten la intensidad de su dedicación a las Escrituras a muchos líderes de jóvenes les suena como si les estuvieran solicitando que se dejaran caer con confianza. Cuando uno da el primer paso y empieza a caer, se pregunta: ¿Quién va a sostenerme? Posiblemente te preguntes lo mismo con respecto a la Biblia cuando les pidas a tus jóvenes que se comprometan con un pasaje de las Escrituras. ¿Me sostendrán? ¿O me veré como un estúpido?

LA PALABRA EN LA PALABRA

Estas son algunas de las cosas que Dios dice sobre las Escrituras. Mientras lees estas palabras, escribe en el margen lo que Dios declara que la Palabra puede hacer. Estas son las verdaderas razones por las que puedes confiar.

  • La ley del Señor es perfecta: infunde nuevo aliento. El mandato del Señor es digno de confianza: da sabiduría al sencillo. Los preceptos del Señor son rectos: traen alegría al corazón. El mandamiento del Señor es claro: da luz a los ojos. El temor del Señor es puro: permanece para siempre. Las sentencias del Señor son verdaderas: todas ellas son justas. Son más deseables que el oro, más que mucho oro refinado; son más dulces que la miel, la miel que destila del panal. Por ellas queda advertido tu siervo; quien las obedece recibe una gran recompensa. (Salmo 19:7-11)
  • ¿No es acaso mi palabra como fuego, y como martillo que pulveriza la roca? —afirma el Señor. (Jeremías 23:29).
  • Pero tú, permanece firme en lo que has aprendido y de lo cual estás convencido, pues sabes de quiénes lo aprendiste. Desde tu niñez conoces las Sagradas Escrituras, que pueden darte la sabiduría necesaria para la salvación mediante la fe en Cristo Jesús. Toda la Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir y para instruir en la justicia, a fin de que el siervo de Dios esté enteramente capacitado para toda buena obra. (2 Timoteo 3:14-17).
  • Ciertamente, la palabra de Dios es viva y poderosa, y más cortante que cualquier espada de dos filos. Penetra hasta lo más profundo del alma y del espíritu, hasta la médula de los huesos, y juzga los pensamientos y las intenciones del corazón. (Hebreos 4:12)

Cuando los jóvenes aumentan la intensidad con la que estudian las Escrituras aunque sea un poquito, experimentan el sabor de las promesas que Dios hace en el pasaje de Proverbios 2. Y cuando los adolescentes experimentan estas cosas, ¡lo logramos! Es como dejarnos caer con confianza. sabiendo que hay mil brazos superpoderosos listos para atajarnos.

MÁS ALLÁ DE LOS ATAJOS

David escribió: «Éstos confían en sus carros de guerra, aquéllos confían en sus corceles, pero nosotros confiamos en el nombre del Señor nuestro Dios» (Salmo 20:7). No te será difícil evaluar si estás confiando en caballos, carros o en Dios. Solo echa un vistazo a tu oficina o considera de cerca el calendario de tu ministerio juvenil. No hay nada de malo en usar caballos y carros, y aun en maximizar los caballos y los carros si eres lo bastante afortunado como para tener algunos. Pero en un mundo que prospera por usar atajos, es muy fácil que los cristianos cometan un pequeño, casi imperceptible desliz hacia las herramientas y métodos elaborados por hombres que viven separados de Dios.

Los jóvenes de hoy quieren participar. Son capaces de ponerse en marcha para realizar viajes misioneros a corto plazo en tiempo récord. Se anotan como voluntarios para proyectos de servicio en las comunidades. Se enlistan en lo que sea que tenga el título de más profundo. Eso debería darte la confianza de que la Palabra de Dios hará lo que dice que puede hacer.

¿Sigues nervioso? No te preocupes. Solo significa que Dios te ha llevado a un lugar en el que tendrás que confiar en él. Y es ahí exactamente donde Dios te quiere.

Extracto del libro Cómo Enseñar la Biblia Con Creatividad

Por Barry Shafer

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