Se decían el uno al otro: «¿No ardía nuestro corazón mientras conversaba con nosotros en el camino y nos explicaba las Escrituras?» (Lucas 24:32).

Ustedes me llaman Maestro y Señor, y dicen bien, porque lo soy (Juan 13:13).

«¿Cuántos jóvenes tienes?»… ¿Cómo crees que Jesús habría respondido a la pregunta número uno del ministerio? Te aseguro que no hubiera respondido como lo hubiéramos hecho tú o yo. Esto no quiere decir que Jesús no estuviera preocupado por los números; sí lo estaba. Jesús no vino a salvar a unos cuantos, sino al mundo entero. Además, alguien debió haber contado a las personas el día que alimentó a los 5000. Pero la mayor parte de las veces Jesús invirtió su vida, tiempo, y recursos en 12 personas. Y con el tiempo, después de mucha paciencia y persistencia de su parte, ese pequeño pero maravilloso grupo creció al enorme número de … bueno, 11.

Imagina por un momento lo diferente que podría haber sido el ministerio de Jesús si hubiera ocupado su tiempo persiguiendo la meta que muchos de nosotros perseguimos: el crecimiento numérico. Un Jesús preocupado por los números hubiera estado empeñado en agradar a sus discípulos, esperando que ninguno quisiera perderse su siguiente enseñanza. Quizá hayamos pensado que los discípulos salían de las reuniones de enseñanza diciendo: «Él es gracioso. Traeré a mis amigos la próxima vez». «Escuché que vamos a hablar de sexo la próxima semana». «Este sí que fue un buen debate. Me gusta cómo nos deja hablar a todos al mismo tiempo».

Sin embargo, ese no era el caso. De hecho, los discípulos en los tiempos de Jesús por lo general se alejaban perplejos y confundidos. Tal vez un poco frustrados. Aun así, de algún modo aprendieron lo suficiente como para mantener esa nueva y extraña fe viva luego de la partida de Jesús. Se las arreglaron para escribir (o al menos comunicar oralmente) la mayoría de las verdades del Nuevo Testamento. Y con el tiempo, tuvieron éxito en cambiar el mundo.

Con los años he escuchado un sinnúmero de pláticas y leído muchos libros que analizan el enfoque ministerial de Jesús. Él usó la tecnología más reciente que había en su época (las parábolas). Utilizó ejemplos familiares y de la vida diaria para sus lecciones (como el pan). No le tuvo miedo a lo extravagante (los milagros). Construyó una relación y estimuló las relaciones. Yo no discutiría ninguno de estos puntos. Pero si me presionaran para mencionar una cosa por sobre todas las demás, tendría que basar mi decisión en lo que los mismos discípulos dijeron de él… Ellos lo llamaron Maestro.

Por sobre todo lo demás, Jesús se dedicó a enseñar a sus discípulos. Y, para nuestra sorpresa, no estaba preocupado por cómo ellos recibían su enseñanza. No le interesaba lograr su aprobación. Por su puesto, Jesús tenía mucho que llevar a cabo con estos hombres ordinarios y sin educación para prepararlos para fundar la era de la iglesia y todo lo demás. Y solo contaba con 3 años para hacerlo. Por supuesto, tú y yo solo tenemos 6/7 años, como mucho. Y no somos Jesús.

Como líderes de jóvenes tampoco estamos preparando discípulos para fundar la era de la iglesia. Pero preparamos a los adolescentes para llevar el evangelio a su era, una tarea de tremenda importancia para la supervivencia de la iglesia. Y aunque no tenemos la ventaja de ser Jesús, tenemos la oportunidad de ser como Jesús en este esfuerzo. Tal vez estés pensando: «¡Pero yo no ingresé al ministerio juvenil para enseñar!». Tal vez no, pero no te cierres a la idea. Una persona sabia dijo una vez: «Aquellos que saben cómo aprender, saben lo suficiente para enseñar». Los pasos inductivos que estás aprendiendo a dominar (observación cuidadosa, interpretación exacta, y aplicación de alto impacto) son herramientas que te pueden convertir en un aprendiz de por vida, alguien que busca a Dios. Enseñar no es más que tomar lo que Dios te enseña a ti y pasárselo a algún otro.

JESÚS EMPEZABA CON UN DESAFÍO

«Sígueme». Fue todo lo que dijo Jesús, y la respuesta de sus discípulos llegó de modo instantáneo. ¿Había algo especialmente convincente acerca de la voz y apariencia de Jesús? ¿Estaban cansados de la posibilidad de tener que lidiar con pescados, o de «pescar» a otros, recaudando sus impuestos por el resto de sus vidas?

Dadas sus historias familiares y la cultura de la época, estaban contentos de haber sido elegidos para seguir al Maestro. El hecho de que fueran hombres judíos metidos en los negocios de sus familias significaba que era muy probable que hubieran sido rechazados como candidatos para el discipulado. Los grupos de discipulado eran numerosos: los filósofos, pensadores, rabinos, fariseos, zelotes, y otros parecidos a ellos, todos tenían discípulos. Los discípulos seguían a un gran maestro con la esperanza de un día ser ellos grandes maestros y tener discípulos que los siguieran también. Era un camino que los chicos judíos de su tiempo seguían hasta que se les pidiera que lo dejaran. La siguiente mejor opción era regresar al negocio de su familia. Lo que oyeron estos pescadores y recolectores de impuestos cuando Jesús les dijo: «Sígueme», fue: «Creo que tú eres apto para el desafío».

Tú y yo podemos plantearles un desafío similar a nuestros jóvenes. Creo que en lugar de eso les hemos brindado muy poco durante mucho tiempo, apelando al menor denominador común en nuestras situaciones de «enseñanza profunda».

El Centro para el Ministerio Juvenil y de Familia del Seminario Teológico Fuller en una encuesta reciente, el 56% dijo que quería «más» o «mucho más» estudio bíblico en sus ministerios juveniles. ¡Eso es bastante! (a propósito, solo el 28% dijo que quería más juegos). En una nota más general pero igualmente motivadora, Christian Smith descubrió que el 25% de los adolescentes manifestó que asistiría más frecuentemente a los servicios religiosos si dejaran eso a su criterio. Nuestros jóvenes están más hambrientos de lo que pensamos. ¿Qué estamos haciendo para sacar partido de su hambre?

Apuntemos alto. Invitemos a nuestros jóvenes a ser parte de algo grande. Algo profundo. Algo revolucionario, con poder para mostrarles cosas que nunca han visto, enseñarles cosas que nunca han aprendido y cambiarlos de maneras que nunca se han imaginado. ¿Cómo lanzarles a los jóvenes un desafío? Aquí hay algunos puntos prácticos para considerar:

  • Hazlo voluntario. Evita convocarlos como ha ganado: viene uno, vienen todos. En lugar de eso, usa inscripciones que atraigan a aquellos que están listos para un reto así. Invita a los hambrientos, y asegúrate de comunicarles a los padres que estás buscando a los jóvenes que quieran participar y no a aquellos que quieren asistir por obligación o por presión de sus padres.
  • Comunica el desafío. Dales a tus jóvenes algo que morder. No tengas miedo de usar palabras como profundo, intenso, y nada de juegos. Hazles saber que esta puede ser la parte más desafiante y espiritual del ministerio de jóvenes, y que podría llevarlos a una mayor profundidad que la que los adultos están alcanzando. Y luego asegúrate de que así sea.
  • Mantenlo dentro de lo posible. Organiza tus estudios bíblicos en períodos de 6, 8 o 10 semanas. Eso le dará a tu grupo una fecha de inicio y de finalización clara, y los ayudará a saber qué esperar.
  • No temas plantearle el desafío a unos pocos. Digamos que solamente dos se inscriben, y sucede que tú eres uno de esos dos. ¡Adelante! Lidera y discípula a uno como si fueran veinte. ¿Recuerdas el crecimiento exponencial de buena tierra que Jesús prometió? (Vuelve al capítulo 4 y revisa Mateo 13:23 y Lucas 8:15). De la buena tierra crece buen fruto.

Extracto del libro Cómo Enseñar la Biblia Con Creatividad

Por Barry Shafer

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