MENSAJE POR ENCIMA DEL MÉTODO

Si has aprendido algo sobre los fariseos de los días de Jesús, sabrás que es importante no permitir que un sistema o método sobrepase al mensaje. Si tienes tendencia a realizar tareas como los fariseos (o, de hecho, como yo), puedes reducir la belleza de un atardecer a una lista personal de qué hacer en cuestión de segundos. Lo mismo puede ocurrir con un estudio bíblico. ¿Observé? Listo. ¿Interpreté? Listo. ¿Apliqué? Listo. Nada mal para 10 minutos. A este ritmo podré terminar Efesios en 15 días. Pero Jesús hizo una especial advertencia con respecto a esta clase de estudio bíblico. En Juan 5:39-40 les advirtió a los judíos que el solo estudiar las Escrituras, aunque realizaran el estudio más diligente, no los llevaría a la vida eterna. Encontrarlo a él sí lo lograría.

La razón para aplicar un proceso intencional cuando estudiamos las Escrituras no es acogernos a un método. Es simplemente ir más despacio, y que eso nos proporcione una amplia oportunidad para conectarnos con Jesús y su Palabra, y para observar y aplicar todo lo que él quiere que aprendamos y veamos.

Existen muchos buenos métodos de estudio bíblico que nos ayudan a ir más despacio y nos llevan a Jesús. De hecho, hay muchas formas de hacer un estudio inductivo. El método en sí no es sagrado. Pasar tiempo con Dios y su Palabra sí lo es. Lo que necesitamos es un plan probado por el tiempo que nos ayude a ir tras la Palabra de Dios como él nos lo ha pedido. Sin un plan, nuestro método predeterminado (y el de muchos de nuestros jóvenes) viene a ser simplemente leer y listo. Nuestros jóvenes merecen algo mejor, y nosotros también.

¿INDUCTIVO?, ¡AAAH!

La palabra inductivo puede tener diferentes significados para distintas personas. Los diccionarios definen el método inductivo como arribar a conclusiones o a principios basándose en los hechos recolectados. El objetivo es acercarse a esos hechos sin presuposiciones, desde una hoja en blanco, si esto fuera posible. Imagina a un detective recabando pistas en la escena de un crimen o interrogando a uno de los testigos. Como el trabajo de un detective, el estudio inductivo de la Biblia nos ayuda a llegar a conclusiones y a hacer aplicaciones basadas únicamente en los hechos que observamos en las Escrituras. Nos obliga a descubrir lo que Dios ha dicho en la Biblia, no lo que nosotros creemos que la Biblia dice ni lo que nuestra iglesia cree o lo que la tradición nos ha enseñado. Nos ayuda a experimentar el mensaje de Dios de primera mano, y por ende, a experimentar a Dios de primera mano. Nos provee un asiento en la primera fila para acceder a la revelación de Dios. Nos permite acercamos a la Palabra de Dios sin suposiciones previas. ¿Cómo sería preguntarle qué es lo que tiene que decirnos acerca de un tema en especial, y descubrir que su Palabra nos proporciona algo más enriquecedor de lo que suponíamos? La experiencia pude ser sumamente emocionante. También puede asustarnos, pero nunca aburrirnos.

DESCUBRIMIENTO PERSONAL

Una de las grandes recompensas del estudio inductivo es el tesoro del descubrimiento personal. Una verdad o un ¡vaya! al que tú personalmente le hayas prestado atención e interés tiene más poder de transformación que algo que simplemente leíste en un libro. También tiene mayores probabilidades de que lo recuerdes, aun años después. Es más, no hay un mejor momento en tu ministerio juvenil que cuando observas que algunos focos de luz se encienden sobre las cabezas de los jóvenes y descubren algo vital por su propia cuenta, un hallazgo directamente del corazón de Dios al de ellos. Con frecuencia sucede lo opuesto en el ministerio juvenil: Empezamos el tiempo de estudio bíblico explicando el descubrimiento que esperamos que los jóvenes hagan. Después construimos y debatimos en torno al descubrimiento esperado.

Todo eso resulta algo así: Escogemos un tema pertinente para nuestra serie, como sexo, por ejemplo. O una muy buena historia para nuestra plática, como algo gracioso que haya ocurrido en el supermercado. Después revoloteamos para encontrar un pasaje que refuerce la idea, o sea, paralelo al tema o a la historia. Eso se llama estudio deductivo, y su propósito es colocarle a las Escrituras una conclusión, como si fuera una curita.

El estudio deductivo pone la aplicación antes de la observación y la interpretación. El resultado puede ser un mal uso de las Escrituras (allí es donde ocurre la mala interpretación y la mala aplicación). Raramente nos conduce a un descubrimiento personal o al cambio. En el lado opuesto, el método inductivo se presenta como algo así: Vamos a Efesios 1 y vemos hacia dónde nos dirige. Solo se necesita hacer eso con unos cuantos capítulos de la Biblia para dar con la mayoría de los problemas con los que podemos construir toda una serie, y probablemente encontremos un lugar para usar nuestra grandiosa historia del supermercado también. El punto es que Dios hará su aparición, hablándote personalmente a ti y a tus jóvenes a través de su Palabra. Y él sabe mejor que tú qué problemas y qué temas se deben abordar.

Extracto del libro Cómo Enseñar la Biblia Con Creatividad

Por Barry Shafer

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