OCURRE EN CADA BUEN VECINDARIO

El divorcio te hace tambalear.

El divorcio te hace dar vueltas.

El divorcio te confunde.

El divorcio te obliga a escoger.

El divorcio te hace infeliz.

El divorcio te hace enloquecer.

El divorcio te hace preguntarte a quién le importas.

El divorcio te hace sentir mucho miedo.

El divorcio hace que haya silencio en la casa.

El divorcio te hace vivir en soledad.

El divorcio es supuestamente una respuesta.

El divorcio, de hecho, es cáncer emocional.

(Escrito por una niña de 10 años de Chicago).

Y eso básicamente lo dice todo. La disolución de las familias es un hecho de la vida hoy. El impacto de eso cae fuertemente sobre los hijos que tienden a interiorizar cuatro tipos de mensajes luego de una ruptura familiar: humillación, culpabilidad, falta de confianza, y expectativas inferiores.

HUMILLACIÓN

Mientras los amigos continúan con las tareas normales del desarrollo de la niñez y la adolescencia, estos hijos deben contender con los problemas de ajuste que resultan de las disrupciones familiares:

  • Custodia: ¿quién vivirá con quién en dónde y cuándo?
  • Trastornos emocionales en el padre que custodia.
  • Hostilidad entre los padres.
  • Dolor personal.
  • Tensión financiera como resultado de mantener dos hogares.
  • Incremento de las responsabilidades en los quehaceres diarios del hogar.
  • Ira hacia los padres, parejas y padrastros.
  • Nuevas reglas en casa y nuevos roles.

Muchos hijos se sienten avergonzados al hablar acerca de la separación o el divorcio de sus padres. Algunos preferirían sufrir la agonía y la soledad del silencio que arriesgarse a hacer el ridículo o a ser rechazados. Todo esto conspira para socavar el sentido de balance de un hijo. El resultado es una mezcla impredecible de disposiciones que pueden ir desde la vergüenza hasta la culpabilidad.

CULPABILIDAD

Muchos niños y jóvenes que viven el divorcio de sus padres se sienten responsables de las decisiones de los mismos. Ellos luchan con preguntas como: «¿Qué hice para provocar esto?» o «¿Qué pude haber hecho para prevenirlo?». Al hacer una retrospectiva, construyen escenarios con manos que los señalan en su dirección y los culpan. Al pensar en el futuro, confeccionan esquemas para hacer que sus padres estén juntos de nuevo.

En las familias donde el anuncio de divorcio viene como un golpe repentino, los hijos están más aptos para asumir las responsabilidades familiares que aquellos en familias donde la guerra se fue desarrollando por algún tiempo y los bandos son claramente definidos. En este último caso, los hijos pueden sentir culpabilidad si son aliviados por el cese de hostilidades.

Los padres que esperan hasta el último minuto para comunicarle a los hijos su intención de separarse o divorciarse, minimizan la oportunidad de que los hijos procesen lo que está sucediendo, hagan preguntas importantes (¿aún podremos verte?) y reciban seguridad vital de parte de ambos padres (todavía te amamos. Esto no tiene nada que ver con tu conducta. Es entre nosotros). Sin este procesamiento, la probabilidad que los hijos sientan responsabilidad por la separación se incrementa significativamente, haciendo su ajuste mucho más difícil.

FALTA DE CONFIANZA

Los hijos que sobreviven el divorcio frecuentemente muestran señales de perder la fe en los adultos. En un intento de justificar sus acciones, uno o ambos padres pueden compartir vagos detalles que hacen que la otra persona se vea mal, irresponsable y principalmente culpable. Los juegos que los padres practican son llevados más allá por los parientes o amigos interesados en ayudar a los hijos a ver realmente de quién es la culpa. Las cortes, cuyo propósito es proteger los mejores intereses de los hijos, a menudo los llevan hacia una situación en la que son usados por uno de los padres en contra del otro.

Cuando el humo se despeja, los hijos se quedan preguntándose si existe algún adulto en el que puedan confiar. David Elkind, afirma nuevamente: «Considera por un momento lo que el divorcio hace en el joven en su sentido de la sabiduría, competencia y experiencia de los padres. Este evento no solamente confronta al adolescente con los problemas difíciles de autodefinición sino que también cambia su percepción de la autoridad de los adultos. Muchos jóvenes creen que, por ejemplo, debido a que sus padres arruinaron sus propias vidas, ellos no tienen nada que enseñar a los adolescentes acerca de la vida. Y luego, en algunos hogares de padres solteros, los jóvenes son tratados como totalmente iguales al padre que se quedó, cosa que también contribuye al declive de la autoridad de los padres».

EXPECTATIVAS INFERIORES

No es inusual escuchar que los adolescentes de hogares con problemas expresen su temor a quizás nunca llegar a disfrutar de un matrimonio feliz, o la opinión de que no existe tal cosa.

PLAN DE ACCIÓN: ESPERANZA REALISTA

Expón a los jóvenes a modelos relacionales realistas saludables. Enseña acerca de cómo resolver problemas, simpatía, empatía, negociación, resolución de conflictos, perdón y restauración.

Enséñales a los jóvenes a entender los límites de la edad adulta. Destruye los mitos de la omnipotencia del adulto y la omnicompetencia. (Esto no es muy difícil; ya ellos están despertando al hecho que sus padres son tan torpes como cualquier otra persona, el asunto es ayudarlos a ser generosos al respecto en lugar de cínicos).

Haz acto de presencia en la vida de los jóvenes cuyos padres se están separando. No asumas que la información acerca del divorcio es un sustituto de las relaciones. El reportero investigativo, Warner Troyer, entrevistó a cientos de niños, jóvenes y adultos americanos y canadienses que tenían una cosa en común: todos eran hijos de padres divorciados. «La cosa más esencial, observa Troyer, es simplemente que los padres, después del divorcio, no son tan grandiosos. La compañía y amistad de otros adultos es necesaria».

Recluta a otros adultos, y divisa formas orgánicas para que se conviertan en amigos y mentores de los jóvenes, especialmente de aquellos que viven con padres solteros.

Anima a los padres divorciados a comprometerse con un grupo de recuperación basado en la iglesia. Si esto no existe en tu comunidad, reúnete con otros adultos interesados y diseñen uno.

Ofrece expresiones apropiadas de afecto cuando los jóvenes estén atravesando el divorcio. La experiencia completa de afecto físico puede ser escasa durante los conflictos familiares. Debe ofrecerse sin decir que el afecto debe darse de manera apropiada (pero lo diremos de todas maneras). Más allá de esto, la crisis emocional de un joven puede iniciar las expresiones inapropiadas de contacto físico. Evita cualquier contacto físico o abrazos incómodos gentil e inmediatamente.

Toma la iniciativa. Cuando sepas que una familia está en problemas, no esperes que el joven inicie. Da los pasos para comunicar tu interés y disponibilidad.

Cuando comiences a ver tendencias negativas en la actitud o conducta de un joven, pregunta: «¿Qué está ocurriendo en tu casa?». No dudes en referir a adolescentes crónicamente deprimidos a un profesional.

Extracto del libro Cómo Ayudar a Jóvenes en Crisis.

Por Jim Hancock y Rich Van Pelt

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