CUIDADOS ESPECIALES

La iglesia no puede estar ajena a estas realidades, y debe velar por el bienestar de cada niño, y también por la buena reputación de cada maestro y consejero. En realidad, todas las puertas de las clases de niños deberían tener una ventana por la cual se pueda mirar hacia el interior de la sala. Lo importante es que la consejería nunca debe realizarse en un lugar cerrado. ¡Este principio es válido incluso para la consejería con adultos! De no contar con este tipo de puertas, entonces se debe dejar la puerta entreabierta, o hacer consejería en algún rincón del templo, pero estando siempre a la vista de otros. Los que servimos entre los niños no solo debemos velar por su salvación y por su crecimiento espiritual. También debemos velar por su integridad.

Juan 10.10 es un texto conocido que nos habla de la manera de actuar del enemigo, el diablo. Él quiere arrebatar la semilla de la Palabra de Dios que semana a semana intentamos sembrar en las vidas de los pequeños cuando les enseñamos las verdades bíblicas. De este verso se desprenden tres conceptos importantes:

1. El ladrón viene a robar.

El enemigo quiere «robar» la Palabra que fue sembrada en las vidas de los niños. El diablo entiende el valor de la vida de un pequeño… ¡quizás más que nosotros mismos! Él sabe que un niño entregado a Cristo es una vida de honra y servicio al Señor; es una vida que se va a reproducir en otros por el testimonio vivido y predicado. Por eso él quiere «robar» esa Palabra, quiere arrebatar esa enseñanza, quiere truncar el proyecto de Dios para la vida de cada niño que se acerca al Señor. El enemigo es el ladrón que quiere robarles a nuestros niños su presente y su futuro en Cristo.

2. El ladrón viene a destruir.

El propósito del enemigo no solo es robar, sacar, arrebatar la Palabra sembrada en las vidas de los niños. Él además los quiere «destruir». Este ha sido el objetivo del maligno desde siempre: «destruir la imagen de Dios en sus criaturas». Él quiere echar por tierra todo lo que ha sido construido en las vidas de los pequeños en cuanto a su fe. ¿Qué es lo que viene a destruir? Aquello que ha sido construido, edificado. La meta del enemigo es desarmar y desbaratar la Palabra sembrada en la vida del niño, de manera que no de fruto.

3. El ladrón viene a matar.

Al menos los que vivimos en Latinoamérica somos muy conscientes de esto. Cuando nos roban y conservamos la vida, ¡damos gracias a Dios! Esto es así porque, lamentablemente, la mayoría de los robos vienen acompañados de muerte. Incluso a veces los ladrones no se llevan nada material… pero se «roban» una vida. El enemigo no solo quiere robar; el enemigo quiere matar. Matar es aniquilar, es quitar la vida. El propósito del diablo es matar a los niños espiritualmente.

Lo muerto no tiene vida; si no tiene vida, no puede crecer; si no puede crecer, no puede dar fruto. La meta final del enemigo es esta. Matar a nuestros niños. Y matar así a la nueva generación de cristianos.

Cuando pensamos en este texto a la luz del daño que puede producir en la vida de un niño un abuso dentro de un ámbito en el cual él ha depositado su confianza, entonces tomamos verdadera dimensión de lo devastador que puede ser esto en la vida de un pequeño. Hay «lobos» que se han metido entre las ovejas, y aun más, entre los corderitos.

¿Qué consecuencias directas tiene un abuso de este tipo en la vida de un niño?

  • El ladrón viene a robar: Cuando un niño es abusado por una persona cercana y querida por él, se le arrebata tu inocencia. Sus sueños y fantasías infantiles son robados, y en cambio empieza a experimentar pensamientos pesimistas, y pesadillas que le roban la paz.
  • El ladrón viene a destruir: Cuando el niño es abusado por alguien que en realidad debía cuidarlo, su confianza es destruida y su mundo infantil se desintegra.
  • El ladrón viene a matar: Cuando un niño es abusado en un ámbito donde se le hablaba del amor de Dios, se mata la semilla de la fe. Todos los valores y principios aprendidos son aniquilados por esta terrible experiencia.

No es fácil hablar de estos temas, y no es fácil plantearse la posibilidad que en nuestro entorno cercano algo tan terrible pueda ocurrir. Pero es tiempo de dejar de lado nuestros supuestos y mirar la realidad. Tapar o negar lo que pasa en el mundo hoy en día, no ha servido de nada. Por el contrario, ha traído más dolor y más sufrimiento a aquellos que han padecido algún tipo de abuso en ámbitos religiosos. Debemos estar atentos, alertas, y tomar todas las precauciones necesarias para que en nuestras iglesias los niños sean cuidados en el más amplio sentido de la palabra.

Recordemos también que, mientras el enemigo tiene el propósito de destruir las vidas de nuestros niños, en Juan 10.10 el Señor nos asegura que vino a darnos vida. Debemos caminar en sus planes y propósitos, para vivir esa vida plena que Él ha prometido darnos.

Extracto del libro Manual de Consejería Para el Trabajo Con Niños.

Por Jessica Ibarbalz

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