La mayoría de los adolescentes y adultos jóvenes cristianos no están exprimiendo sus cerebros (o sus almas) en un esfuerzo por darle una coherencia lógica a su afirmación de la fe. Sin embargo, este tipo de preocupaciones afecta a millones de jóvenes (y adultos) estadounidenses, de modo que no debería ser minimizado. He­mos aprendido en nuestras entrevistas con personas de 18 a 29 años que tienen antecedentes cristianos que un cuarto (23%) posee «dudas intelectuales importantes sobre su fe». Esto no representa a la mayoría, pero recuerda que las historias individuales importan. Uno de cada nueve jóvenes cristianos (11%) afirma que las experiencias universitarias han causado en ellos dudas sobre su fe. Este no es un gran porcentaje, pero representa a decenas de miles de personas.

¿Cuáles son las implicaciones? La apologética tradicional todavía tiene un papel importante que jugar a la hora de lidiar con las pre­guntas intelectuales que se levantan en el camino hacia una fe com­prometida… aunque la forma de la apologética debe ser adaptada a la nueva generación. Debemos considerar salimos del enfoque de los «expertos» hacia un enfoque más personal… Para aquellos de nosotros que tenemos fuertes convicciones puede resultar difícil imaginar cómo la gente lucha con la increduli­dad. Una de las entrevistas cualitativas que le hicimos a un hombre joven llamado Matt me ayudó a entender la potencia de las pre­guntas intelectuales. Él dijo: «A veces desearía poder presionar el botón de creer. De verdad deseo decirle que sí al cristianismo. Sin embargo, no funciona de esa forma. No puedo dejar pasar algunas de estas preguntas sobre la fe, Dios y el cristianismo»…

Algunas de las dudas con las que nos hemos topado en nuestra investigación se hacen eco de problemas similares, lo cual no es sorpresa; estas son preguntas con las cuales las personas han lucha­do desde los albores de la fe. Encontramos que aquellos que expe­rimentan dudas intelectuales son comúnmente pródigos: los que decidieron no ser cristianos. Entre los desertores, los pródigos son los que tienen más probabilidades de hacer una o más «preguntas grandes», las cuales no pueden descifrar. Por ejemplo:

  • ¿Por qué Dios permite el sufrimiento? ¿O el mal?
  • ¿No es el hecho de que haya nacido en una familia cristiana un accidente social o geográfico? Pude haber nacido hindú o de cualquier otra fe.
  • ¿Qué debo creer de la Biblia? ¿Por qué?
  • ¿No dicen básicamente lo mismo todas las religiones?
  • ¿Por qué el cristianismo es tan exclusivo?

Por supuesto, la mayoría de las personas —no solo los pródi­gos— se preguntan esto en algún punto a lo largo de su camino de fe. No obstante, simplemente preguntarse hace muy poco para detener a la mayoría de las personas en sus jornadas espirituales. La investigación muestra que, mientras los estudiantes entran en sus últimos años de escuela secundaria y luego van a la universidad, este tipo de dudas crece de una manera significativa e impactante. No obstante, incluso en su punto más alto, no son normalmente las preguntas in­telectuales las que provocan una ruptura entre los jóvenes cristianos y sus creencias. Los nómadas o exiliados, por ejemplo, están dispuesto a considerar las preguntas intelectuales, pero a menudo encuentran que otro tipo de dudas debilita más su compromiso de fe.

DUDA INSTITUCIONAL

Un tipo particular de duda experimentada por la siguiente gene­ración es una forma de escepticismo institucional dirigido al cris­tianismo de hoy. El cantautor David Bazan, ejemplifica esta perspectiva. Estos adultos jóvenes pueden estar frustrados por las preguntas filosóficas clásicas tanto como los incrédulos intelectuales, pero también están entrando en un conflicto profundo con las expresiones del cristianismo moder­no de hoy en día, las cuales muchos catalogarán como distorsiones o abusos de las enseñanzas de Cristo. En otras palabras, algunos adultos jóvenes dudan de Dios, pero para otros, «la duda» puede describirse mejor como un profundo y visceral sentido de que la iglesia de hoy no es lo que podría o debería ser.

Pienso que esto ayuda a explicar uno de los descubrimientos sorpresivos acerca de los cuales escribí en Casi cristiano. Muchos jóvenes cristianos, así como muchos que no son cristianos, tienen una percepción negativa de la iglesia, en particular del evangelismo en los Estados Unidos. Durante ese proyecto de estudio, me sentí impactado al encontrar a muchos creyentes jóvenes que tienen opi­niones negativas de la iglesia. Las encuestas que hicimos para este proyecto ayudaron a aclarar y definir esos primeros hallazgos.

Uno de cada cinco jóvenes (21%) con antecedentes cristianos han dicho: «Soy cristiano, pero la iglesia como institu­ción es un lugar difícil para vivir abiertamente mi fe». Exponer al­gunas de las partes más oscuras de la vida religiosa también puede sembrar semillas de duda. Entre los adultos jóvenes con anteceden­tes católicos, un quinto reportó: «Los escándalos de abusos hechos por los sacerdotes han hecho que cuestione mi fe». Otra duda es la que rompe mi corazón, y esta tiene terribles implicaciones para el liderazgo de la iglesia del mañana. Cerca de uno entre ocho jóvenes cristianos (13%) afirma que «trabajaba en la iglesia, pero terminó desilusionado». Nuestra investigación no sondeó si eran parte del personal o voluntarios de la iglesia, pero de igual manera, hay de­cenas de miles de jóvenes de 25 años desconectados por experiencias negativas de primera mano al servir a su congrega­ción. ¿Cómo podemos hacer un mejor trabajo monitoreando las experiencias que los jóvenes tienen en el liderazgo?

El entorno de la duda institucional es uno de los lugares don­de podemos ver el aumento de los exiliados, jóvenes cristianos que buscan formas de seguir a Jesús fuera de los senderos típicos… Más de un tercio de los jóvenes cristianos (38%) «quiere encontrar una manera de seguir a Jesús y conectarse al mundo en que vive». Un quinto (22%) desea «hacer algo más que reunirse una vez por semana para adorar».

Shane Claiborne y sus amigos en The Simple Way (La forma sim­ple), una comunidad monástica en Filadelfia, son un notable ejem­plo de esta postura. Ellos están comprometidos a vivir según una visión decidida y contracultural del cristianismo, no obstante, Sha­ne comparte su visión en las conferencias y eventos de las iglesias principales, exhortando a los creyentes de mucha tradición a exa­minar y reevaluar su forma de ser seguidores de Cristo. No todos estamos de acuerdo con todo lo que estos jóvenes exi­liados dicen y hacen. Sin embargo, creo que estamos cavando nues­tra propia tumba al ignorar las dudas institucionales de la próxima generación. Dios parece siempre trabajar al margen y hablar por medio de voces proféticas. Con frecuencia los líderes jóvenes son audaces y catalíticos, y Dios va a utilizar a mujeres y hombres jó­venes para empezar nuevas organizaciones al servicio de la iglesia. Billy Graham era joven cuando su ministerio evangelístico despegó.

Algunos serán muy rápidos al actuar con relación a sus dudas institucionales y se definirán a sí mismos por su salida. Con todo, algunas de sus críticas darán en el blanco y nos ayudarán a identi­ficar lo superficial de nuestra adoración y prácticas. Mientras que estoy convencido de que todo cristiano necesita ser parte de una comunidad de miembros creyentes —y de que muchos jóvenes de­sertores necesitan más de esa verdadera comunión en sus vidas— debemos estar dispuestos a escuchar y responder a las más sinceras dudas institucionales de la siguiente generación.

Extracto del libro Me Perdieron

Por David Kinnaman

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