Actualmente los jóvenes se enfrentan a varias opciones y a varias posibilidades de elección y debemos ayudarles a tomar las decisiones adecuadas, en vez de simplemente conocer las respuestas correctas. Nuestra respuesta tradicional como iglesia ha sido la de adoctrinar: predicar e intentar imponer nuestro punto de vista por encima del resto del mundo. Nos damos cuenta de que esta opción no funciona.

Los jóvenes sufren una “invasión de información” procedente de varias fuentes y con distintos mensajes, la mayoría de los cuales tienen un impacto más contundente que lo que oyen de la iglesia. La gran parte del tiempo les dicen lo que tienen que hacer, tanto en el hogar familiar como en la escuela y muy a menudo no se les anima para que piensen por sí mismos. Es nuestra labor enseñar a los jóvenes cómo pensar, no solamente qué pensar. Debemos equiparles para que puedan tomar las decisiones correctas por sí mismos.

La mejor forma de fomentar el aprendizaje y el descubrimiento de temas interesantes es a través del debate. Cuando los jóvenes hablan sobre un tema que se les ha sugerido, es más que probable que estén pensando seriamente sobre él e intentando entenderlo mejor. Si queremos que los jóvenes puedan responder a la enseñanza del evangelio de una forma coherente, entonces debemos proporcionarles la información necesaria y un fórum adecuado para facilitar un debate lógico y directo. El diálogo ayuda a que la verdad salga a la superficie y hace posible que los jóvenes la descubran por sí mismos.

Necesitamos orar para que sus corazones y sus mentes se abran a los consejos y guía del Espíritu Santo (Juan 16:13). Debemos asimismo orar para que surjan oportunidades para mostrarles que la Biblia puede ser su guía y que lo que Dios dice tiene una aplicación para ellos y para sus vidas.

PLANTEAMIENTO DE PREGUNTAS

Nuestro objetivo principal como líderes es encender fuegos en lugar de llenar cántaros. La mejor forma de facilitar esto es plantear preguntas. Las preguntas ayudan a despertar la imaginación. Las preguntas sirven para ampliar el horizonte. Las preguntas sirven para provocar. Las preguntas crean una reacción.

PREPARA Y PREGUNTA

  • Preguntas cortas y sencillas. Las mejores son: “¿Qué piensas sobre…?” “¿Qué te parece…?”
  • Preguntas abiertas como: ¿Por qué? ¿Qué? ¿Cómo? (que no pueden responderse con un simple “sí” o “no”).
  • Preguntas que respeten el valor y las opiniones de la persona como individuo.
  • Preguntas que tienen relación con la autoridad de las Escrituras.

1. Preguntas abiertas.

  • Permiten que se plantee una amplia gama de respuestas; no existe necesariamente una sola respuesta correcta.
  • Permiten que todos participen, no sólo los teólogos del grupo.
  • Ayudan a los más tímidos a expresar su opinión, sin miedo a equivocarse.
  • Establecen un modelo que demuestra que todas las opiniones son válidas y bienvenidas.

2. Otras preguntas útiles.

  • ¿De qué otra forma podemos pensar en esto?
  • ¿Por qué piensas que la Biblia dice esto?
  • ¿Qué crees que significa esto?
  • ¿Qué otras ideas tiene la gente sobre esto?
  • ¿Cómo se aplicaría esto a tu propia vida?

NO Hagas una pregunta y la contestes tú mismo. Esto devalúa la pregunta que acabas de hacer.

NO Interpretes la respuesta de un joven con tus propias palabras, ya que esto la invalida.

NO Tengas miedo de extraer una respuesta con diplomacia y delicadeza. Ejemplo: ¿Puedes explicar lo que quieres decir con eso? o ¿Puedes poner un ejemplo?

NO Tengas miedo de los silencios. Da tiempo para que el grupo piense las preguntas y los temas que se están tratando. Esto demuestra que tú valoras las respuestas que se han pensado y considerado con detenimiento.

SÍ Piensa en el grupo cuando prepares las preguntas y hazlas lo más relevantes posibles para sus vidas.

SÍ Reafirma todas las respuestas por igual si es posible. “Sí” o “gracias.” Esto demuestra que esperas respuestas de los demás también.

SÍ Usa preguntas que resuman y tengan relevancia con lo que se ha estudiado.

LA FUNCIÓN DEL FACILITADOR EN LOS GRUPOS PEQUEÑOS.

Debe convertirse en el “moderador.” Un moderador es simplemente otro componente del grupo que contribuye a que se desarrolle el debate. No debemos juzgar a los jóvenes ni a sus respuestas, lo único que pretendemos es guiar y dirigir el grupo y no dictar términos o adoctrinar a los jóvenes.

Busca opiniones y no respuestas. Pregunta qué piensan o qué les parece esto o lo otro y cómo se sienten al respecto. Esto hace que su pregunta sea una cuestión de opinión en vez de una cuestión de saber o no cuál es la respuesta correcta.

Fomenta un ambiente de debate y diálogo abierto. Los jóvenes sentirán que éste es su grupo y así será más probable que se apropien de lo que descubran y aprendan.

Recuerda que en última instancia no queremos producir meros creyentes sumisos o pasivos. Queremos avivar y nutrir a discípulos activos que salgan por su propia iniciativa a contagiar a otros con su fe.

Un moderador debe:

  • Reafirmar y legitimar opiniones.
  • Escuchar de forma activa a todas las personas.
  • No forzar a nadie a que hable.
  • No ponerse de parte de nadie durante el debate o diálogo.
  • Ser creativo y flexible . . . saber cuáles son los objetivos para cada sesión.
  • Resumir brevemente los puntos claves que se han tratado.

Si el grupo tiende a dirigir todas sus preguntas hacia ti, agradece la pregunta a quien la haya hecho, y con delicadeza y diplomacia pasa la pregunta al grupo. Por ejemplo: “Esa es una buena pregunta, gracias, me pregunto, ¿qué piensan los demás sobre esto?” o “¿Cuál podría ser la respuesta?”

REGLAS BÁSICAS PARA FOMENTAR UN DEBATE EFECTIVO

No burlarse de nadie y mostrar respeto mutuo. Se permite que el grupo ataque ideas, pero no a otros integrantes del mismo.

No hay tal cosa como una pregunta estúpida. Es absolutamente vital que los jóvenes se sientan libres de hacer preguntas en cualquier momento. Si hacen preguntas demuestran que quieren aprender.

Nadie está obligado a hablar y sólo uno puede hablar al mismo tiempo. Esta es una buena forma de enseñar a los jóvenes a practicar el respeto mutuo. Si la opinión de una persona es válida, merece ser escuchada.

Extracto del Manual Curso Alpha Para Jóvenes

Por Tim Stilwell

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