¿Has meditado en el Salmo 119 recientemente? Si tu respuesta es no, quizá desees revisar ese capítulo increíble. El Salmo 119 no solo constituye el capítulo más largo de la Biblia, sino que cada verso habla acerca de las palabras, mandamientos, y estatutos de Dios. Para hacerlo más interesante, el autor escribió este salmo como un acróstico con cada una de sus 22 secciones correspondiendo a una letra del alfabeto hebreo. Y por si eso no bastara, en el hebreo original cada verso comienza con la letra hebrea correspondiente a esa sección. (Obviamente esto se ha perdido en la traducción al español). ¡El autor de este salmo fue una persona detallista!

Resulta evidente también el hecho de que el escritor del Salmo 119 amaba la Palabra de Dios y se tomaba en serio el ayudar a otros a asimilarla en sus vidas. El formato de acróstico era indudablemente una herramienta para promover la memorización. El escritor se mostraba apasionado por los decretos de Dios y tenía conocimiento pleno de lo que podían hacer y de lo que requerían: obediencia. Aun así, cada 12 versos, el escritor hace una petición sincera a Dios, algo al estilo de: «¡Dios, dame entendimiento!» o «Señor, ¡enséñame tus decretos!». Incluso este astuto escritor de la Biblia, inspirado por el Espíritu a escribir el capítulo definitivo de la Palabra de Dios, le pidió a Dios ayuda para entender las Escrituras.

INTERPRETACIÓN

Una vez que hayas pasado un tiempo observando cuidadosamente las Escrituras entenderás mucho mejor lo que Dios está diciendo en el pasaje que brevemente has leído. Pero en la mayoría de los casos las preguntas acerca del significado continuarán. Por ejemplo, luego de que hayas descubierto y observado los factores básicos en la famosa enseñanza de Jesús sobre su segunda venida (Mateo 24), quizá te preguntes: ¿La higuera que se menciona en el versículo 32, es literalmente una higuera o un símbolo de algo más? En el idioma original de los tiempos de Jesús, ¿cuánto duraba una generación? ¿Habrá otros pasajes en la Biblia que hablen acerca de estos extraños eventos futuros y nos muestren un poco más de lo que se espera? No podemos responder preguntas como esas inmediatamente después de observar el texto; ellas nos conducirán al segundo paso del estudio inductivo: la interpretación.

No dejes que la palabra interpretación te asuste o te haga pensar: Este paso es para personas con más experiencia que la mía. Eso podría resultar abrumador. El término académico oficial para esta parte del estudio de la Biblia es hermenéutica. En esencia, esta parte del estudio de la Biblia hace una petición simple: «Dios, ¡enséñame!». O tal vez con más exactitud, «¡ayúdame!», y todos sabemos cómo pedir ayuda.

Por madurez (entiéndase vejez) me he dado cuenta de que resulta imposible no interpretar. Por lo tanto, mientras estemos atados a interpretar de algún modo las Escrituras, deberíamos cerciorarnos de hacerlo de una manera que honre a Dios, lo que quiere decir, tan exactamente como sea posible.

Cuando se trabaja con jóvenes, resulta muy fácil mostrarnos un poco listos en cuanto a este punto del estudio de la Biblia. Es divertido plantearnos nuevas ideas y «ocultar» significados espirituales detrás de estos eventos y enseñanzas de las Escrituras. También tiene que ver con alimentar el propio ego. Pero si NO conducimos a nuestros jóvenes hacia la verdadera idea y significado del pasaje, estaremos observando la Biblia, y al Dios de la Biblia, según nuestra propia imagen. Y ese sí constituye un problema serio con Dios.

REHIDRATAR LA PALABRA

Eugene Peterson usa esta analogía para ilustrar lo que la interpretación hace en el estudio de la Biblia. Cuando miramos las letras impresas en las delgadas páginas de nuestras Biblias, vemos un contenido deshidratado, palabras despojadas de olores, sonidos y reacciones faciales presentes en el escrito original. Si somos diligentes en nuestra observación e interpretación, rehidratamos las palabras, trayendo de vuelta el contenido a su completo y valioso significado.

1. Cuándo Hacer la Petición. La parte de Dios, muéstrame (observación) del estudio de la Biblia nos ayuda a ver lo que Dios dice en el pasaje, poniendo atención principalmente en los hechos. La parte de Dios, enséñame (interpretación) nos ayuda a entender lo que estos hechos significan. La meta de Dios, enséñame es ayudarnos a escuchar lo que Dios dice y no lo que nosotros queremos que diga. Entonces, ¿al momento de escudriñar la Palabra, le decimos a Dios, enséñame?

2. Cuando No Entendemos. Cuando das pasos intencionales para ir más lento y ser más diligente con las Escrituras, es inevitable que te topes con aspectos que no entiendes… ¿Qué haces cuando te topas con algo que no entiendes? Si eres como la mayoría de nosotros, sigues adelante y pasas al siguiente versículo antes de que tu cerebro tenga la oportunidad de registrar aquello que debería haber provocado una pregunta. Una oportunidad perdida… Cuando notamos algo que genera una pregunta, especialmente una que nos hace sentir incómodos, nuestra primera reacción, por lo general, es obviarla. Necesitamos reprogramar nuestro pensamiento de tal manera que consideremos nuestras preguntas como una vívida X en un mapa del tesoro, indicándonos dónde comenzar a cavar.

Analizar el pasaje a fondo, marcándolo con símbolos y llenando los márgenes de información, no necesariamente significa que lo hayas descubierto todo. Otros versículos pueden arrojar luz sobre el pasaje. El significado de las palabras puede cambiar, dando un giro diferente. Al preparar un estudio bíblico para los jóvenes, una de las mejores maneras de saber si entendiste lo que Dios está diciendo en cierto versículo, es preguntar: «¿Sobre qué aspectos tendrán preguntas mis jóvenes?». Solo esa pregunta puede provocar la petición: Dios, enséñame.

3. Cuando Queremos Aplicar las Escrituras con Exactitud. Como la aplicación (entiéndase cambio de vida) es la meta primordial en el estudio de la Biblia, esa probablemente sea la razón más importante para pedirle a Dios que nos enseñe sobre el pasaje. Resulta casi imposible acercarse a las Escrituras sin utilizar diversos filtros personales, como la época en la que vivimos, nuestros antecedentes religiosos, nuestra educación, y nuestra propia historia espiritual. El paso Dios, enséñame, nos obliga a considerar dinámicas históricas y culturales para asegurarnos de estar aplicando el pasaje con exactitud en nuestro tiempo, período, y cultura.

Extracto del libro Cómo Enseñar la Biblia Con Creatividad

Por Barry Shafer

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