PERMITE LA EXPRESIÓN DE LOS SENTIMIENTOS

Los adolescentes más jóvenes, especialmente los varones, tienen dificultad para articular sus sentimientos. No es inusual escuchar una amplia gama de emociones, incluso conflictivas —especialmente en los asuntos de la familia y la sexualidad—, abarcando amor intenso y odio para la misma persona. Estas emociones están nítidamente en conflicto (¿estoy loco?, ¿cómo puedo sentir estas cosas acerca de él?), y son tan claramente reales. Deben ser enfrentadas, expresadas, y desempacadas para que la sanidad suceda.

Un consejero de crisis puede complicar el proceso al estar de acuerdo demasiado pronto o evaluando prematuramente la expresión emocional. Imagina ser el consejero que escucha a Sarah hablar acerca de ser una víctima de su padrastro. Después de revelar algunos de los detalles de los abusos, ella exclama en lágrimas: «Lo odio tanto. ¡Ojalá pudiera matarlo!». En un intento de ser empático y sensible a su profundo dolor, un consejero inocente podría responder: «Me gustaría ayudarte». Esa respuesta podría ser una reacción honesta. Desafortunadamente, podría sofocar la expresión de otras emociones como: «Pero lo amo demasiado para lastimarlo, y tengo miedo de que se meta en problemas».

Las emociones en conflicto son difíciles de sentir, y aun más de admitir y expresar, y no pueden ser exploradas hasta que son identificadas. Parte de nuestro trabajo como consejeros es invitar a la expresión sincera de las emociones complicadas, luego quitarnos del camino mientras las complicaciones emergen, sin que nuestra evaluación les ponga una marca. (Recuerda: el escuchar profundamente toma tiempo). El desahogo emocional y espiritual, que puede acompañar a una honesta verbalización de un conflicto sentido tan profundamente, puede ser terapéutico en sí y por sí mismo.

Preguntas abiertas que guían pueden facilitar un proceso más profundo. Para ayudar a la persona a ir más adentro, di cosas como:

  • ¿Y qué sentiste en ese momento?
  • Habla acerca de tus otros sentimientos.
  • ¿Qué pensaste que él o ella estaba tratando de hacer?
  • ¿Sentiste ganas de hacer algo por eso?
  • ¿Qué más quisieras que supiera?

Por supuesto, encontrar las palabras para expresar sentimientos no es fácil para las personas que no tienen un mapa emocional confiable. Puedes utilizar el mapa emocional del capítulo cuarenta para ayudar a las personas a ubicarse en un territorio no conocido. Utilízalo como usarías un mapa de la ciudad para localizar a alguien: ¿estás cerca de esta esquina o por aquella calle? Solamente aquí estás haciendo una experiencia de mapeo emocional: ¿te sentiste más decepcionado o desanimado? ¿Más cerca al temor o al pánico? Entre más clara es la descripción emocional, más cerca estarás de encontrar correctamente el paso siguiente.

EVALÚA EL NIVEL INMEDIATO DE RIESGO

Crear un lugar seguro incluye:

  • No llevar las cosas fuera de proporción al evaluar demasiado alto el factor de riesgo dadas las circunstancias.
  • Demostrar que tomas en serio al individuo al evaluar el nivel de riesgo.

Acabas de pasar media hora escuchando la confesión de Jeff. Lo atraparon haciendo trampa en un examen parcial en el último año de sus estudios de secundaria. Ya fue aceptado en una universidad prestigiosa, pero el perder este curso significaría no caminar con su clase en la graduación. Una vez que las noticias de su trampa se divulguen, también enfrentará la pérdida de la beca. El desconcierto se convierte en vergüenza, seguido de lágrimas. Jeff murmura que estaría mejor si estuviera muerto; al menos así no deshonraría a su familia. Nunca lo viste tan decepcionado, y tu temor es que pueda estar de hecho pensando en suicidarse. Pasando por alto la incongruencia de su propuesta suicida, dices: «Sabes, Jeff, si estuviera en tu situación y me sintiera tan mal como te sientes ahora, creo que pensaría en al menos quitarme la vida. ¿Es esto algo en lo que estás pensando?».

Al iniciar la pregunta, comunicas dos cosas importantes a Jeff:

  • Reconoces cuán mal se siente.
  • No tienes temor de hablar al respecto con él.

Si él admite que está considerando hacerlo, necesitarás más información para determinar si debes tomar pasos inmediatos para proteger su vida. Aquí hay un simple acróstico para ayudarte a determinar si alguien está en riesgo de suicidarse: DLAP.

D. DETALLES ESPECÍFICOS.

  • ¿Existe un plan para suicidarse?
  • ¿Qué tan bien piensa en su plan?
  • ¿Tiene una hora determinada? ¿Un lugar? ¿Un método?

En una escala de 1 a 10 (donde 1 es: «nunca me quitaría la vida», y 10: «tan pronto como tenga una oportunidad lo haré»), ¿dónde se ubicaría él? Quizás no pienses que una persona que está pensando quitarse la vida te diga la verdad; pero si está comenzado a pensar que no tiene nada que perder, existe una alta probabilidad que te lo diga.

L. LETALIDAD DEL MÉTODO.

  • ¿Indica el método un claro deseo de morir? (Armas y saltar al vacío son frecuentemente más letales que tomar pastillas, por ejemplo).
  • ¿Podría ser este un grito de ayuda?

A. ACCESO AL MÉTODO.

  • Si el método incluye armas, venenos u otras medidas letales, ¿están esos medios ya disponibles o a su alcance?

P. PROXIMIDAD A RECURSOS DE AYUDA.

  • ¿Involucra el plan un lugar donde podría ser difícil tener acceso a él?
  • ¿Indica el plan que podría desear ser interrumpido?
  • ¿Puede nombrar a alguien que quisiera que lo detuviera si tratara de quitarse la vida? Una persona que tiene dificultad de nombrar a otra está en alto riesgo. Si identifica a alguien que cree que intervendría, eso te dice a quién involucrar en vigilar un posible suicidio.

Utiliza el bosquejo DLAP para formar una serie de preguntas que sean tanto directas como relacionalmente cálidas. Sus respuestas te ayudarán a evaluar la aparente seriedad del intento, que a su vez te ayudará a limitar tus opciones y tomar la acción apropiada.

Si las respuestas de Jeff a tus preguntas acerca de los pensamientos e intenciones suicidas te convencen que no es suicida, le comunicas aún que tomas su dolor en serio y que no tienes miedo de entrar al mismo con él y buscar la sanidad. Y aprovecha el momento como una oportunidad para la prevención.

  • Arregla una conversación al día siguiente; nunca es dañino tener una cálida conversación.
  • Considera si necesitas ayudarlo a hablar con sus padres o referirlo a un profesional. Quizás no sea necesario, pero considera los beneficios.

Llegaste hasta aquí, así que solamente dices: «¿Me prometes Jeff que, si las cosas alguna vez se ponen tan mal que quisieras morir, vendrás a verme?». Ahora, él conoce al menos a una persona que no quiere que él muera. A veces eso es todo lo que se necesita.

CUESTIONA QUÉ TAN APROPIADO ES TU INVOLUCRAMIENTO

Ahora mismo puedes estar diciendo: «¿Por qué yo, Dios?». Esto nos recuerda quiénes somos y quiénes no, cuando se trata de ayudar a las personas. Honestamente, a veces nos involucramos porque nadie más está disponible; porque Dios nos coloca en el lugar correcto en el tiempo correcto con la promesa de hacernos las personas correctas para el trabajo, al menos esta vez. Quien haya dicho: «Dios no nos usa porque somos capaces; Dios nos capacita cuando nos usa», tenía el dedo apuntando a la realidad. Ese es un buen recordatorio para aquellos de nosotros que no tenemos una preparación clínica para al menos hacernos sentir preparados para una intervención en crisis. Existen momentos en los que somos invitados a una situación de crisis con personas que nos importan simplemente porque creen que nos importan; eso puede significar más para su supervivencia que la experiencia clínica.

Con eso dicho, parte del proceso de triage involucra determinar quién está mejor calificado para extender cuidado. Solo porque somos invitados a involucrarnos, eso no significa necesariamente que debemos estar allí a largo plazo. Una vez que el equilibrio básico se restablece, los consejeros efectivos siempre preguntan: ¿soy la persona correcta para llevar esta intervención hacia delante? ¿Puedo llevarlos a donde necesitan ir? ¿Tengo las habilidades necesarias para ayudarlos a largo plazo?

Si alguien que tiene mejores habilidades o experiencia está disponible, necesitamos albergar la posibilidad de traerlo a la conversación. Ayudar a las personas a tener lo que necesitan es más importante que ser aquel que porta las buenas nuevas; si dudamos de esto, tenemos otro problema con que lidiar.

Extracto del libro Cómo Ayudar a Jóvenes en Crisis.

Por Jim Hancock y Rich Van Pelt

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